viernes, 26 de junio de 2020

¿Dónde está el dedito?




Por: Carlos Almenara*

La situación nueva, desconocida, que nos plantea la pandemia se sobreimprime a una coyuntura también novedosa de la política argentina.

A la hecatombe macrista, siguió una pandemia de alcances inéditos durante la última centuria.

El régimen que se expresó con el macrismo se reestructuró, con toda la potencia que posee, bajo la batuta sediciosa de Magnetto.

No vacilan en promover contagios. La muerte no los detuvo antes y no los detiene ahora.

El régimen de verdad que imponen desde sus medios es enloquecedor. Alejado de lo real implantan como regla la paradoja, la inversión de significados, la crueldad, la perversión. Pueden producir turbas alienadas manifestando a favor del coronavirus, de Techint, de Vicentín, al tiempo que las fuerzas populares no ocupan la calle por cumplir el aislamiento.

Una buena descripción hace Artemio López



Como dice Artemio, la novedad, el problema, no es que Clarín haga lo que hace, lo loco es que Alberto quiera discutir con eso.

Es que no se puede discutir donde no hay una discusión, y con Clarín no hay una discusión. Aunque Alberto no lo quiera, Clarín está en guerra. No hay discusión, hay guerra.

La insatisfacción visible en algunos militantes oficialistas, la ofensiva del régimen que hasta hace seis meses hundió al país en la peor postración de su historia, no deben ser interpretadas como “errores de comunicación” sino como déficits de diagnóstico y praxis política.

Todo lo que viene de la agenda de Clarín está envenado. Lo que Clarín cuenta que hace el gobierno, está envenado. Cada uno  de sus significados está envenado. No sirve hacer promedio. Si se aceptan las bases epistémicas de su discurso ya se perdió. Y no es posible aceptar algunas y rechazar otras. Por ejemplo, si se asume que las notas de Clarín (en cualquiera de sus versiones) la hacen periodistas, ya perdiste. No son periodistas, son otra cosa. Sólo vale impugnar de modo radical ese discurso.

Todavía el gobierno está encontrando explicaciones a la intervención a Vicentín y los ladrones no ponen un peso de los 18.000 Millones que le deben al Nación. ¿Por qué no recorren los funcionarios del Banco los canales sediciosos pidiendo que pongan plata para tapar el agujero? ¿Por qué no hay reclamos desde las autoridades sanitarias para que los mercenarios de la pantalla terminen con el bio terrorismo?

Hay un avance. Diputados del Frente de Todos denunciaron a Baby Etchecolatz ante... ¡la Defensoría del Público de Servicios de Comunicación Audiovisual!!! Me quiero morir. El criminal llama a la sedición, comete xenofobia que son crímenes de a gotas y los diputados lo denuncian ante ¡la Defensoría del Público!  La desproporción no puede ser mayor.

El problema es político, no comunicacional.

Y el problema político, que ya tendría que tener claro Alberto luego de pasar por la campaña de Massa, es que en Argentina, por razones estructurales NO HAY TERCERA VÍA.

No funciona la apelación consensual. El proyecto de la derecha es criminal. No hago un uso metafórico del lenguaje. Sus cuadros son esclarecidos al respecto. Y estamos donde estamos porque lo combatimos y porque el plan asesino no funcionó en sus propios términos.

Macri, que vino a destruir, con total conciencia de su proyecto colonial y terrorista de estado, no pudo (como no pudo desde hace al menos 100 años nuestra oligarquía), o no quiso, construir un proyecto sustentable en el tiempo. Fue de brutal saqueo. Pero si no lo hubiéramos combatido, hoy gobernarían ellos y estarían matando de a miles.

Yo sé que no siempre gana el que pega primero
Pero no sirve dejarse pegar.



Hay una deuda, un botón de muestra en que entra todo el universo de calamidades que prometen los vendepatria y que depende de nosotros enfrentar. No diré que se aplique la ley que con los energúmenos anticuarentena. Pregunto por qué no se detuvo a quienes agredieron a los interventores de Vicentín. Pregunto por las amenazas a Karen Roberts, dueña del Grand Hotel Reconquista. Ver aquí https://www.pagina12.com.ar/272205-vicentin-amenazan-a-la-duena-del-hotel-donde-se-alojaron-los

Alberto Fernández y Omar Perotti nos deben explicaciones sobre qué hicieron para sancionar a los autores de esos delitos. Es un problema de dignidad, de cómo nos paramos en el ring. No hay concesión posible al respecto.

