Pocos días después del inicio formal del conflicto entre Rusia y Ucrania salió a la luz la existencia de un conjunto de laboratorios biológicos. Dentro de Ucrania pero financiados por Estados Unidos. ¿Raro? Sí, financiados por Estados Unidos, no por un área de Salud ni alguna agencia de cooperación, sino directamente por el Departamento de Defensa y el Pentágono. Estados Unidos confesó (entre dientes) la existencia de tales laboratorios aunque negó que se dediquen a lo que, parece evidente, se dedican.
No deberías dejar de ver el documental “Armas biológicas: amenaza real”
En términos del conocido refrán, “si tiene cuatro patas, mueve la cola y ladra, es perro”. Es muy difícil imaginar otro sentido de los laboratorios que la guerra biológica.
Entre los virus y bacterias mortales en esos centros estaba el coronavirus. A la luz de estos hechos habría que revisar las sospechas, que parecían paranoicas, de que la Covid-19 sea fruto de laboratorios (aunque no sea “de diseño” y también revisar esa opción), ya sea intencional o involuntariamente difundida. El laboratorio de Wuhan que se mencionó muchas veces por su cercanía a los primeros hallazgos del virus actuaba como una especie de “maquila” de contratos estadounidenses.
Si alguna duda quedara sobre el objeto de los laboratorios conjuntos estadounidense-ucranianos, además de virus y bacterias mortales como ántrax, botulismo, brucelosis y varios más, los estudios abarcaban aves migratorias, específicamente las que tienen como ruta habitual Rusia. Inclusive insectos. Es decir los vehículos que pudieran convertirse en vector de ataque biológico.
Maldad al cuadrado
Sobre lo anterior, que ya es impactante, los estudios incluyen un componente étnico. Esto es, ¿hay patógenos que afecten a los eslavos rusos y no a otras poblaciones?
Para ello se registra la participación de miles de soldados del ejército ucraniano en experimentos. La vocera de la Cancillería rusa, María Zajárova denunció una infección de militares ucranianos con fiebre porcina en 2016 en Jarkov con un saldo de 20 muertos, pero este “incidente” fue ocultado.
Es decir, tenemos dos cosas: la participación activa del ejército ucraniano en experimentos y la naturaleza racista de los mismos. Una especie de Menguele redivivo.
Uno tiene la impresión que no tomamos cabalmente nota de la naturaleza nazi del régimen ucraniano. No es una caracterización hiperbólica. Y Estados Unidos abraza ese nazismo desde su concepción supremacista, excepcionalista, que le permitió antes crear a los cortacabezas de ISIS, o antes a Al Qaeda y Osama Bin Laden, o antes a los talibanes, o antes a los dictadores latinoamericanos formados en torturas en la “Escuela de las Américas”, o antes arrojar dos bombas atómicas sobre ciudades cuando la II Gran Guerra estaba definida (efectivamente es un país excepcional, ningún otro es tan cruel).
En este video de Diario El Mundo se puede apreciar el comportamiento de los militares ucranianos. También se puede observar cómo funciona la manipulación informativa en Europa, de modo que esta prueba de crímenes de guerra ucranianos es convertida por un diario masivo de España en un ataque a Rusia. ¿Dónde he visto algo así? (tendrás que clickear aceptando ver imágenes sensibles)
Maldad al cubo
Entonces, armas biológicas, racismo y… matar a los socios.
Digamos que no es seguro que sea posible encontrar patógenos que afecten unas etnias y no otras, lo cierto es que lo estudiaban.
¿Por qué los laboratorios (muy vinculados con Hunter Biden, el hijo del presidente) usaban soldados ucranianos para sus experimentos racistas?
Porque son étnica y genéticamente muy parecidos a los rusos.
Entonces, no sólo preparaban un genocidio étnico, sino que en él, si las hipótesis de ataque triunfaran, los mismos ucranianos serían inmolados.
Es muy difícil pensar que el mando de Ucrania desconociera estas consecuencias. A pesar de la resistencia instintiva que uno tiene a aceptarlo, los argentinos sabemos muy bien que hay vendepatrias dispuestos a entregar su propio pueblo. Lo verificamos con Macri recientemente.
Inmunización
En un mundo en guerra, en que no hay derecho internacional al que recurrir, cuando aparecen armas de destrucción masiva y desquiciados dispuestos a usarlas, el único antídoto a todos estos riesgos es no dejar, por nada del mundo, que los vendepatria vuelvan a gobernar nuestro país.
Aun no tenemos todas las piezas y quizás será
imposible tenerlas. El mundo se reconfigura y para peor, o al menos da esa
impresión. Hay quienes hablan, y no parece faltarles razón, de que hace tiempo
estamos en una tercera Guerra Mundial, esta vez en cuotas y por mecanismos
novedosos.
Si es parte de esa guerra o no, dependerá de
las categorizaciones, pero lo cierto es que se ha construido la más fenomenal
maquinaria de manipulación de masas de la historia humana. En 2014 utilicé una
palabra para referirme a esta idea: “faneróscopo”, un vocablo de invención
propia basado en la semiótica de Charles Sanders Pierce. Consistiría en un
artefacto que produce la realidad. Sin entrar en análisis más extensos, cuando
explicamos qué pasa siempre hay una mediación entre nuestra percepción,
evocación, comprensión y lo real, y esa mediación requiere alguna
interpretación subjetiva. Sin embargo, el “faneróscopo” no pertenece a la
dimensión subjetiva sino objetiva, es decir, no refiere a cuestión de la
interpretación del sujeto y toda la problemática epistémica relacionada, sino
al objeto, a lo previo al sujeto que aparece como pantalla anterior a lo real
inaccesible.
