jueves, 27 de agosto de 2020

Pasó ayer nomás

Por Carlos Almenara

Ayer nomás veíamos que no había plata suficiente que comprara los insumos sanitarios necesarios para enfrentar el COVID. Los hechos más impensados, ocurrieron. Estados nacionales confiscaron, incautaron, todo tipo de insumos útiles. Incumplieron los tratados internacionales. Llegaron a apostar agentes de inteligencia en aeropuertos para sobornar a los exportadores y transportistas de barbijos para que los cargamentos cambiaran de destino.

Los países más ricos vieron hospitales desbordados, tenían plata pero no respiradores ni médicos. Camiones militares transportando cadáveres en la noche para que no los vieran. Fosas comunes.

La teoría económica ortodoxa sostiene que los mercados autorregulados, mediante el sistema de precios, son los que mejor asignan recursos. Es evidente, el postulado fracasó. A la hora de la verdad fue más efectivo un grupo de policías de un Estado determinado, un soborno, o “una oferta que no se puede rechazar” que los mercados competitivos. El fracaso de este precepto podemos constatarlo este mismo año. Si la economía aspirara a ser una ciencia, siendo que las ciencias fácticas se fundan en la validación con la realidad, el dogma de los mercados autorregulados como el summum para asignar recursos debería descartarse definitivamente.

Pero como sucede una y otra y otra y otra vez, vuelven a la carga.

Y los vemos ahora diciéndonos, con el mismo sonsonete que de costumbre, sin dar cuenta de ninguno de sus fracasos, independientes de la realidad, que la regulación de internet resentirá la inversión, que empeorará el servicio y toda otra falacia que les venga a la mente.

Una vez más, no es así. No hace falta ser un economista de academia para verificar que los servicios son malos, caros, que la competencia es, en el mejor de los casos, reducida, y que las empresas tienen ganancias exorbitantes.

Y también se refuta teóricamente. Tanto como se refuta la economía ortodoxa.

Que las empresas ganen plata, ¿qué tiene que ver con la inversión? Si les bajan impuestos y ganan más plata ¿van a invertir más?

La economía ortodoxa tiene una respuesta categórica: sí, por supuesto. ¿A quién podría ocurrírsele otra cosa?

La verdad es que NO. Que bajen los costos y los impuestos a las empresas sólo quiere decir una cosa: el empresario ganará más, pero eso no tiene ninguna relación necesaria con que invierta más.

En condiciones monopólicas o cuasimonopólicas, es el caso, la misma teoría ortodoxa reconoce que hay precios caros (superiores a los de mercado competitivo) y consumidores no servidos. ¡La misma ortodoxia admite la conveniencia de regulación y precios máximos para alcanzar mayores niveles de bienestar social expresado en más producto a menor precio!

No cabe ninguna duda que el acceso a las comunicaciones mejorará con la aplicación del Decreto 690/20. Lo hará porque la fiscalización, siempre que no sea cooptada por las mismas empresas prestadoras, permitirá prestaciones más universales a precios más accesibles. Las empresas invertirán más si se les exige que lo hagan, no de otro modo.

Párrafo aparte, mezcla de añoranza, reconocimiento a su resiliencia a pesar de la pesadilla neoliberal y esperanza de futuro, merecen las Cooperativas que fueron pioneras en los servicios de TV por Cable y comunicaciones. Una política que promueve más servicios bien vale la promoción de nuevas Cooperativas que los presten.

AYER NOMÁS



jueves, 23 de julio de 2020

Conversando con Alberto en el campo de tiro

Imagen: Infobae.
Por: Carlos Almenara*

Por estos días se discute sobre la convocatoria de Alberto Fernández a empresarios, dirigentes sindicales, las ausencias y lo que se ha llamado “fuego amigo”.

Quiero referirme a las condiciones de posibilidad de un diálogo.

No voy meterme con los hechos y los dichos que generaron el debate, más allá de la singularidad histórica que se evidencia en la imposibilidad que Hebe se equivoque. Esta aseveración, que parece un dogma, resiste cualquier procedimiento científico de falsación.

Me interesa, en cambio, pensar en torno a qué tan posible es desarrollar una argumentación racional, aspirar a la persuación, disponer la escucha, en el marco en que se plantea la lucha política en Argentina, hoy.