No exigírselas es rendirnos antes de pelear.

Dije botón de muestra y no incluiré en él las investigaciones administrativas pendientes por las pericias truchas de Gendarmería, la muerte de Santiago Maldonado, el rol de Prefectura en el asesinato a Rafael Nahuel y tantos otros casos.

En el estado de cosas actual en América Latina las fuerzas populares deben ser implacables en la aplicación del poder legítimo. No pueden permitir la sedición de una derecha que busca el derrocamiento y el exterminio.

Es hora de usar el dedito, Alberto. Hay todo un pueblo que te acompañará.

sábado, 20 de junio de 2020

Leer el cruce




Por: Carlos Almenara*

El día miércoles 17/6 Telefe entrevistó al presidente. El reportaje ha sido muy difundido. En particular se llevó las miradas un cruce de Alberto con Cristina Pérez.



Se aprecian varias cosas. En primer lugar la hostilidad, agresión, falta de respeto y violación de cualquier deontología periodística por parte de la entrevistadora.

No siempre fue así. Veamos otros tiempos.



Tiene todo derecho Cristina de ser amiga de Macri, si quiere puede llevarle cigarrillos cuando esté en la cárcel, no es ese el asunto. Puede también ser una periodista militante, como lo es.

Podríamos detenernos en si es legal, legítimo y razonable que haga ese juego, en un canal de televisión oligopólico, pero tampoco vamos allí.

Previo a todo necesitamos entender cuál es el juego.

En redes sociales hubo alegría kirchnerista porque Alberto “sacó de paseo” a Cristina Pérez.



Evidentemente si nos atenemos al nivel racional, al lenguaje, a lo que se dijo, la diferencia es apabullante. Si fuera una disputa de argumentos, de dar razón suficiente de algún hecho, la “victoria” de Alberto sería absoluta. ¿Pero se trata de eso?

Me gustaría, por partida doble, compartir la alegría. Me gustaría como kirchnerista y me gustaría como defensor de la razón, imprescindible para construir una sociedad mínimamente vivible. Lamentablemente soy portador de malas noticias.

No es la razón el terreno en que la derecha plantea su disputa en estos tiempos.

A nivel del texto, de la palabra emitida, la distancia es apabullante. Es un docto frente a un terraplanista. No hay equivalencia. Alcanza ver los energúmenos que balbucean sandeces en cada cacerolazo contra el gobierno para comprender que no hay lógica argumental posible que vertebre sus discursos.

Pero no es allí donde el macrismo combate. Es a nivel del gesto y la emoción.

Si miramos de nuevo el fragmento en esa clave, la cosa cambia.

¿Qué vemos?

Vemos a la chica del noticiero enojada con el presidente. Haciéndole reproches.

Vemos al presidente que le contesta con suficiencia. Casi con soberbia.

Vemos a la chica del noticiero a la que el “sabelotodo” deja callada.

¿Es este un efecto espontáneo?

Claro que no. Es el juego que mejor juegan y que más les gusta.

Por eso los medios hegemónicos y Cristina Pérez festejaron su gol.



Lo que produce cierto desasosiego es la asimetría en la formación conceptual para entender estos temas. Los soldados del terrorismo oligárquico aventajan largamente a los cuadros del campo popular que se regocijan en “tener razón”. Y esto es algo que hasta Cristina Pérez puede entender.

Imagen: Exitoína – Perfil.

*docente y periodista. Autor de “El faneróscopo de Eliseo. La máquina semiótica del grupo Clarín”.

sábado, 13 de junio de 2020

Seamos Venezuela


Por Carlos Almenara

Con su infrecuente sensibilidad, Dady Brieva se instaló en la agenda mediática a fines de mayo con su “seamos Venezuela”.

Interesa analizar este caso porque proporciona un ejemplo típico de cómo los medios hegemónicos cometen fraude comunicacional, estafan.