Si se me permite la analogía, una especie de
“bosón de Higgs” del pensamiento y la comunicación.
Las indagaciones de 2014 se referían a la
posibilidad del grupo Clarín de construir semejante maquinaria semiótica. Mi impresión
es que el grupo comandado por Magnetto sólo pudo hacerlo parcialmente por dos
motivos principales: la muerte de su teórico Eliseo Verón, y, fundamentalmente,
la heroica y conmovedora resistencia de la izquierda real de la Argentina que
ha sido denominada “Kirchnerismo”. No corresponde a este análisis pero les
espoileo la continuidad, luego de ello Clarín eligió el exterminio de sus
enemigos. Como había hecho durante la dictadura, en ese terreno se mueven
cómodos.
Es que si la realidad para ser efectiva debe
ser universal, entonces cuando una buena parte de la población entiende esa
realidad como una “verdad” impuesta a la fuerza, el faneróscopo fracasó.
El concepto tiene un parentesco bastante
evidente con las distopías orwellianas de control total y, antes de Macri y
Magnetto, la referencia con el nazifascismo es también reconocible.
El orden mundial
No puedo decir más que generalidades
conocidas en relación a la cuestión geopolítica. La emergencia de China como
potencia económica y tecnológica, la desestabilización de la globalización a
manos de Trump y ahora de Biden, la reconstitución de Rusia como un actor
importante principalmente a partir de su fortaleza militar.
La doctrina de la “destrucción mutua
asegurada” fue el pilar sobre el que se rigió el mundo de posguerra y que ha
vuelto a poner sobre la mesa Rusia. Toda vez que existen los arsenales
nucleares con capacidad de destrucción planetaria es una lógica material
inevitable. Esto es, si una potencia ataca, la otra responde simétricamente.
Como han planteado el presidente Putin y el canciller Lavrov, la instalación de
bases de la OTAN en Ucrania, con la posibilidad de misiles nucleares apuntando
a Moscú no daría tiempo a la respuesta y, en consecuencia derribaría esa
doctrina del equilibrio. Por eso Moscú no puede permitirlo, todos los actores
saben que Moscú no puede permitirlo pero probaron con hacerlo.
Como confesó el presidente Joseph Biden en el
discurso del estado de la Unión: “llevamos meses preparando la alianza para
enfrentar a Rusia”. La empujaron a una guerra que no podía evitar con Ucrania.
Por supuesto, la batalla de Ucrania es una de las partes de la guerra híbrida
de la OTAN contra Rusia. Llegado el momento habrá que hablar de las tácticas de
guerra de Europa y Estados Unidos violando todo ordenamiento internacional
preexistente.
En realidad, si Estados Unidos creó, como
demuestran los más informados, a los cortacabezas de ISIS, no debería
asombrarnos que ahora actúe en alianza con nazis.
Ucrania
Tanto como el de Macri en Argentina, el de
Ucrania es un caso hiper moderno de los mejores laboratorios imperiales. Sí,
estamos en el mundo.
El golpe de 2014 financiado por Estados
Unidos fue un éxito notable de su injerencia. Muchos dólares, políticos
corruptos a sus órdenes, redes sociales y medios coordinando la
desestabilización de Víktor Yanukóvich. No representaría, más allá de
esperables particularidades, una especificidad novedosa en las revoluciones “de
colores” que Estados Unidos prohijó en distintos países.
La estabilización del régimen subsecuente es
consistente con las de los países dependientes, con gobiernos personalistas,
alta incidencia mediática, partidos débiles, oligarcas que asumen posiciones de
poder, todo sobre la base de una decadencia sistemática.
La parte dura, sólida, de las alianzas de
gobierno fueron los grupos neonazis. Con un rol decisivo en el golpe de 2014
fueron quienes dieron el tono cultural a un nacionalismo xenófobo. Los
regímenes fueron genocidas, como suele suceder, primero simbólicamente, luego
en los hechos. Las víctimas fueron los ucranianos culturalmente rusos.
Ucrania tiene una corriente nazi con mucha
tradición. Stepán Bandera responsable de asesinatos en masa de judíos en
Lviv en alianza con los nazis y corresponsable de las matanzas en Kiev es el
héroe de los nazis ucranianos que el conjunto del sistema político post Maidán
llevó al panteón nacional. Solo la matanza de Babi Yar implicó el asesinato de más
de 33.000 judíos.
Con esa estirpe no debería
extrañar el modo de imponer el nuevo régimen. La muestra más ilustrativa se
puede ver en la quema de la Casa de los Sindicatos de Odesa en 2014.
Las repúblicas autónomas de
Donestk y Lugansk no se quedaron a ver cómo los quemaban y decidieron crear
milicias que han resistido hasta hoy.
Europa y Estados Unidos no solo
miraron hacia otro lado mientras se cometían estos crímenes contra la humanidad
sino que los propiciaron. Como los nazis ucranianos eran anti-rusos, todo
estaba justificado.
Decíamos que el devenir material
de las cosas era de decadencia sistémica, como no puede ser de otro modo en
países sometidos a Estados Unidos y al FMI, entonces ¿qué hace falta?
Eeeeso, televisión.
