sábado, 1 de agosto de 2026

Fuerte crecimiento en los gobiernos K. Desterrando la neolengua libertaria

 

Por Carlos Almenara

La guerra es la paz

La libertad es la esclavitud

La ignorancia es la fuerza

George Orwell, 1984.

 

El día 26 de julio el sr. Daniel Garro publicó en Diario Uno la nota titulada “Desterrando un mito: es falso el crecimiento de la economía y los salarios en gobiernos K”. Urge desmentir la alevosa falsedad que emana desde el mismo título.

La economía argentina durante los gobiernos kirchneristas creció fuertemente, al mayor ritmo de los últimos 50 años, al menos. El promedio fue  4,58% anual entre 2003 y 2015, con varios años consecutivos superior al 8%. El producto creció casi 80% en el período.

Los datos del INDEC son los siguientes:

2003

8.8

2004

9.0

2005

8.9

2006

8.0

2007

9.0

2008

4.1

2009

-5.9

2010

10.1

2011

6.0

2012

-1.0

2013

2.4

2014

-2.5

2015

2.7

 

Entre 2003 y 2015 el aumento de los salarios medios, en términos reales, superó el 60% según CIFRA ponderado con el IPC de 9 provincias. Deflactado según el IPC Congreso de Patricia Bullrich y aliados el aumento fue de 56%. Si se actualiza según INDEC, es aún mayor. La distribución funcional del ingreso arrojó más de 50% para los trabajadores, superando el fifty-fifty entre trabajo y capital, inédito en mucho tiempo.

El título propagandista de Garro engaña a la población pero su argumentación remite a falacias epistemológicas que me interesa señalar.

El mundo estandarizó un indicador para medir el crecimiento de una economía, el producto bruto, que puede ser interno, nacional, geográfico, etc. En Argentina utilizamos el PBI (producto bruto interno) o PIB, según cómo se ordene el acrónimo. Es lo que utiliza todo el mundo, menos Garro.

El crecimiento es, además, lo que puede recordar cualquier persona con memoria de aquellos años en su experiencia vital, empresas que se abrían, fábricas a pleno, obras, trabajo.

Garro no cuestiona el crecimiento según el PBI, directamente afirma que no hay que medirlo según el PBI. Es decir, Garro no está peleado con el kirchnerismo, Garro está peleado con el mundo. Pero es peor, está peleado con la realidad.

El razonamiento es análogo al siguiente: supongamos que una investigación concluye con que en los hogares de Mendoza hay más perros que gatos, Garro dirá lo contrario, y para argumentarlo dirá que lo que se llama perro y lo que se llama gato deben denominarse de otro modo, probablemente al revés, los perros ahora son gatos y los gatos, perros. Ese es un universo que sólo sirve para Garro.

No es sólo Garro, sino toda la “escuela austríaca” la que carece de método científico. En la nota de referencia lo confiesa el propio autor: “cuando se busca en las estadísticas encontrar un principio o una teoría, se camina al revés de lo que la ciencia económica enseña. Este método sólo sirve en las ciencias naturales, pero no sirve en las ciencias de la acción humana como es la economía. Si queremos saber la verdad en ciencias de la acción humana, la teoría va primero como resultado de la una lógica ‘a priori’”. Construye así una teoría autorrefencial, carente de todo referente empírico que pueda validarla. Es “idealista” en sentido platónico, nada más contrario a la ciencia.

Es cierto que la teoría se relaciona con una metodología que recorte la realidad (relativamente) en función de sus hipótesis explicativas pero ello no puede amañar de tal manera las explicaciones que las hagan de imposible contrastación. Mencioné la distribución funcional del ingreso, un indicador que me resulta valioso y seguramente Garro repudiará, podemos utilizar categorías diversas pero deben estar sujetas a corroboración por la realidad. No ocurre con los jeroglíficos de Garro.

Es recomendable que Garro tenga presente a otro austríaco, Karl Popper, para quien una aseveración se aleja de la ciencia si no está sujeta a la falsación, al contraste con los hechos. Hacen de la economía en una disciplina formal, cuando por su naturaleza no puede ser sino fáctica, convirtiendo estas teorías en la peor de las pseudociencias al decir de Mario Bunge.

Por eso no es extraño encontrar a Milei, otro fan de la escuela austríaca, hablando de Moisés, cual predicador. Porque es eso, un dogma cerrado, una religión, que no tiene nada que ver con lo real y muchísimo menos con lo científico.

O como dirían en mi barrio, estamos ante un hato de bolaceros que hablan para beneplácito del capataz.

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