Veamos qué decía Dady:



Este es el literal de la columna:

“Cuando volvimos creí que no iban a estar más los que estaban, creí que se iba a investigar, creí que... no sé, me dio ilusión eso. Yo sé que no es fácil, pero tampoco me quiero quedar con que no es fácil. Porque tengo la sensación que si no investigamos, no juzgamos, no encarcelamos, no intervenimos a evasores, medios, jugadores, comunicadores, justicia, entidades financieras... fuimos. Y me parece que hoy se armó una movida interesante en las redes: “#EsAhoraAlberto”. Y yo te digo, Alberto, que seguramente no me estás escuchando porque escuchás otra radio,

-Vos fuiste elegido, amigo, vos fuiste elegido y vos sos el responsable. Sé que estás haciendo muchas cosas y que todos los dirigentes están haciendo muchas cosas, pero no se puede más. Stornelli sigue trabajando, los tipos se van, ¿hay posibilidades de investigarlo, no hay posibilidades de investigarlo? Los periodistas siguen hablando como si nada ocurriera, tiran piedras, tiran piedras, tiran piedras.

La verdad que me siento un estúpido diciéndoles todos los días. ¿Y saben lo que me pasa? No se los quiero decir así, porque digo –la puta, al final estamos envenenando al oyente, porque vos se lo decís a la mañana, se lo decís a la tarde, se lo decís a la noche... y yo soy un Midachi, yo los quiero hacer cagar de risa, entretener, boludear, hablar del peronismo de antes, con una sonrisa, emocionado.

Pero llegó un momento donde hagamos lo que hagamos siempre vamos a ser Venezuela, los cubanos, el comunismo, el populismo, y todos esos neologismos que inventaron ellos y con los que nos definen, que para mí no son nada. Y, la verdad, que si ya vamos a terminar así, si tarde o temprano vamos a ser Venezuela, seamos Venezuela ahora, loco. Seamos Venezuela ahora, punto, ya está.

Tarde o temprano viene la palabra mágica: ¿qué hacemos con esto? Y sí, va llegando la palabra mágica. Ellos siguen tirando piedras, salen a las calles y no interviene la autoridad y se van y vienen y los fiscales siguen como si nada hubiese pasado y los periodistas siguen como si nada hubiese pasado. La verdad, necesitamos urgente regular qué es lo que se dice como pasó en Estados Unidos con las Torres Gemelas. No se podía pasar ningún cuerpo, no se podía mostrar imágenes. Tenemos que regular esto.

Sí o sí vamos a ser Venezuela, sí o sí vamos a ser populismo, así que empecemos ahora muchachos y terminemos con esta agónica espera.

Veámoslo

No hace falta demasiado. Se entiende qué dijo Dady.
Que los medios hegemónicos dirán que el gobierno de Alberto es Venezuela haga lo haga. Sea moderado o radical. Que tergiversarán lo que él mismo dice.
Y así fue.

¿Qué dijo Clarín? (y su banda)


Clarín lo tradujo como el pedido de Dady de que seamos Venezuela.

¿No sabe Clarín lo que dijo Brieva?

Por supuesto que sí. Entienden el idioma español, cuando quieren diferencian qué es metafórico y qué es literal pero tienen mala fe.

Y con mala fe es imposible la comunicación.

La palabra “comunicación” proviene del latín “communis”, lo que tenemos en común. Supone que compartimos el idioma, los significados, los sentidos de las frases. Aunque tengamos ideologías radicalmente diferentes, podemos polemizar, debatir. Occidente estructuró su conocimiento a partir de la mayéutica socrática. Desde la Grecia clásica, el diálogo, el debate supuso esa mínima buena fe. Mi palabra la entenderás en el sentido que tiene, no la pervertirás.

Nada de eso es posible con Clarín y su prole. Porque con Clarín no hay un discusión, con Clarín, la gente de bien de Argentina tiene una guerra.

Como Dady es cuidadoso, no quiso continuar una discusión que nunca podía ser tal y lo resolvió con humor.




sábado, 4 de abril de 2020

Las mascarillas del sistema



Por Carlos Almenara*

El presente, dramático, doloroso por las consecuencias sanitarias de la pandemia, es, desde el punto de vista analítico, apasionante para desentrañar algunos dilemas conceptuales que están siendo puestos a prueba.