No inventamos ningún objeto de estudio. El tema es la deliberación. Reconocido como esencial a la democracia, ¿dónde discutimos? ¿Dónde se dirimen ideas y proyectos? ¿Cómo se los discute?

Si hacemos caso a Bernard Manin estaríamos en estos tiempos en una “democracia de audiencias” en que los sets de televisión tienen un rol central. Este concepto de Manin es previo a la difusión de las redes sociales.

El lugar en el que se discute y en que los dirigentes políticos toman posición sobre los distintos temas de la sociedad ya no es el seno de la organización partidaria, no es el Parlamento, es el estudio de televisión.

Claro, esto en teoría. Esto cuando el mundo no estaba en guerra y desarrollado por teóricos que no contemplaron el grupo Clarín. Cuando esas variables se incorporan, el resultado es adefesios como la entrevista de Diego Leuco y María Laura Santillán a Santiago Cafiero.


Repasar la entrevista es impactante. Los dos personajes que aparecen frente a la pantalla de una señal del monopolio que concentra el 60% de las audiencias acusan al jefe de gabinete de encubrir un crimen político de la vicepresidenta. Con perfidia, insinuaciones, sin ninguna prueba de nada.

Hay gente de este tipo que se para frente a la pantalla y que no está en Clarín pero merecería estarlo.

Es el caso de Cristina Pérez. Es conocido el brulote de la presentadora macrista que fabricó un incidente. Y es conocido, porque lo hacen para eso, para reproducirlo en todo el sistema de propaganda macrista y erosionar al gobierno.


El miércoles 22 se produjo un nuevo incidente. Viviana Canosa adujo que había recibido un mensaje del presidente que “le hizo temblar las piernas”. No mostró el mensaje. Clarín se hizo una fiesta. También deberíamos verla pronto en alguna de las ventanillas del monopolio. Ver acá.

Un par de días antes Canosa había agredido rociando con alcohol a Aníbal Fernández. 


No fue un acto aleatorio. En las redes los trolls nazis, que trabajan en sintonía con los trolls de la pantalla, lo expresaron enseguida: faltó el fósforo. Denuncié a la cuenta de Twitter de la Defensoría del Público de Servicios de Comunicación Audiovisual la maniobra.

Por supuesto, apuesto doble contra sencillo que Miriam Lewin no se ocupará del caso.

Esto es un botón de muestra. Algo que cada uno de los y las lectoras conoce de sobra. Un texto que no debí escribir, que debió resultar innecesario.

¿Y Alberto? Él, más que nadie.

¿Cómo, entonces, puede cometer el error de quedar “servido” para que la Canosa y Clarín se hagan la fiesta?

Ya desde el año pasado, antes de ser electo, Alberto anunció que para él no había guerra. Ni con Clarín ni con otros enemigos. A veces pareciera que ha decidido entrar caminando plácida y distraídamente al campo de tiro.

Cada cosa de diga o haga será tergiversada, pervertida, falseada. Es un gran riesgo para todo el país. Por muy sincero, comprometido y bien intencionado que sea, eso no tiene nada que ver con la cuestión. La comunicación requiere un piso de buena fe, requiere que las palabras que enuncio tengan el significado que tienen y no que sean alteradas con malicia.

Y no se puede conceder un poquito. Como entiende cualquier estudiante de hermenéutica filosófica en su primera clase, si usted acepta algunos postulados de una teoría le será muy difícil rechazar el resto. En el caso, el rechazo a Clarín debe ser cabal o la rendición será cabal.

No existe comunicación posible con el mundo Magnetto. No depende de la decisión voluntaria del caminante del campo de tiro.

Para hacer más complejo el problema, la alianza política de gobierno no puede prescindir de la comunicación, de la discusión pública. Lo resolvió magistralmente Alberto en un reciente reportaje.

Se habló de “fuego amigo”. Ya sabemos, que son cuidadosos en la semántica que utilizan para causar daño. Como dice Alberto, hay distintas miradas. Hay discusión, y, por qué no, pulseadas.

Del lado nacional y popular de la vida, el que, objetivamente, aglutina al 95% de las argentinas y argentinos, funciona la comunicación, se discute, se habla, se pugna. Con toda la vivacidad de la democracia.

Con Magnetto, Macri, Bullrich, los agentes de la derecha israelí, no. No hay discusión, hay guerra.