Y aquí aparece el componente más
novedoso de la tragedia ucraniana: el comediante Volodímir Zelenski y el guión
antipolítico.
Su aparición televisiva
extrayendo dos metralletas a su guardaespaldas para matar a todos los
parlamentarios refleja, mejor que ninguna otra, la fantasía de las oligarquías
que a través de las corporaciones mediáticas construyen modelos de este tipo
permanentemente. No parece ser muy consistente con la promesa democrática
occidental.
Control total
El proyecto imperial
estadounidense ha incorporado un conjunto de tecnologías semióticas que apuntan
al control total a través del manejo de las emociones y las identificaciones.
Control total debe entenderse como universalidad del alcance de sus armas
(televisión, cine, redes sociales, etc.), y no como estabilidad de los
regímenes subsecuentes. Como indicó en 2017 Thierry Meyssan, el plan actual estadounidense
no es conquistar, ni imponer gobiernos, es, sencillamente, destruir los estados
nacionales. Sí, es impactante pero verificable. Libia es tipo. Y es,
exactamente, a lo que asistimos con los títeres de Kiev.
La construcción orwelliana de
totalidad que se ha desatado contra Rusia es la amenaza más extraordinaria que
ha enfrentado la razón moderna, el individuo libre y el lazo social
probablemente desde el nazismo. Quizá más grave, en algún sentido. Y entonces
no es azaroso que tenga ocurrencia en Ucrania.
Rusia ya venció al nazismo una
vez. Entiendo que somos muchos quienes ponemos nuestra esperanza en que, de
alguna forma, con todas las diferencias, lo haga de nuevo.
La impresionante filmación de una reunión en
el Banco Provincia de Buenos Aires de la que participaron funcionarios
bonaerenses y nacionales, directivos de la AFI y empresarios armando trampas
extorsivas a sindicalistas es una prueba inapelable.
No tome esto, querido lector, como un acto de
presunción. En lo personal, y con otras personas, decimos desde 2016 que el de
Macri fue un gobierno terrorista de estado. Lo fuimos diciendo mientras
ocurría. Estuvimos muy solos. Llamativamente, para nosotros, aun víctimas
directas del régimen, extorsionados, encarcelados, no terminaban de
caracterizar lo que ocurría. Las conclusiones de la Comisión Bicameral de
Inteligencia fueron un bálsamo: el gobierno macrista “tuvo un comportamiento
mafioso”. No es tan distinto.
Estos videos terminan con cualquier
discusión. Funcionó, coordinado por el máximo nivel del gobierno nacional, los
de Provincia y Ciudad de Buenos Aires, un sistema, un plan sistemático de
utilización del Estado para, en conjunto con organizaciones paraestatales,
cometer delitos. Esos delitos fueron de naturaleza política y económica. Es
decir, encarcelaron ilegítimamente a sindicalistas pero también le robaron la
plata de los sindicatos. Encarcelaron a los dueños de C5N y Radio Del Plata
(con las implicancias para la libertad de prensa que esto tiene) pero además
les robaron empresas.
La pregunta no es por qué aparecieron estas
grabaciones, la pregunta es cómo no aparecieron antes, cómo no aparecen más
pruebas con todo lo que hicieron.
Cada decisión, cada acto administrativo de
cada funcionario de primer nivel entre diciembre de 2015 y diciembre de 2019
contiene un delito o una irregularidad. El que mire. El expediente que tome. Ni
hablar de los más trascendentes como el del préstamo del FMI que, además de no
ir al Congreso, de ser una trampa, no cumple requisitos administrativos como
dictamen previo. Cada licitación esconde un curro. No hay ninguna que se salve.
Sólo para tomar un parámetro, pero podría ser cualquiera: Macri compró los
mismos trenes que Cristina a China, al mismo proveedor, pero los pagó 34% más
caros en dólares, según una denuncia del recordado Pino Solanas. Y este es un
caso nimio.
No estoy mencionando las causas conocidas que
tienen alguna instancia judicial: Correo, peajes, parques eólicos. Cada una de
las acciones del macrismo, desde arriba, fue un saqueo, un delito, y para
cometerlos debieron someter a sus enemigos políticos con medios tiránicos.
Nunca tuvimos ningún empacho en decir que
Macri es la dictadura. El tiempo nos da la razón. Pero quiero pedir a los
lectores un ejercicio de escucha: Macri nunca negó ser la dictadura. Es decir,
no se puede interpretar nada basado en lo que Macri diga o no diga. Es un
mentiroso goebbeliano, coacheado para eso. Toda palabra, todo gesto proveniente
del personaje no intenta comunicar ninguna verdad sino actuar como un arma de
guerra contra su enemigo: el pueblo argentino. O sea, si el tipo tiene que
decir que Videla fue un dictador que es justo que haya muerto en la cárcel, lo
dice, pero si escuchás bien, si reconstruís el relato, siempre reivindica la
dictadura. Un gran problema nacional es que toda su fuerza política también lo
hace.
Lo único nuevo es que la dictadura se
escondía para hacer estas mismas cosas y ellos las hacen casi a la luz del día.
Buscan aplausos con ellas. Y hay una parte de la población que los defiende a
la luz del día. Es decir, una parte de la población defiende a terroristas de
estado. Es un serio problema. Máxime cuando tienen gobernadores, diputados,
senadores, medios, jueces, empresarios.