Son muchos, uno de ellos, el método de asignación de recursos capitalista, de libre empresa.

Si se abre en sus primeras páginas un manual de economía, de los canónicos, es posible que se encuentre para “economía”, una definición tal como: “la Economía estudia cómo las sociedades administran los recursos escasos para producir bienes y servicios, distribuirlos entre los distintos individuos[i].

La ortodoxia económica tiene una respuesta estándar para ese “cómo las sociedades administran” desde finales del S XIX y principios del S XX: la maximización de la utilidad de los agentes llevará al uso óptimo de los recursos escasos. Es una versión aderezada con dibujos de símbolos matemáticos de lo que Adam Smith llamó la “mano invisible”.

Veamos qué nos dice la pandemia.

En los países capitalistas del primer mundo no hay mascarillas ni respiradores. En el nuestro no hay alcohol en gel, y estamos lejos de ser de lo peor de la región.

No hace falta explayarnos, los relatos que llegan de Italia y España son aterradores, inconcebibles para países que estimábamos con instituciones capaces de responder a desafíos. Cientos de muertos por falta de respiradores.

Estados Unidos, otro tanto. Las declaraciones de Andrew Cuomo, gobernador de Nueva York, relatando el modo en que debe competir como en una subasta con otros gobernadores por comprar respiradores[ii], deberían quedar registradas en todas las academias de Ciencias Sociales. Cuomo le dice a Trump, “compre ud. toda la producción y luego distribúyala, no deje que los gobernadores pujen por ella, confísquela si es necesario”.

Las economías capitalistas más sofisticadas no pueden abastecer mascarillas y respiradores.

Pueden fabricar automóviles sofisticados pero no mascarillas.

Toda la economía ortodoxa se enfrenta a una desmentida desde sus pilares. El mecanismo de asignación de recursos que pregona la ideología de la libre empresa fracasó de modo categórico y tenebroso.

En Oriente, a la inversa, no faltaron mascarillas ni respiradores, al menos en magnitudes comparables. No es solo el caso de China y su conocido hospital construido en 10 días sino también de países vecinos, como Corea del Sur o Japón.

Claro que allí, la asignación de recursos críticos no quedó en manos de empresas. Fue el Estado quien realizó una planificación exhaustiva.

Algunas de las noticias de estos días incluyen que Israel puso al Mossad, su conocidísima agencia de inteligencia, famosa por sus acciones clandestinas, a conseguir mascarillas y respiradores. Que un gobernador francés se quejó amargamente ante cronistas de prensa diciendo que cuando estaban subiendo al barco el contenedor de barbijos, que ya habían pagado y le remitían desde China, llegó un negociador estadounidense que compró en el puerto el contenedor completo y desvió su destino.

En los hechos, cuando las papas queman, el poder soberano de los Estados ha podido más que la idea boba de globalización sin barreras.

Seguramente esta será una de las claves principales del mundo post pandemia. Y ojalá sirva para descartar los postulados de la economía ortodoxa, en palabras del recientemente fallecido Mario Bunge, la más peligrosa de la pseudociencias, la responsable de muerte y padecimientos de cientos de millones de seres humanos.



[i] Mochón, F. y Beker, V; Economía. Principios y aplicaciones. 4ta ed. Mc Graw-Hill, México, 2008.
*periodista y docente. Autor de “El Faneróscopo de Eliseo. La máquina semiótica del grupo Clarín”.

martes, 24 de marzo de 2020

Memoria en el presente*




Por: Carlos Almenara

Otro 24 de marzo. Recordamos la tragedia vivida por el país con su saldo de 30.000 detenidos desaparecidos, robo de bebés, secuestros, torturas, censura, robo de bienes, saqueo del país, implantación de un plan económico que enriqueció a una minoría y empobreció a las mayorías. Recordamos que con la dictadura la riqueza cambió de manos, que la mayoría de los jueces de entonces fueron cómplices y los medios hegemónicos copartícipes. Que el horror se planificó y ejecutó desde el Estado.

En fin, una descripción que se repite cada año para esta fecha. ¿Qué tiene de particular el 2020?

Éste es el primer año después de Macri. ¿Qué tendría eso de particular?