Circule por donde quiera, elija los amigos que desee, presidente, pero cuídese, por favor. Si entra al campo de tiro, póngase el casco. No sólo usted corre riesgo.

*docente y periodista, Mendoza, Argentina. Autor de El Faneróscopo de Eliseo. La máquina semiótica del grupo Clarín.

sábado, 4 de julio de 2020

Feudalia ya fracasó



Por: Carlos Almenara*

Los argentinos tenemos que ocuparnos reiteradamente de personajes que cometen delitos frente a cámara y padecer que ello se naturalice como lo más normal del mundo. No son cualquier tipo de delitos, corresponden a los que usa la derecha para las operaciones de manipulación de la opinión pública.

Un caso reciente es la flagrante violación al artículo 226 bis y 226 del Código Penal que realizó el ex gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo.



Así lo decía, plácidamente, en los medios macristas



¿Cómo le fue a Cornejo como gobernador?

Todos los indicadores objetivos son desastrosos.
  • El PBG (Producto Bruto Geográfico, el “tamaño” de la economía de la provincia) cayó 6%. El producto per cápita cayó mucho más.
  • El desempleo creció 150%.
  • La deuda pública creció 400%. Además pasó de estar nominada en pesos a dólares, locura que concluyó con su heredero, Rodolfo Suárez, declarando el default.

Mientras aplicaba las políticas que produjeron esos resultados, Cornejo no tenía ninguna pretensión autonomista, al contrario, humilló la provincia poniéndola al servicio del vendepatria. Tan servil fue que le regaló una mina de oro a Macri. Ojalá estuviera haciendo uso metafórico del lenguaje.



No fue el único caso. Intentó entregarle “La Remonta”, 100.000 has. del mejor campo mendocino, además del agua (la clave en el desierto) para los emprendimientos paperos (exótico en la zona) que tienen con titular figurativo a los Calcaterra.


Es decir, Cornejo, además de disciplinarse políticamente al proyecto más centralista de la historia, de arruinar la economía mendocina en aras de un partidismo político, entregó parte de las riquezas más preciadas del patrimonio de todos los mendocinos como sobornos –vaya a saber a cambio de qué- al clan Macri. No al Estado Nacional, a la familia Macri. Uno tiene ganas de parar el mundo hasta ordenar estos hechos insólitos. Todo esto es información pública.

Pero eso no es lo peor que hizo Cornejo.

Más trágica aún es la violación sistemática de las garantías y derechos constitucionales, el avasallamiento de las instituciones.

Una Legislatura convertida en escribanía, que le votó todo lo que quiso, le permitió nombrar más jueces que nadie antes. Más de un tercio de todos los jueces de la provincia de Mendoza fueron nombrados por Cornejo.

Este miércoles su heredero, Rodolfo Suárez, hizo jurar a escondidas, en un “acto privado y sin anuncio previo” a María Teresa Day como miembro de la Suprema Corte provincial. El sigilo tiene que ver con que el nombramiento está judicializado y se concretó en una bochornosa sesión legislativa sin participación opositora. Day no reúne los requisitos que la Constitución de Mendoza exige para el cargo. No fue impedimento. Con Day consiguen la mayoría partidista automática, completamente subordinada al Poder Ejecutivo.

Párrafo aparte merece la renuncia del anterior presidente del tribunal a quien presionaron con carpetazos y aprietes públicos del gobernador. Era un radical, lo que muestra que no es una cuestión de afiliaciones.


Resulta imposible hacer un racconto exhaustivo de todos los atropellos institucionales de Cornejo. Van desde criminalización de la protesta social, carpetazos a sindicalistas y políticos opositores, persecución política, secuestros y torturas, como las que padeció Nélida Rojas y su familia, despido de educadores por publicaciones en su Facebook personal, tratar de soretes a los periodistas (no mereció ningún comunicado de FOPEA, ADEPA ni SIP), hasta lo que al lector se le ocurra que pasa en un territorio saqueado, empobrecido y feudalizado.

Trabajadores municipales hambreados y reprimidos
Trabajadores municipales hambreados y reprimidos

Hoy la provincia está quebrada, no ha pagado el aguinaldo de sus trabajadores, la Justicia está cooptada por una mafia partidista, la censura se impone en los medios masivos, la corrupción se extiende de la mano de la impunidad a todas las áreas de gobierno, hay fundados cuestionamientos a la palabra pública y se sospecha que hay circulación viral que es ocultada por el gobierno.