Decía recién que además de los casos que se
ha conseguido, a pesar del blindaje mediático al macrismo, que tengan alguna
repercusión, hay miles... Solo por dar dos casos aleatorios que encuentro
rápido y los pinta de cuerpo entero. Jorge Triaca, ministro de Trabajo de
Macri, intervino el Sindicato SOMU (encarcelando a su secretario general,
“Caballo” Suárez, con el mismo método de la Gestapo filmada), con contratos de
ese Sindicato pagó el sueldo de Sandra Heredia, personal que trabaja en su casa
particular. Se hizo pública la situación cuando “Sandrín” recibió un insulto
que fue públicamente conocido. VER.
Elizabeth Gómez Alcorta es ministra del actual gobierno nacional. Antes fue
abogada de Milagro Sala y denunció en enero de 2018 cómo los estudios de
abogados incómodos para el gobierno eran robados. No tengo las pruebas yo y
aparentemente tampoco la ministra, mas yo no tengo dudas como tampoco, en su
momento, la ministra, que la AFI macrista estaba detrás de estos “misteriosos”
robos que buscaban documentos y no dinero. VER.
Uno empieza a listar y no puede terminar, se
me viene a la mente los agentes que infiltraban en las marchas. Casos bizarros
como que hirieron de bala a un policía de la Metropolitana sus propios
compañeros porque estaba infiltrado en una marcha social. Cosas que si en
nuestro país las cosas se vieran como deben verse nunca habrían dejado dudas de
que Macri y toda su banda son la dictadura. Y deben estar presos en cualquier
estado de derecho.
Ahora bien, estas cosas que se dicen en el
texto, que, de nuevo, perdóneme la soberbia, son las mismas que vengo diciendo
desde 2016, son ya una realidad evidente. ¿Qué va a hacer el presidente?
¿Seguirá fingiendo que “discute con una oposición democrática”?
Por supuesto, no es fácil su situación. El
macrismo tiene el apoyo de los medios hegemónicos, de parte del empresariado,
de la Corte Suprema, tiene gobernadores, tiene muchos legisladores. Ahora, como
hemos aprendido con amigos desquiciados y deberíamos haber corroborado con la
pandemia al costo de cientos de miles de vidas: la realidad se impone.
Que Alberto Fernández se haga el distraído no
cambia las cosas. Que dialogue “constructivamente” con Gerardo Morales no
libera ni repara el secuestro de Milagro Sala y sus compañeros. Que el
presidente no de la orden a sus ministros para que revisen los expedientes de
sus antecesores no convierte en honestos a los macristas sino en cómplices a
los actuales. Que simule que tiene una oposición democrática no cambia la
naturaleza nazi goebbeliana del macrismo, que tiene un proyecto de exterminio.
Y que le incumbe también a él, curiosamente.
Hacerse los distraídos no cambia las cosas.
La realidad se impone. Y aunque esta mirada de las cosas no resulte victoriosa,
lo cual es altamente probable, eso no hará que cada una de las verdades de este
texto sean menos verdad. El macrismo en el gobierno (y antes y después también)
fue un plan sistemático terrorista de estado, es la actualización de la
dictadura, y frente a eso hacerse el distraído se llama negacionismo.
Atravesamos tiempos que ponen a prueba todas
nuestras teorías explicativas del lazo social. Sobre la revolución tecnológica
y semiótica de la segunda década del siglo XXI, el Covid-19 ha terminado de
poner seriamente en aprietos lo que se creía entender.
Así, asistimos a acontecimientos difícilmente
predecibles. En conjunto no sería sencillo describirlos pero una buena síntesis
lo constituyen los “antivacuna”.
El fenómeno es antropológicamente muy
complejo pero comparte familia con otras “curiosidades” de época. Fácilmente se
lo relaciona con manifestaciones anti racionales y anticientíficas, empezando
por los llamados “terraplanistas”. Entonces, hay una primera cuestión: lo irracional.
La ciencia, como enseñaba Mario Bunge, es la
mayor expresión cultural de la civilización humana. Hay muchos tipos de
saberes, los humanos los aplicamos en distintos órdenes de nuestra vida, la
intuición, la experiencia, ideas místicas, creencias religiosas, instinto, estética
y otros. Ninguno supera a la ciencia en materia de explicación, retrodicción y
prognosis.
La ciencia no está exenta de crítica,
discusión, polémica y farsantes. Buena parte del debate se da internamente a la
ciencia. Así, existe disputa de paradigmas, hipótesis centrales acerca del
funcionamiento de los hechos relativos a una disciplina. Con el pesimista
Thomas Kuhn podemos decir que el cambio en los paradigmas científicos no se
produce porque los científicos “se convencen” sino porque los viejos científicos
mueren y los jóvenes llegan con nuevas ideas. Y aún más, Kuhn trató especialmente
las ciencias naturales, en el caso de las ciencias sociales la coexistencia de
distintos paradigmas, incluso contradictorios, se da coetáneamente.
Incluso así la ciencia deja fuera sinnúmero
de hipótesis atendibles. También puede ser colonizada por farsantes. Tengo un
ejemplo a mano para esto: los premios nobeles de Economía. Una caterva de
predicadores del neoliberalismo lo ha recibido. Me refiero a propagandistas
propiamente “anticientíficos”. Se puede alegar que esos premios no definen la
disciplina, pero es una débil refutación. Recurriendo nuevamente a Mario Bunge
decimos que esta economía ortodoxa es la más peligrosa de las “pseudociencias”,
disciplinas que, con ropajes científicos, contrabandean dogmas y categorías que
no resistirían un análisis profundo e imparcial. Para Bunge era la más
peligrosa porque lleva al hambre y a la muerte a cientos de millones de
personas.