Ese es el análisis que considero prioritario. No es unívoco.

Buena parte del discurso público se orienta a incluir al de Macri entre los gobiernos de la etapa democrática. Con evaluaciones positivas o negativas. Los unos se identificarán sin más, si uno rasca un poquito ratifica la tesis de esta nota, pero en general no se rasca. Los otros dirán que fue un gobierno liberal o neoliberal, más o menos desastroso, pero siempre en los cánones de la era inaugurada en 1983.

Yo soy muy de otra opinión.

Creo que el de Macri fue un gobierno terrorista de estado que clausuró el ciclo democrático posdictadura y nos metió en otra etapa. Aún no tenemos claro cómo definirla, pero es otra cosa.

Macri trajo a estos tiempos lo mismo que la dictadura.

No hace falta decir lo obvio. No desconozco que Macri no dejó 30.000 detenidos desaparecidos. Como no desconozco que el plan económico fue casi el mismo, que el saqueo fue muy parecido, que fueron tan ladrones unos como otros, que tuvieron a los mismos medios participando.

Hay diferencias. La dictadura debía realizar sus torturas y secuestros de modo clandestino. Macri los hizo con gran despliegue propagandístico televisivo. Básicamente el mismo objetivo. La dictadura mandaba un grupo de tareas a secuestrar un opositor. Macri ponía un “periodista” a calumniar a alguien, usaba un juez y policía para detenerlo y los medios hacían propaganda de que el gobierno combatía la corrupción. En ambos casos un opositor secuestrado, con ventaja para Macri.

Creo que no hace falta volver a argumentar que no existió ninguna de las garantías que prevé la Constitución para los enemigos políticos de Macri. Creo que es evidente que en ese plan sistemático participaron Clarín, La Nación y otros medios.

La causa por secuestros y extorsiones de la banda liderada por Marcelo D’Alessio y Daniel Santoro muestra claramente cómo actuó el terrorismo estatal en la época de Macri. Pero hay decenas de grupos de tareas similares.

El espionaje a Cristina muestra incontrastable que fue un plan sistemático del que participó la ex SIDE, jueces pero también periodistas como Luis Majul y medios como América y Clarín.

Lo que en la dictadura fue la “Oficina de lectura previa”, que duró de marzo a abril de 1976 porque Videla se dio cuenta que teniendo a La Nación, Clarín y otros semejantes era innecesaria una oficina de censura, con Macri fue un “ahora empieza la guerra” de su operador “Pepín” Rodríguez Simón a los dueños de C5N o Macri diciendo en un reportaje que los jueces no hicieron lo que “habíamos acordado”.

Esto es lo que tenemos que aclarar: Macri no fue un presidente democrático, Macri fue la actualización de la dictadura.

Tampoco hace falta una disquisición sociológica profunda. Quien quiera ver lo que escriben en redes sociales, concluirá rápidamente que los seguidores de Macri apoyan la dictadura. Aún hoy. No lo esconden. Para ellos es fácil ver que Macri es la dictadura.

Terminemos con las simulaciones. Macri y su gobierno fueron ajenos a la democracia.

La democracia posdictadura pudo salir sin pactar con los golpistas. Básicamente por la derrota en Malvinas. Eso hizo posible juzgarlos y edificar la política de Derechos Humanos que nos enorgullece cada 24 de marzo.

La salida del terrorismo de estado macrista parece más difícil. Conservan mucho poder. Y, aunque tuvieron su derrota, el default de la deuda, sus consecuencias no llegaron a sentirse cabalmente con ellos en el gobierno.

Esta vez parece que será más arduo llegar a juzgar a los que mataron, torturaron, censuraron, calumniaron, encarcelaron, robaron.

Que sea más difícil no cambia los hechos. Memoria, Verdad, Justicia.

Mendoza, 24/03/2020


*Imagen manipulada.


viernes, 13 de marzo de 2020

¿Puedes vivir con eso?



Por: Carlos Almenara*

Tú sabes qué pasó. La pregunta es, ¿puedes vivir con eso?
Mike Ehrmantraut (Jonathan Banks) en Better call Saul

¿Qué nos pasó?

La especificidad de los cuatro años macristas, para llamarlos de algún modo, está en discusión. ¿Qué pasó?