Corrupción generalizada

Para el colmo de las paradojas, lo que aduce Cornejo, en relación a incumplimientos del gobierno de Alberto en relación a la presa hidroeléctrica Portezuelo del Viento, son totalmente imputables a él. Fue Cornejo quien no hizo los estudios ambientales correspondientes, fue Cornejo el que generó una situación insostenible con el resto de las provincias de la cuenca, y, fue Cornejo, el que junto con Macri, no pusieron un peso para la obra, todo lo que hicieron fue dejar papelitos firmados, que, de eso, saben un montón. Es ahora Alberto quien tiene que poner la plata.

Es todo lo contrario de las bravuconadas propagandísticas. Mendoza está en una decadencia económica, política, judicial, comunicacional irreversible si no es salvada por las reservas democráticas de las fuerzas nacionales y populares.

Necesitamos que la Nación intervenga para rescatarnos de estos tiranos decadentes.

Cuando sentimos que las palabras no alcanzan para explicar la realidad suelen acudir en nuestra ayuda los artistas. Es el caso de Les Luthiers, que hicieron, hace años, un himno para los desvaríos de Cornejo.



*docente y periodista argentino, de Mendoza.

viernes, 26 de junio de 2020

¿Dónde está el dedito?




Por: Carlos Almenara*

La situación nueva, desconocida, que nos plantea la pandemia se sobreimprime a una coyuntura también novedosa de la política argentina.

A la hecatombe macrista, siguió una pandemia de alcances inéditos durante la última centuria.

El régimen que se expresó con el macrismo se reestructuró, con toda la potencia que posee, bajo la batuta sediciosa de Magnetto.

No vacilan en promover contagios. La muerte no los detuvo antes y no los detiene ahora.

El régimen de verdad que imponen desde sus medios es enloquecedor. Alejado de lo real implantan como regla la paradoja, la inversión de significados, la crueldad, la perversión. Pueden producir turbas alienadas manifestando a favor del coronavirus, de Techint, de Vicentín, al tiempo que las fuerzas populares no ocupan la calle por cumplir el aislamiento.

Una buena descripción hace Artemio López



Como dice Artemio, la novedad, el problema, no es que Clarín haga lo que hace, lo loco es que Alberto quiera discutir con eso.

Es que no se puede discutir donde no hay una discusión, y con Clarín no hay una discusión. Aunque Alberto no lo quiera, Clarín está en guerra. No hay discusión, hay guerra.

La insatisfacción visible en algunos militantes oficialistas, la ofensiva del régimen que hasta hace seis meses hundió al país en la peor postración de su historia, no deben ser interpretadas como “errores de comunicación” sino como déficits de diagnóstico y praxis política.

Todo lo que viene de la agenda de Clarín está envenado. Lo que Clarín cuenta que hace el gobierno, está envenado. Cada uno  de sus significados está envenado. No sirve hacer promedio. Si se aceptan las bases epistémicas de su discurso ya se perdió. Y no es posible aceptar algunas y rechazar otras. Por ejemplo, si se asume que las notas de Clarín (en cualquiera de sus versiones) la hacen periodistas, ya perdiste. No son periodistas, son otra cosa. Sólo vale impugnar de modo radical ese discurso.

Todavía el gobierno está encontrando explicaciones a la intervención a Vicentín y los ladrones no ponen un peso de los 18.000 Millones que le deben al Nación. ¿Por qué no recorren los funcionarios del Banco los canales sediciosos pidiendo que pongan plata para tapar el agujero? ¿Por qué no hay reclamos desde las autoridades sanitarias para que los mercenarios de la pantalla terminen con el bio terrorismo?

Hay un avance. Diputados del Frente de Todos denunciaron a Baby Etchecolatz ante... ¡la Defensoría del Público de Servicios de Comunicación Audiovisual!!! Me quiero morir. El criminal llama a la sedición, comete xenofobia que son crímenes de a gotas y los diputados lo denuncian ante ¡la Defensoría del Público!  La desproporción no puede ser mayor.

El problema es político, no comunicacional.

Y el problema político, que ya tendría que tener claro Alberto luego de pasar por la campaña de Massa, es que en Argentina, por razones estructurales NO HAY TERCERA VÍA.