Este excurso epistemológico sirve para
introducir la primera novedad. Tecnología, semiótica y Covid arrasaron con la
ciencia. Básicamente todos los discursos son socialmente colocados a un mismo
nivel de legitimidad, entonces, la recomendación de cualquier médico, biólogo o
repartición pública de “no tomar lavandina” compite con Viviana Canosa que en
pantalla recomienda su consumo vía oral. Todo en pie de igualdad. Peor, Canosa
tiene cientos de miles de televidentes dispuestos a creerle. Y así fue que
murió gente por seguir el consejo de Canosa.
Tan dramático es el contraste. Es claro que
con Canosa nos acercamos a los antivacuna. Espere, por favor querido lector,
que hay más por analizar.
Sin embargo la ciencia ostenta una
legitimidad que tiene valor. O al menos eso piensa Horacio Rodríguez Larreta
que aplicó las peores políticas sanitarias de cualquier distrito argentino en
toda la pandemia a pesar de tener más vacunas y más pronto que cualquier otro,
pero siempre “en nombre de la ciencia”. “Nuestras políticas están respaldadas
por la ciencia” decía mientras abría escuelas que cerraba a las semanas por
infecciones masivas. La Corte, que responde al macrismo, lo habilitó a matar
decenas de niños y docentes para hacer propaganda. El modo de caracterizar el
discurso de Larreta es claro, es un mentiroso. Chanta Feroz le dice Víctor Hugo.
Como su jefe Macri, no dice ni una sola verdad. Lo que quería señalar es lo
siguiente: Larreta tuvo el peor desempeño sanitario como distrito, introdujo
las variantes Delta y Ómicron al país, pero el personaje decía que lo hacía “en
nombre de la ciencia”. Es decir, la contracara en espejo e igualmente falaz de
la versión Canosa. Canosa pretende al curandero que recomienda lavandina al
nivel del biólogo, Larreta actúa como curandero pero dice hacerlo “en nombre de
la ciencia”.
A setiembre de 2021 nuestro análisis, con
datos oficiales, colocaba a CABA como el distrito que, por lejos, tenía mayor
cantidad de muertos en relación a sus habitantes. VER: https://la5tapata.net/pandemia-suarez-no-nos-cuido/
Veo que el texto, para los cánones de la
revolución tecnológica-semiótica se vuelve extenso y que por otro lado sería
inagotable el análisis de las causas y naturaleza de lo que quiero establecer
como hipótesis (bastante evidente, por cierto): hay una nueva subjetividad que
exacerba un tipo particular de individualismo, un individualismo funcional al
poder.
Repasemos, banalización de la ciencia al
tiempo que curanderos disfrazados de científicos, todos discursos que se pretenden
igualmente legítimos. Asimismo una revolución tecnológica que difumina los
límites de lo virtual y lo real. Pero sobre todo, y como causa eficiente, una
derecha desbocada que quemó todos sus compromisos con la vida y emprendió una
revolución semiótica del exterminio. De los tres puntos hemos analizado el
primero, quedan los otros dos para seguir compartiéndolos. Mi tesis es estos
tres factores confluyen en la conformación una nueva subjetividad.
En esa nueva subjetividad predomina lo individual
a lo colectivo, lo emocional a lo racional, lo expresivo a lo reflexivo o
fundamentado, los discursos son equivalentes en cuanto a legitimidad como ya
mostramos. Una subjetividad superficial, en que no existen convicciones sino
creencias pasajeras aunque ellas sean profundas y lleven al fanatismo o la
violencia.
Un párrafo merece la curiosa situación de la
sospecha, de la conspiración. Aparecen las más insólitas teorías conspirativas,
sin embargo en ninguna de ellas, hasta donde conozco, surge como denuncia el
mayor escándalo de la organización social del último siglo: una concentración
de la riqueza a los mayores niveles de la historia de la humanidad. Es decir,
los poderes oscuros son capaces de realizar las más rebuscadas trapisondas
excepto lo que realizan a la luz del día: quedarse con la guita.
Ahora sí, si el lector me acompaña, vamos al
tema.
Esta nueva subjetividad ha puesto en severos
problemas a los gobiernos débiles con la emergencia del covid. Aún no estamos
en condiciones de dimensionar la hecatombe. Imágenes horribles como filas de
camiones transportando cadáveres en las noches del norte italiano, o fosas
comunes en el corazón de Nueva York. Pareciera bastante claro que la
organización social china fue más eficiente que la occidental pero esto sería
materia de otra discusión. Lo que acá importa es que los gobiernos occidentales
democráticos enfrentaron y enfrentan una fenomenal crisis de legitimidad.
Esto es, un gobierno puede recomendar el
barbijo, puede hacer obligatorio el barbijo en todos o en ciertos espacios y no
faltarán grupos numerosos que se opongan alegando “un atentado a su libertad
individual”. Todo lo previo es necesario para vislumbrar al “sujeto” que
reclama “libertad”. Por supuesto que en este marco lo que ellos llaman libertad
es en realidad capricho criminal, un uso del propio cuerpo como agente de daño
a terceros. Hombres bomba, como los quiere el poder.