Una parte de lo que pasó queda reflejada en números incontrastables, más allá de las chicanas acerca del INDEC (que, hay que recordar, Macri realizó la proeza de cerrarlo por 6 meses, caso único en su historia), el registro queda documentado de modo irrebatible.

Macri nos deja una economía más de 4% más chica, si tomamos el PBI per cápita la caída porcentual se duplica, si consideramos los ingresos de los argentinos medidos en dólares la caída es atroz, lo mismo si se compara 2015 con 2019 en cuanto a los ingresos, salarios medios y mínimos con los países de la región. Todo esto a la vez que Argentina tomaba deuda externa a un ritmo inédito, más de U$S 104.000 Millones de deuda nueva de Macri.

Eso se conoce, o se podría conocer por parte de quien quisiera, de modo más o menos irrefutable.

Que no hicieron un solo hospital, que eliminaron vacunas del calendario, que dejaron vencer lotes de vacunas habiendo gente sin vacunar, que trajeron enfermedades decimonónicas como sífilis, sarampión o tuberculosis.

Que eliminaron la paritaria nacional docente y redujeron el presupuesto educativo. No construyeron una sola escuela. Dijeron que eliminaban el Fútbol para Todos (burlando una promesa de campaña) para construir salas de Jardín pero... pasaron cosas.

En cada área de gobierno puede encontrarse datos que compiten con los precedentes y su compilación no es el objeto de estas líneas.

Entonces, ¿podemos decir que el de Macri fue un mal gobierno?

No cabe duda alguna. No alcanza con esa caracterización. Seguramente ha sido el peor gobierno de la historia argentina.

Y sin embargo no quedamos satisfechos con esa definición. Falta algo.

Podemos decir que fue un gobierno que mintió. Que mintió mucho. Recién mencioné el Futbol para Todos, podría nombrar miles de puntos en que se verifican sus mentiras. Pero no alcanza con decir que son mentirosos porque no es exactamente la enunciación de una falsedad lo que caracterizó al macrismo. Es la estafa.

Cada cosa que dijeron fue una estafa. Algunas veces no podía reputarse con una mentira literal, pero siempre fue un engaño. No dijeron una palabra que no fuera un engaño.

Eso acerca más a una caracterización satisfactoria. Cada enunciación es una puesta en acto de un timo, la manipulación de un estafador con un plan inconfesable que solo puede trabajar sobre la confusión, sobre el fracaso de la comunicación, sobre el malentendido, porque de otro modo el rostro siniestro de quien quiere nuestra muerte como personas y como país se hace intolerable.

Dijo “querido rey” por cortesía. Se equivocó al persignarse, no es un ritual mafioso. Quedó como un rastrero con Theresa May porque hay que relacionarse con el mundo, para nada regalarle la soberanía de las Islas. Habla de “trabajo de calidad” porque quiere a los argentinos en blanco no porque se convierta en fiscal de la maximización de la plusvalía a costo de nuestra esclavitud a un patrón obsceno. Prometió pobreza cero porque intenta superarla, no porque quiera matar a los pobres o esconderlos. Miles. Cada vez. La voz del estafador. Intolerable.

Eso nos pone más cerca de una caracterización de lo específico del macrismo.

Pero no alcanza.

Hay algo más, algo se nos escapa para dar en la tecla.

Se trata del goce nazi

Él lo dijo. Aunque no hayan sido ésas exactamente sus palabras, todos lo entendimos. Bueno, no todos. Algunos no lo entendieron o jugaron a que no lo entendían, mayormente cobrando dietas de legislador y hablando de alternancia democrática. Pero él lo dijo: “vamos a matarlos”. Su 41% lo creyó hasta el último día. Será la solución final: muerte simbólica o física o carcel o tortura o humilllación. No joden más. Hoy sus criminales con pantalla como Baby Etchecopar lo dicen sin pelos en la lengua.

Aquí aparece claramente la incorrección del grito popular “Macri basura vos sos la dictadura”. No, Macri no es la dictadura, es mucho peor. Más profesional. Con un plan plausible de exterminio simbólico definitivo.