No funciona la apelación consensual. El proyecto de la derecha es criminal. No hago un uso metafórico del lenguaje. Sus cuadros son esclarecidos al respecto. Y estamos donde estamos porque lo combatimos y porque el plan asesino no funcionó en sus propios términos.

Macri, que vino a destruir, con total conciencia de su proyecto colonial y terrorista de estado, no pudo (como no pudo desde hace al menos 100 años nuestra oligarquía), o no quiso, construir un proyecto sustentable en el tiempo. Fue de brutal saqueo. Pero si no lo hubiéramos combatido, hoy gobernarían ellos y estarían matando de a miles.

Yo sé que no siempre gana el que pega primero
Pero no sirve dejarse pegar.



Hay una deuda, un botón de muestra en que entra todo el universo de calamidades que prometen los vendepatria y que depende de nosotros enfrentar. No diré que se aplique la ley que con los energúmenos anticuarentena. Pregunto por qué no se detuvo a quienes agredieron a los interventores de Vicentín. Pregunto por las amenazas a Karen Roberts, dueña del Grand Hotel Reconquista. Ver aquí https://www.pagina12.com.ar/272205-vicentin-amenazan-a-la-duena-del-hotel-donde-se-alojaron-los

Alberto Fernández y Omar Perotti nos deben explicaciones sobre qué hicieron para sancionar a los autores de esos delitos. Es un problema de dignidad, de cómo nos paramos en el ring. No hay concesión posible al respecto.

No exigírselas es rendirnos antes de pelear.

Dije botón de muestra y no incluiré en él las investigaciones administrativas pendientes por las pericias truchas de Gendarmería, la muerte de Santiago Maldonado, el rol de Prefectura en el asesinato a Rafael Nahuel y tantos otros casos.

En el estado de cosas actual en América Latina las fuerzas populares deben ser implacables en la aplicación del poder legítimo. No pueden permitir la sedición de una derecha que busca el derrocamiento y el exterminio.

Es hora de usar el dedito, Alberto. Hay todo un pueblo que te acompañará.

sábado, 20 de junio de 2020

Leer el cruce




Por: Carlos Almenara*

El día miércoles 17/6 Telefe entrevistó al presidente. El reportaje ha sido muy difundido. En particular se llevó las miradas un cruce de Alberto con Cristina Pérez.



Se aprecian varias cosas. En primer lugar la hostilidad, agresión, falta de respeto y violación de cualquier deontología periodística por parte de la entrevistadora.

No siempre fue así. Veamos otros tiempos.



Tiene todo derecho Cristina de ser amiga de Macri, si quiere puede llevarle cigarrillos cuando esté en la cárcel, no es ese el asunto. Puede también ser una periodista militante, como lo es.

Podríamos detenernos en si es legal, legítimo y razonable que haga ese juego, en un canal de televisión oligopólico, pero tampoco vamos allí.

Previo a todo necesitamos entender cuál es el juego.

En redes sociales hubo alegría kirchnerista porque Alberto “sacó de paseo” a Cristina Pérez.



Evidentemente si nos atenemos al nivel racional, al lenguaje, a lo que se dijo, la diferencia es apabullante. Si fuera una disputa de argumentos, de dar razón suficiente de algún hecho, la “victoria” de Alberto sería absoluta. ¿Pero se trata de eso?

Me gustaría, por partida doble, compartir la alegría. Me gustaría como kirchnerista y me gustaría como defensor de la razón, imprescindible para construir una sociedad mínimamente vivible. Lamentablemente soy portador de malas noticias.

No es la razón el terreno en que la derecha plantea su disputa en estos tiempos.

A nivel del texto, de la palabra emitida, la distancia es apabullante. Es un docto frente a un terraplanista. No hay equivalencia. Alcanza ver los energúmenos que balbucean sandeces en cada cacerolazo contra el gobierno para comprender que no hay lógica argumental posible que vertebre sus discursos.

Pero no es allí donde el macrismo combate. Es a nivel del gesto y la emoción.

Si miramos de nuevo el fragmento en esa clave, la cosa cambia.

¿Qué vemos?

Vemos a la chica del noticiero enojada con el presidente. Haciéndole reproches.

Vemos al presidente que le contesta con suficiencia. Casi con soberbia.

Vemos a la chica del noticiero a la que el “sabelotodo” deja callada.

¿Es este un efecto espontáneo?