Esa nueva subjetividad, bien trabajada por
los medios hegemónicos, realiza otro servicio. Pone en cuestión la soberanía
estatal, el poder de imperio del Estado para imponer la norma. Estos
desquiciados ‘ma non troppo’ dirán al Estado: “ud. no se puede meter conmigo”.
Pero los gigantes corporativos sí, se pueden meter con cada uno de los
habitantes. Y sin control colectivo, porque el Estado, según nos convencieron
estos “liberotarios” (E. Bollati dixit), es enemigo de la libertad y no debe
inmiscuirse.
A ese sujeto, al individuo que antepone
capricho delirante a salud pública, a los que pusieron en aprietos el poder de
gobiernos de países centrales, Emmanuel Macron les dice “los quiero emmerder”.
Los medios lo traducen como “joder” aunque no
parece que nos alejemos de la intención del emisor si decimos que “los quiere
hacer mierda”.
La entrevista de Le Parisien sólo está
disponible para suscriptores así que linkeo El
País y Télam.
Por supuesto, mi opinión es especulativa. No
estoy ni en la cabeza ni en gabinete de Macron. No creo que haya sido una
grosería azarosa. Entiendo que fue una contundente frase planificada. Francia
es un país del que es perfectamente esperable una respuesta seria al terrorismo
semiótico. Y los políticos franceses suelen no ser improvisados al respecto.
Al sujeto caprichoso se le responde con toda
la fuerza de la legitimidad democrática. Claro que Macron, un hombre de
derecha, corre con ventaja para hacerlo. La derecha no enfrenta los cucos que
construyen contra las fuerzas progresistas. Nadie tratará de tirano o dictador
a Macron por esto.
El futuro siempre es desconocido, abierto a
la sorpresa, incierto. No sabemos si funcionará bien o no la apuesta
comunicacional de Macron. Pero no estaría mal, también en Argentina, tomar nota
que a los caprichosos se les responde de modo categórico.
Al final eso es mejor para el conjunto, y
hasta ellos estarán más contentos. Y como niños chicos, se olvidarán de su
lucha contra la vacuna y encontrarán un nuevo capricho con el cual
entusiasmarse.
En su primera victoria legislativa luego de
las elecciones, el macrismo frustró el proyecto oficialista de presupuesto
nacional para 2022. Con 132 votos en contra y 121 a favor del proyecto del gobierno,
Cambiemos lideró el rechazo a la llamada “ley de leyes”.
No es sorpresa, resulta totalmente esperable
toda vez que la conducción de esa entente política, mediática y judicial
decidió hace tiempo encarar el camino de la sedición y no el de la participación
institucional.
La vocación golpista de Cambiemos se expresa,
entre otras cosas, en el fuerte componente histriónico de los agentes que
encarnan el guion. Así, Cristian Ritondo marcó la posición del macrismo
fingiéndose enojado con un discurso de lo más mesurado de Máximo Kirchner e
iniciando el reiterado “nado sincronizado” de los medios hegemónicos golpistas.
Pusieron en el jefe de bloque del Frente de Todos en Diputados la
responsabilidad del rechazo.
Lo que pareció una derrota política del
Frente de Todos, analizado más detenidamente, presenta una oportunidad.
Ha sido una constante desde la recuperación
democrática que los gobiernos tengan su presupuesto. Con mayoría parlamentaria
o sin ella, todos tuvieron su presupuesto aprobado. Se entendió como un acuerdo
democrático implícito que quien ejerce el Poder Ejecutivo tiene legitimidad
para implementar sus planes de gobierno. Los oficialismos no siempre han tenido
el voto opositor pero sí el quórum, o levantar una cantidad de legisladores a
la hora de votar, etc. La única excepción a ese pacto cívico fue el Presupuesto
2011 que le escamotearon a Cristina. Y 2022.
Pero veamos, ¿qué pasó en 2011? Fue reelecta
Cristina... Ohhh. La oposición tardó en caer en la cuenta.
La misma Cristina ha referido estos días que
las situaciones son incomparables porque en aquel momento Néstor nos había
sacado el yugo del Fondo Monetario y Argentina crecía a ritmo acelerado luego
de la crisis de las hipotecas de 2009.
Es que la Ley de Administración Financiera
autoriza al Poder Ejecutivo a prorrogar el del presente año en una contingencia
como ésta. Y dado la posibilidad de reasignar algunas partidas, y, sobre todo,
en un contexto inflacionario como el nuestro, carecer de presupuesto es dejar a
discreción del presidente el destino de los fondos.
En su columna del programa radial Temprano
para Imposibles, el economista radicado en Mendoza, Carlos Rojo Font lo explicó
claramente:
Caídos en la cuenta, los gobernadores
opositores se reunieron ¡a pedirle al presidente que vuelva a mandar el
presupuesto!
Los gobiernos provinciales perdieron todas
las obras previstas en el presupuesto oficialista que, contrariamente a la
cantinela macrista, era bastante equilibrado y no dejaba gobernadores “sin
techo”. Ahora se les llenó el horizonte de preguntas.
¿Si
vos fueras Alberto Fernández qué harías?
La situación otorga al presidente una
herramienta insustituible para fortalecerse frente a una oposición que utiliza
sus curules, sus jueces, y sus
gobernaciones para derrocarlo. ¿Debería Fernández resignar uno de los pocos
instrumentos que “cayó” en su camino para defenderse (y defendernos) de la
sedición sistemática? Si lo hiciera, merecería lo que el destino le depare. El
problema es que nosotros no merecemos volver a estar gobernados por la mafia
macrista.