La dictadura no se animó a muchas de las cosas que hizo Macri. La dictadura necesitaba la clandestinidad, debían ocultarse los “grupos de tareas”, si algo se filtraba serían grupos civiles, de máxima, “excesos”. Macri no oculta nada, al contrario, “vamos a matarlos, elíjanme a mí para hacerlo”. Difundan, difundan. No habrá derechos. Irán en cana. Y si los jueces no hacen lo que hemos decidido pondremos otros jueces.

Lo que Cristina llama lawfare yo lo remito al clásico y conocido terrorismo de estado. Una categorización que entiendo mucho más ajustada. Un tipo que abre posibilidades de justicia hoy remisas. El hecho que no tengamos 30.000 detenidos desaparecidos en estos cuatro años de lo que nos habla es de que utilizaron nuevos métodos y hasta dónde fueron menester.

¿Puedes vivir con eso?

El daño está hecho, mas, ¿qué suerte de oración me serviría? ¿”Perdona mi inmundo asesinato”? Imposible, pues gozo aún de los frutos por los que cometí el asesinato: la corona, la reina, mi ambición. ¿Nos pueden perdonar sin quitarnos el provecho?
Shakespeare, William; Hamlet, alocución del Rey Claudio.

La especificidad propia del macrismo fue la construcción de un proyecto de exterminio que hay que reconstruir como rastro histórico, pero que se presenta a sí mismo como uno de los ciclos de la democracia.

Que esta visión sea minoritaria, que haya que gritarla para sacudir de la modorra a propios y extraños muestra que ellos siguen triunfando.

El ejemplo es claro. Lo dan las Madres de las víctimas del terrorismo de estado de la dictadura. Los desafíos son análogos a los que enfrentaron ellas. Desde ya, ellas sufrieron una violencia física incomparablemente mayor, estaba relativamente clara la inenarrable brutalidad de los responsables. Pero hemos aprendido que no solo son los hechos. Si así fuera, no habría Macri. Son las interpretaciones, y las Madres, con los Organismos de Derechos Humanos, pudieron establecer como verdad jurídica que hubo terrorismo de estado. Es decir, que no hubo “dos demonios”, que no hubo violencia generalizada, hubo un plan sistemático de secuestros, desapariciones, asesinatos, robos de bebés al servicio de un proyecto político. No fue natural, hubo que establecerlo, militarlo. Países vecinos con historias no tan distintas de la Argentina no lograron establecer esta verdad ni a nivel jurídico ni social.

Urge hacer esto ahora. Demostrar que fue un plan sistemático que utilizó los recursos estatales en confabulación con bandas paraestatales para fines delictivos. Es decir, oportunamente, cuando no quede más opción que juzgarlo, la millonaria extorsión del periodista Daniel Santoro (junto a D’Alessio) al empresario neuquino Mario Cifuentes en “Animales Sueltos” no puede ser sólo una extorsión sino que debe ser parte del plan sistemático. De ese plan participaron La Nación, Clarín, Majul, Lanata, Wiñazki, Alconada Mon, Leuco, entre decenas de terroristas paraestatales.

Eso pasó. Que sea horrible no quiere decir que no pasó. Que no lo digamos no hace que no haya pasado.

Mientras tanto, mientras se construye esta conciencia histórica hay que recordar al Rey Claudio en la cita que encabeza el subtítulo. Hay Macri porque hubo un Videla que construyó a papá Franco. Hay Macri porque hubo un Videla que le dio Papel Prensa de la mesa de torturas a Magnetto y La Nación. Hay Macri porque hubo un Galtieri que ayudó a Magnetto a dar el golpe en Clarín para encubrir sus tropelías en la Guerra de Malvinas. Las dictaduras cambiaron de manos la riqueza de la Argentina. Macri cambió de manos la riqueza de la Argentina. Vicentín es sólo un botón de muestra.

Si esta vez la democracia no repara el robo y le quita a los saqueadores, éstos tendrán el poder para volver a cometer las mismas atrocidades.

*docente y periodista. Mendoza, Argentina. Autor de “El Faneróscopo de Eliseo. La máquina semiótica del grupo Clarín”. 

domingo, 8 de marzo de 2020

Retenciones: se discute qué producir




Por Carlos Almenara*

Aldo Ferrer, eminencia del pensamiento económico argentino, sostenía con vehemencia que las retenciones a las exportaciones no había que pensarlas como un problema de “renta” sino como parte de una política cambiaria de tipos diferenciales.