Claro que no. Es el juego que mejor juegan y que más les gusta.

Por eso los medios hegemónicos y Cristina Pérez festejaron su gol.



Lo que produce cierto desasosiego es la asimetría en la formación conceptual para entender estos temas. Los soldados del terrorismo oligárquico aventajan largamente a los cuadros del campo popular que se regocijan en “tener razón”. Y esto es algo que hasta Cristina Pérez puede entender.

Imagen: Exitoína – Perfil.

*docente y periodista. Autor de “El faneróscopo de Eliseo. La máquina semiótica del grupo Clarín”.

sábado, 13 de junio de 2020

Seamos Venezuela


Por Carlos Almenara

Con su infrecuente sensibilidad, Dady Brieva se instaló en la agenda mediática a fines de mayo con su “seamos Venezuela”.

Interesa analizar este caso porque proporciona un ejemplo típico de cómo los medios hegemónicos cometen fraude comunicacional, estafan.

Veamos qué decía Dady:



Este es el literal de la columna:

“Cuando volvimos creí que no iban a estar más los que estaban, creí que se iba a investigar, creí que... no sé, me dio ilusión eso. Yo sé que no es fácil, pero tampoco me quiero quedar con que no es fácil. Porque tengo la sensación que si no investigamos, no juzgamos, no encarcelamos, no intervenimos a evasores, medios, jugadores, comunicadores, justicia, entidades financieras... fuimos. Y me parece que hoy se armó una movida interesante en las redes: “#EsAhoraAlberto”. Y yo te digo, Alberto, que seguramente no me estás escuchando porque escuchás otra radio,

-Vos fuiste elegido, amigo, vos fuiste elegido y vos sos el responsable. Sé que estás haciendo muchas cosas y que todos los dirigentes están haciendo muchas cosas, pero no se puede más. Stornelli sigue trabajando, los tipos se van, ¿hay posibilidades de investigarlo, no hay posibilidades de investigarlo? Los periodistas siguen hablando como si nada ocurriera, tiran piedras, tiran piedras, tiran piedras.

La verdad que me siento un estúpido diciéndoles todos los días. ¿Y saben lo que me pasa? No se los quiero decir así, porque digo –la puta, al final estamos envenenando al oyente, porque vos se lo decís a la mañana, se lo decís a la tarde, se lo decís a la noche... y yo soy un Midachi, yo los quiero hacer cagar de risa, entretener, boludear, hablar del peronismo de antes, con una sonrisa, emocionado.

Pero llegó un momento donde hagamos lo que hagamos siempre vamos a ser Venezuela, los cubanos, el comunismo, el populismo, y todos esos neologismos que inventaron ellos y con los que nos definen, que para mí no son nada. Y, la verdad, que si ya vamos a terminar así, si tarde o temprano vamos a ser Venezuela, seamos Venezuela ahora, loco. Seamos Venezuela ahora, punto, ya está.

Tarde o temprano viene la palabra mágica: ¿qué hacemos con esto? Y sí, va llegando la palabra mágica. Ellos siguen tirando piedras, salen a las calles y no interviene la autoridad y se van y vienen y los fiscales siguen como si nada hubiese pasado y los periodistas siguen como si nada hubiese pasado. La verdad, necesitamos urgente regular qué es lo que se dice como pasó en Estados Unidos con las Torres Gemelas. No se podía pasar ningún cuerpo, no se podía mostrar imágenes. Tenemos que regular esto.

Sí o sí vamos a ser Venezuela, sí o sí vamos a ser populismo, así que empecemos ahora muchachos y terminemos con esta agónica espera.

Veámoslo

No hace falta demasiado. Se entiende qué dijo Dady.
Que los medios hegemónicos dirán que el gobierno de Alberto es Venezuela haga lo haga. Sea moderado o radical. Que tergiversarán lo que él mismo dice.
Y así fue.

¿Qué dijo Clarín? (y su banda)


Clarín lo tradujo como el pedido de Dady de que seamos Venezuela.

¿No sabe Clarín lo que dijo Brieva?

Por supuesto que sí. Entienden el idioma español, cuando quieren diferencian qué es metafórico y qué es literal pero tienen mala fe.

Y con mala fe es imposible la comunicación.

