Por Carlos Almenara
Zelenski nació como Vladímir en Krivoy Rog, Ucrania, Unión Soviética. Con el título de abogado bajo el brazo, se convirtió en comediante. Sus giras por Rusia y la aceptación de sus programas en ese país colaboraron con su éxito. No le costaba nada, el ruso es su lengua materna.
Entre 2015 y 2019 protagonizó “El servidor del pueblo” comedia televisiva en la que un profesor de Historia llega a presidente de Ucrania. En 2019, en la vida real, asumió como presidente.
Conocido como “Euromaidán”, en 2014 se produjo en Ucrania un golpe de estado, precedido por una serie de protestas violentas, que derrocó al presidente Viktor Yanukóvich. Victoria Nuland, responsable para esa región del Departamento de Estado estadounidense, estuvo presente en las protestas, personalmente repartió comida. Se filtraron llamados telefónicos en que discute con el embajador de su país el nuevo gobierno. Declaró que Estados Unidos había puesto U$S 5.000 Millones en Ucrania, nadie piensa que haya sido el monto del gasto en galletas para manifestantes.
El golpe de 2014 no fue aceptado por todo el país. Crimea y el Donbás oriental, regiones con una fuerte ligazón idiomática, cultural, idiosincrática, con Rusia, no aceptaron el nuevo régimen. Comenzó una guerra civil en la que están documentados los crímenes de guerra del gobierno de Kiev contra población civil que ellos mismos reputaban como ucraniana.
En su campaña electoral Zelenski prometió terminar con la guerra civil. No ocurrió. Al contrario, incentivado por la OTAN profundizó los ataques, cada vez más violentos, contra las regiones secesionistas. Angela Merkel, excanciller alemana, otrora, probablemente, la líder más prominente de la Unión Europea, se llamó a silencio y se retiró de la actividad pública desde 2021. En diciembre de 2022, sin embargo, declaró que los acuerdos de Minsk I y II firmados en 2014 y 2015 con el fin de cesar las matanzas, fueron, en realidad, una excusa para darle tiempo a Kiev de rearmarse.
No es baladí señalar que el golpe de 2014 tuvo como sus más activos promotores locales a grupos nazis. No corresponde llamarlos neonazis, son nazis con una larga tradición en la región. Durante la II Guerra Mundial las matanzas genocidas más terribles fueron perpetradas por colaboracionistas ucranianos de las fuerzas hitlerianas. En las afueras de Kiev, en el barranco de Babi Yar, más de 33.000 judíos fueron fusilados por los héroes nacionales de quienes hoy gobiernan ese país, el más icónico, el colaboracionista Stepán Bandera. Esta descripción no es especulación sino información pública. El actual ejército ucraniano tiene como pilar los grupos nazis revividos durante el Euromaidán para confrontar a la policía, el más conocido, el batallón Azov.
Empujado por la OTAN, Estados Unidos y la Unión Europea, Zelenski profundizó la guerra civil y, luego de la intervención rusa para detener la masacre, la guerra con Rusia. Por eso él, que nació Vladímir, ahora que se convirtió en nacionalista ucraniano, es Volodímir, que así se traduce, aunque el ahora ex Vladímir tenga algunas dificultades con el ucraniano.
Los resultados para el pueblo ucraniano son devastadores. Con la disolución de la Unión Soviética, en 1991, Ucrania tenía más de 51 millones de habitantes, hoy sin cifras oficiales, los cálculos no pasan de 30 millones. Grupos de personas literalmente secuestran varones de entre 20 y 60 años para mandarlos al frente. La corrupción generalizada preocupa en primer lugar a la Unión Europea que observa lo disminuidos que llegan sus aportes monetarios al frente de batalla. La economía, por supuesto, está destruida y comienza a verse desabastecimiento de productos básicos. La cantidad de muertos es algo sobre lo que sólo se puede especular. No es una apuesta segura la continuidad de Ucrania como Estado nacional.
Sin embargo, esta nota no habla de Ucrania, habla de Argentina.
Pretende advertirnos que cuando un degenerado usurpa en nombre de potencias extranjeras el gobierno de un país, utiliza ese poder al servicio de esas potencias de las que es delegado.
En una imperdible entrevista de 2017 de RT al corresponsal de guerra y director de Red Voltaire, Thierry Meyssan, que puede verse en este link: https://actualidad.rt.com/programas/entrevista/239088-eeuu-guerra-venezuela-thierry-meyssan-siria, el periodista explica la filosofía de Estados Unidos por entonces. No se trata de ocupar un territorio, no se trata de poner un gobierno títere, podríamos tener un “aliado” hoy pero ¿mañana?, de lo que se trata ahora es de destruir las capacidades de estatalidad, la posibilidad de tener un Estado Nación constituido, esa es la garantía imperial de que su poder no será discutido. Libia y Siria son el ejemplo.
Cuando revisamos los casos, cuando analizamos la doctrina, la luz con la que miramos la puesta en escena de Milei por Malvinas se vuelve mucho más tenebrosa.
A Trump le vendría bien una escalada bélica con Reino Unido para presionar al gobierno laborista británico. Por supuesto, Argentina no lleva nada en esa lid. Nos usaría y tiraría.
A Trump le vendría bien una escalada con Chile que le permita meterse en Magallanes, Drake y la proyección antártica. En esa clave pueden leerse las “equivocaciones” de dos militares sobre el estrecho de Magallanes. Para Argentina sería una calamidad que la belicosidad aumente. También para el pueblo hermano de Chile.
En algún momento también parecía lejano lo que hoy sucede en Ucrania. Nunca debe subestimarse el daño que un agente extranjero, como Milei, puede hacerle a un país cuando usurpa su gobierno.