Claro, es importante lo que se puede recaudar en montos por los derechos de exportación a productos seleccionados, pero más importante aún es que define qué produce Argentina.

Ferrer explicaba estos fenómenos con el concepto de “enfermedad holandesa” o “maldición de los recursos naturales”. El gentilicio de esta “anomalía” económica obedece a la situación vivida por Holanda una vez halladas valiosísimas reservas petroleras en sus aguas soberanas de Mar del Norte.

Siendo ya una potencia industrial, Holanda exportaba una gran cantidad de productos manufacturados. Para ellos sus empresas eran competitivas, es decir, tenían rentabilidad vendiendo al extranjero, en dólares, a un precio cercano al “de mercado”. La nueva situación, la aparición de petróleo, cambió la situación. Holanda produjo petróleo, parte lo consumió internamente, parte lo exportó, por los dos caminos el país tuvo afluencia de divisas, es decir, entraron dólares a Holanda, vía los que dejaron de gastarse por no importar derivados del petróleo y directamente por la exportación del mismo.

¿En qué situación quedaría, supongamos, una empresa industrial como Philips?

Siempre con datos hipotéticos a fines explicativos, consideremos una lámpara que la empresa vende a U$S 1 dólar en el exterior. Philips cobra ese dólar, lo recibe en Holanda y lo convierte en 10 Florines, con ellos paga los sueldos, los gastos y obtiene rentabilidad. Aparece petróleo, se exporta, llegan dólares, se sustituyen importaciones, hay dólares que dejan de irse, luego, hay muchos dólares en Holanda. ¿Qué pasa si hay excedente de un bien en un mercado? Baja el precio. Baja el dólar.

Ahora Philips, sigue exportando su lámpara a U$S 1 porque es precio internacional pero cuando recibe ese dólar lo convierte en 5 Florines. Antes su lámpara la vendía a 10 Florines, ahora a 5. A 5 Florines Philips pierde plata con esa lámpara. Philips deja de exportar lámparas. Holanda comienza a importar lámparas más baratas que las de Philips. Eventualmente, Philips cierra.

La parábola comienza con la buena noticia del hallazgo de valiosos recursos naturales y culmina con una primarización de la economía que lleva al atraso al país entero.

Por supuesto, los recursos naturales no tienen por qué ser una maldición, para ello los Estados deben tomar medidas. Una de ellas, establecer retenciones o tipos de cambio diferenciales que posibiliten la diversidad productiva nacional.

¿Cuál es la actividad en que Argentina tiene ventaja comparativa?

La producción granaria, principalmente, soja. La soja produce la “enfermedad holandesa” en Argentina.

Algo no anda bien, si la soja produce “lluvia de dólares”, ¿dónde están esos dólares? Acá hay una diferencia clave con Holanda, la fuga de divisas, buena parte de los dólares que llegan, salen por otra puerta mediante fuga de divisas.

La especificidad del caso argentino, cuya sola mención excede las posibilidades de estas líneas solo puede abordarse desde una perspectiva multidimensional. En cualquier caso, agrega razones para una decidida intervención estatal en la regulación del comercio exterior.

Lo que preocupaba a Aldo Ferrer era la diversidad productiva de la Argentina, ése era para él nuestro camino a mayores grados de desarrollo. Producción primaria pero también industria, tecnologías de punta, servicios. Tanto que la derecha argentina gusta contrastarnos con Australia... ése es el modelo de Australia.

El maestro Ferrer pensaba en distintos tipos de cambio, de modo de hacer rentable la diversidad productiva. No es el mismo tipo de cambio que permite la rentabilidad de la soja, que la del vino, que la de la fruta, que la de las fábricas metalúrgicas. Y eso se consigue con una administración del comercio y de la divisa que no esté sujeta a maniobras de desestabilización política. La propuesta de Ferrer no sólo está vigente, es fundamental retomarla para salir de la postración.

Harían bien aquellos empresarios que no son sojeros en visualizar que su suerte no va de la mano de la soja sino de un modelo que posibilite la variedad.

*Docente y periodista.