Discúlpeme querida lectora, querido lector,
si soy cansador. Siempre me detengo en este asunto que parece inconexo. Es que
soy un predicador del pensamiento riguroso, de la aplicación de métodos científicos.
La realidad “es” y aprehenderla resulta una tarea ardua. A esta altura casi que
no me preocupa que me tilden de positivista, así no lo sea.
Cualquier aseveración sobre por qué los
resultados electorales fueron los que fueron en un distrito, cuál fue el
“mensaje de las urnas”, requiere una investigación, que por supuesto no hemos
realizado. Aun así, sus conclusiones tendrían alto grado de provisoriedad y
siempre, como todo, estaría sujeta a falsación, es decir a que la realidad la
desmienta. Lector, lectora, no haga como los economistas de la televisión, quienes
si la realidad demuestra que sus recetas fracasan culpan a la realidad. No, si
las aseveraciones del analista no se corroboran, lo erróneo son las
aseveraciones del analista, nunca la realidad.
Creo que se entiende que este breve excurso
al que damos fin es para que no tome nada de esto como definitivo.
Cada vez que culmina una elección me gusta
reiterar que no existe tal cosa como el “mensaje de la gente”, o en todo caso,
hay que establecer de qué hablamos. En primer lugar porque no hay tal “la
gente”. Las sociedades son diversas, plurales y coexisten universos
diferenciados. Pero tampoco hay tal mensaje. ¿Qué mensaje? No, lo que hay son
votos en una urna un domingo, en este caso, de noviembre. Entender por qué una
persona hace lo que hace debe contarse entre las cosas más difíciles,
comprender eso mismo por cientos de miles conlleva mucha complejidad.
Sí, es cierto que hay climas sociales. Y esta
elección se dio en un clima nacional muy adverso al Frente de Todos. Ubico aquí
la principal explicación de la victoria del radicalismo macrista en la
provincia de Mendoza. Después vienen una interminable cantidad de factores
secundarios.
Empecemos entonces por lo principal.
Ciertamente la pandemia se procesó de un modo
tal que terminó imponiendo un malestar muy injusto con un gobierno nacional que
tuvo un comportamiento relativamente plausible para enfrentarla. No sirve decir
que los gobernadores macristas no aportaron una sola vacuna, que quemaron
barbijos o que boicotearon la salud. Es cruel corroborar costos absurdos que
pagó Fernández por naderías, mientras Rodolfo Suárez responsable de la muerte de
15 ancianos en Montecomán por darle el fármaco a un cura antivacuna en lugar de
vacunarlos sale indemne. Suárez, cuya hija adolescente organizó fiestas
clandestinas cobrando entrada y cuyo hijo sobrevolaba la ciudad en helicóptero
sanitario para sacar fotos en plena cuarentena y mientras heridos necesitaban
el transporte, con una muy buena elección, y quien sí consiguió las vacunas
(que Suárez había prometido pero no consiguió) mucho menos ponderado. Cruda
realidad.
¿Había alternativa?
Mi interpretación es que el principal error
del presidente fue querer enfrentar la pandemia con “mi amigo Horacio”. Horacio,
a pesar de recibir vacunas antes y en mayor cantidad que nadie, no se portó
como amigo.
Lo diré nuevamente. El macrismo y Clarín son
culpables de decenas de miles de muertos por su terrorismo sanitario. Y Alberto
Fernández miró pasivamente el boicot a las medidas de salubridad.
El problema no es comunicacional, es
político. Profundizarlo será materia de otro análisis.
En síntesis, mi interpretación es que los
resultados electorales en Mendoza tienen en lo nacional un peso decisivo.
Dicho esto, vayamos a especificidades muy
necesarias que ocasionan acalorados debates.
Organización y
profesionalismo.
El radicalismo macrista mendocino ha perfeccionado una maquinaria electoral muy
eficaz. También es superior al Frente de Todos en estrategia y disciplina. Sus
principales candidatos entienden qué comunicar, cuál será el centro de su
relato y no se corren de allí. La idea de que disciplina es no hacer nada si no
hay instrucción del jefe/jefa es un terrible error. Casi descalificante. Es
incomprensible que los concejales del Frente de Todos no denuncien día por día
las falencias de los oficialismos municipales del Gran Mendoza. Todos los días
se puede fotografiar un pozo nuevo en una calle si hay vocación de hacerlo. No
hubo mucha.
A Cornejo nadie le
cascoteó el rancho,
fue el título de una entrevista al sociólogo Enrique Bollati. Sin embargo,
Anabel Fernández Sagasti comenzó a realizar fuertes críticas después de las
PASO. Evitó el desgranamiento luego de aquella derrota y creció unos puntos. No
es poco pero quizá tardío.
Como arena entre
los dedos.
Entre los militantes aparece como un ritual sagrado rendir honores al
“territorio”. Vuelvo a la vocación herética de mis años mozos y pongo en duda
la cuestión. Muchos de quienes presumen de “tener territorio” no lo tienen
tanto, y, en muchos casos, constituye una actualización de la vieja política
punteril de “los que tienen los votos”. Por supuesto que es reivindicable la
militancia social pero hay muchos equívocos y muchos vendehumo en materia de
“territorio”. El “territorio” está hibridado con la construcción social de
sentido. Las unidades básicas, locales, comités, son valiosísimas instancias de
participación cívica, quizá insustituibles, a defender, pero enfrentan con
dificultad al intruso que emite luz y machaca las cabezas de los miembros de la
familia 24 horas por días desde los comedores de las casas (o de las pantallas
de los celulares o cualquiera de sus variantes). Esta relación compleja debe
repensarse.