La palabra “comunicación” proviene del latín “communis”, lo que tenemos en común. Supone que compartimos el idioma, los significados, los sentidos de las frases. Aunque tengamos ideologías radicalmente diferentes, podemos polemizar, debatir. Occidente estructuró su conocimiento a partir de la mayéutica socrática. Desde la Grecia clásica, el diálogo, el debate supuso esa mínima buena fe. Mi palabra la entenderás en el sentido que tiene, no la pervertirás.

Nada de eso es posible con Clarín y su prole. Porque con Clarín no hay un discusión, con Clarín, la gente de bien de Argentina tiene una guerra.

Como Dady es cuidadoso, no quiso continuar una discusión que nunca podía ser tal y lo resolvió con humor.




sábado, 4 de abril de 2020

Las mascarillas del sistema



Por Carlos Almenara*

El presente, dramático, doloroso por las consecuencias sanitarias de la pandemia, es, desde el punto de vista analítico, apasionante para desentrañar algunos dilemas conceptuales que están siendo puestos a prueba.

Son muchos, uno de ellos, el método de asignación de recursos capitalista, de libre empresa.

Si se abre en sus primeras páginas un manual de economía, de los canónicos, es posible que se encuentre para “economía”, una definición tal como: “la Economía estudia cómo las sociedades administran los recursos escasos para producir bienes y servicios, distribuirlos entre los distintos individuos[i].

La ortodoxia económica tiene una respuesta estándar para ese “cómo las sociedades administran” desde finales del S XIX y principios del S XX: la maximización de la utilidad de los agentes llevará al uso óptimo de los recursos escasos. Es una versión aderezada con dibujos de símbolos matemáticos de lo que Adam Smith llamó la “mano invisible”.

Veamos qué nos dice la pandemia.

En los países capitalistas del primer mundo no hay mascarillas ni respiradores. En el nuestro no hay alcohol en gel, y estamos lejos de ser de lo peor de la región.

No hace falta explayarnos, los relatos que llegan de Italia y España son aterradores, inconcebibles para países que estimábamos con instituciones capaces de responder a desafíos. Cientos de muertos por falta de respiradores.

Estados Unidos, otro tanto. Las declaraciones de Andrew Cuomo, gobernador de Nueva York, relatando el modo en que debe competir como en una subasta con otros gobernadores por comprar respiradores[ii], deberían quedar registradas en todas las academias de Ciencias Sociales. Cuomo le dice a Trump, “compre ud. toda la producción y luego distribúyala, no deje que los gobernadores pujen por ella, confísquela si es necesario”.

Las economías capitalistas más sofisticadas no pueden abastecer mascarillas y respiradores.

Pueden fabricar automóviles sofisticados pero no mascarillas.

Toda la economía ortodoxa se enfrenta a una desmentida desde sus pilares. El mecanismo de asignación de recursos que pregona la ideología de la libre empresa fracasó de modo categórico y tenebroso.

En Oriente, a la inversa, no faltaron mascarillas ni respiradores, al menos en magnitudes comparables. No es solo el caso de China y su conocido hospital construido en 10 días sino también de países vecinos, como Corea del Sur o Japón.

Claro que allí, la asignación de recursos críticos no quedó en manos de empresas. Fue el Estado quien realizó una planificación exhaustiva.

Algunas de las noticias de estos días incluyen que Israel puso al Mossad, su conocidísima agencia de inteligencia, famosa por sus acciones clandestinas, a conseguir mascarillas y respiradores. Que un gobernador francés se quejó amargamente ante cronistas de prensa diciendo que cuando estaban subiendo al barco el contenedor de barbijos, que ya habían pagado y le remitían desde China, llegó un negociador estadounidense que compró en el puerto el contenedor completo y desvió su destino.

En los hechos, cuando las papas queman, el poder soberano de los Estados ha podido más que la idea boba de globalización sin barreras.

Seguramente esta será una de las claves principales del mundo post pandemia. Y ojalá sirva para descartar los postulados de la economía ortodoxa, en palabras del recientemente fallecido Mario Bunge, la más peligrosa de la pseudociencias, la responsable de muerte y padecimientos de cientos de millones de seres humanos.



[i] Mochón, F. y Beker, V; Economía. Principios y aplicaciones. 4ta ed. Mc Graw-Hill, México, 2008.
*periodista y docente. Autor de “El Faneróscopo de Eliseo. La máquina semiótica del grupo Clarín”.