El significante
vacío. Usemos
la categoría de Ernesto Laclau. Cuál es la parte que llena el concepto. Izquierdas
y derechas, proyectos populares y proyectos elitistas confrontan porque está en
el ser de las cosas que lo hagan. Si no se expresa la disidencia es porque el
conflicto se tapó con autoritarismo o alienación. El Siglo XXI en Latinoamérica
mostró un surgir o resurgir de gobiernos antiimperialistas, con vocación de
integración y políticas de igualación social. La derecha, que siempre reconoce
a su enemigo, los llamó populismos. Laclau levantó el guante. En Argentina el
significante vacío de lo popular fue llenado por el proyecto nacional y popular
del kirchnerismo. Néstor fue y Cristina es peronista de toda la vida. Cuadros
orgánicos de partido. Pero, con eso, la instancia de lo popular tenía un anclaje
en una nueva síntesis histórica. Eso también está en cuestión. No solo en
Mendoza mas también en Mendoza.
La nueva formulación es que el significante
vacío es llenado por el peronismo. La operación deja en evidencia una
derechización y burocratización. “Nuestra” estructura madre vuelve como en cada
ciclo histórico a cerrarse sobre sí misma independientemente de los avatares
sociales.
Para ser claro, si el peronismo será el pilar
en que se base “lo popular”, lo será en su versión kirchnerista y frentista o
no lo será. Ese cerrarse sobre sí mismo, a mi criterio, aunque no descarto
buenas explicaciones para hacerlo, restó capacidad de convocatoria a lo que
socialmente es “lo popular”.
Lo conocido. Por lo demás, sabemos que los
oficialismos traccionan muchos votos por diferentes motivos. Sobre el sistema
de medios ya hemos hablado suficiente. El cornejo suarismo (lo de suarismo está
por verse) se ha convertido en la organización política, mediática, judicial y
empresarial hegemónica en la provincia y toda construcción popular se realizará
en la confrontación con ese hegemón.
Hay un momento en que el diagnóstico revierte
en pregunta. Sobre la ominosa ostentación de violencia, burla, saqueo,
antirrepublicanismo, manipulación y engaño que muestra la derecha ¿estamos
haciendo lo necesario? ¿damos la pelea adecuada? Sí, nosotros, cada uno, en
forma de pregunta sobre lo que nos toca. Y la respuesta debería darse con
generosidad porque el desafío es civilizatorio.
Me alertó Jorge que este miércoles 10 se
cumplen dos años de la muerte de Ramón Ábalo.
La pérdida de alguien admirado y querido como
Ramón supone un duelo. La experiencia me dice que algunas veces el duelo tiene
una bisagra en el momento en que uno comprende algo. ¿Comprende qué? No podría
responder esa pregunta con precisión. Intentaré dar una idea a partir de mis
sentimientos con Ramón.
Convertí a Ramón en una especie de “fetiche”.
Siempre lo quería entrevistar. Lo hice varias veces. En distintas radios. Yo le
preguntaba de todo. Ramón contestaba. Contaba sus historias, nada mezquinaba.
Yo repreguntaba, él contestaba, pero cada cosa que contestaba era distinta a lo
que yo esperaba. Yo le preguntaba por el pasado y él siempre se ingeniaba para
responder algo en relación al futuro. A mí me producía cierta perplejidad. Yo
insistía. Había un secreto en un pasado revolucionario con el que el presente
tenía un abismo. Él lo tenía, el “Negro” tenía el tesoro. Yo preguntaba y
preguntaba, pero no lo encontraba. Contame más. De la Media Luna, del Armando,
del peronismo y el comunismo, de la revolución, del Che. No, él no mezquinaba
la respuesta, pero siempre terminaba diciendo “Mendoza no es conservadora, en
el ’72 hicimos flor de revuelta y ahora, qué esperamos”. A mí me desconcertaba
cómo pasaba de ese secreto idílico que yo pretendía encontrar en el pasado a
contestarme que había que reclamar contra los tarifazos.
Nunca fue de otro modo. Cada vez que lo
entrevistaba el compromiso era el mismo, “esto sigue, te vuelvo a entrevistar”.
Siempre se repetía el mismo círculo, yo le preguntaba por sus andanzas, como
sondeando cuál sería la clave para entender por qué hubo un pasado más pleno y
hoy un presente tan mediocre. Ramón no me dio respuesta a esa pregunta. Una
pregunta que, por cierto, nunca supe ni sé formular.
No es que no pudiéramos encontrar lo evidente
en los diálogos y arriesgar teorías. Sí, eso, todo el tiempo. Pero un tesoro,
una palabra mágica, la explicación total, la llave que permite entender, no,
eso nunca lo encontré.
Y el Negro se fue y no lo encontré.
Pero fui comprendiendo. Bastante antes de que
se fuera. Fui entendiendo. Él no sabía la respuesta a la pregunta que yo no
podía formular. Seguramente no existía la respuesta a mis balbuceos. O sí.
Siempre estuvo allí donde Ramón me dijo la primera vez que titubeé con mi
pregunta. La respuesta está adelante. Soplando en el viento, como decía Dylan.
*Nota publicada originalmente en La 5ta Pata. La imagen ilustrativa corresponde a dicho medio.