miércoles, 10 de febrero de 2021

Las retenciones, la mesa y la renta

 


Por: Carlos Almenara
Mendoza, 10 de febrero de 2021

Se vuelve a hablar de retenciones a la exportación de granos y, dada la estructura económica argentina, salvo por hecatombes coloniales o regímenes macristas, que es decir cosas parecidas, necesariamente volvemos a discutir este instrumento difícilmente reemplazable.

Lo que llamamos “retenciones” son derechos que se pagan por la exportación de determinados productos. Suele ser disímil entre productos. Así, mientras hay ventas al exterior de productos que cobran reintegros y subsidios, otras pagan estos derechos.

En nuestra historia, la Aduana ha sido una institución primordial. Su manejo fue el origen de buena parte del conflicto de unitarios y federales; y la posibilidad de burlar sus normas, el contrabando, fue la actividad de mayor impacto económico en la Buenos Aires colonial.

Desde la organización nacional, el cobro de retenciones ha sido una fuente muy importante de financiamiento fiscal.

Entonces, primera razón para pensar en retenciones: allegan recursos al Estado, como cualquier impuesto.

Sin embargo, las retenciones a las exportaciones tienen particularidades muy especiales.

¿Qué exporta Argentina? Principalmente alimentos. Aquí radica el motivo de la actualización de la discusión. Si, por ejemplo, el maíz se exporta, ese maíz no está disponible para el consumo interno. El maíz es también alimento de pollos y cerdos y tiene incidencia en el costo de la carne.

Que se exporte no afecta solamente las cantidades sino también los precios. Los productores, acopiadores, cerealeras, frigoríficos, no tienen ningún inconveniente en vender su producto en Buenos Aires, Posadas, La Quiaca o Río Gallegos. Pero de ningún modo lo harán a un precio menor del que cobran si lo exportan.

Los últimos dos meses vemos una aceleración de la inflación impulsada por alimentos. Se da en paralelo al aumento del precio internacional de los granos y a la demanda récord de carne para exportación.

Acá aparecen las retenciones a las exportaciones como instrumento apto para evitar estas subas, para intervenir en el comercio internacional y en la “mesa de los argentinos”. Establecer retenciones adicionales a la exportación de maíz o gravar la exportación de carnes, por caso, inmediatamente produce una baja en los precios internos.

El principio sigue siendo el mismo, al productor le resulta indiferente vender a un supermercado de San Juan o a una cerealera que exporta a Lejano Oriente, siempre que el precio sea el mismo. Si ahora, lo que recibe de la exportadora disminuye, disminuye lo que pretende cobrar al supermercado sanjuanino.

Segunda razón para cobrar retenciones a las exportaciones: bajan los precios de la comida en Argentina. No parece necesario argumentar que esto es muy importante en nuestro país, empobrecido y hambreado.

El argumento vale para cualquier uso alternativo del suelo de la pampa húmeda. ¿Qué nos afecta a nosotros el altísimo precio de la soja si (casi) no comemos soja? Nos afecta en que en lugar de producir trigo, por ejemplo, los campos producirán soja, habrá menos trigo, tanto menos hasta que su rentabilidad se aproxime a la del campo de soja. El precio del trigo aumentará, entonces, de modo proporcional al aumento del precio de la soja. La retención a la soja nos baja el precio del pan.

Lo que conseguimos aquí es separar la cotización internacional de los granos de los precios internos.

¿De qué otro modo podríamos conseguir el objetivo de separar el precio internacional del interno en alimentos?

En los años ’30 del SXX se constituyó una “Junta Reguladora de Granos” con funciones relativamente limitadas. Durante el primer y segundo gobiernos de Juan Domingo Perón el IAPI (Instituto Argentino de Promoción del Intercambio) centralizó todo el comercio exterior. Estableció precios sustentables para los productores y para los consumidores argentinos.


Otro mecanismo podría ser establecer distintos tipos de cambio, por ejemplo, uno comercial, otro financiero, otro turismo. Claro que aquí no sería posible discriminar entre productos con muy diferentes estructuras de costos y competitividad internacional.

Y aquí nos acercamos a los planteos de uno de los más lúcidos intelectuales argentinos, Aldo Ferrer. Lamentablemente se nos fue en 2016, quizás con pocas ganas de ver lo que se venía. Lo dejó por escrito. En sus últimas intervenciones públicas le pedía a Macri que no searrodille ante los buitres. Pobre ángel.

Ferrer pasó parte importante de su tiempo los últimos años de su vida intentando hacernos comprender que las retenciones a las exportaciones de granos no eran, principalmente, un problema “de apropiación de renta”. Lo que allí se definía no era fundamentalmente cuánto recaudaría el Estado, antes y más importante que eso, cuando se discutían las retenciones se decidía QUÉ PRODUCIRÁ Argentina.

Soñaba un país con “densidad nacional” basado en una estructura productiva diversificada. Y para que hubiera diversidad debían ser rentables las distintas actividades que se realizaban. Y para ello, los sectores que tienen ventajas comparativas deben tener un tratamiento distinto de aquellos en los que esa ventaja hay que crearla. Las retenciones son una herramienta ideal para esto.

Veamos.

¿Se puede producir soja? Por supuesto. Con un dólar de $20 seguiría siendo rentable porque la feracidad de la pampa húmeda es única en el mundo. Entonces se puede producir muy rentablemente soja con un dólar a $ 87,25 y pagar una retención del 50, del 60% y aun así ganar plata. Buena plata.

¿Se puede fabricar acoplados y semirremolques con un dólar a $87,25 o serán más baratos los acoplados y semirremolques importados de Brasil u otros orígenes? Y, allí hay que ver. Si no hay regulación del comercio exterior, Argentina no podrá fabricar acoplados porque será más barato importarlos. Si llegaramos a conseguir exportar remolques, que es vender trabajo argentino al exterior, de ningún modo tendríamos que ponerle retenciones.

Ferrer quería que produzcamos soja (industrializada lo máximo posible) pero también que nuestra industria metalúrgica haga remolques (uso este caso como ejemplo aleatorio de la diversidad productiva). Es más, una de las propuestas de Ferrer AAM (Antes del Apocalipsis Macri) era desarrollar una fábrica estatal de autos, como punta de lanza de desarrollos tecnológicos en áreas diversas, un auto íntegramente argentino (eventualmente, íntegramente Mercosur).

Aquí hay una tercera razón para poner retenciones: construir una Argentina con una industria posible, con diversidad productiva, en que todas las actividades sean razonablemente rentables.

¿Queremos una Argentina pastoril y colonial, con una producción primarizada extractivista o queremos, además de lo que nos ofrecen nuestras ventajas comparativas, una industria pujante, con tecnología vernácula?

Por supuesto, toda esta discusión se da en un marco político en que lo que se juega es también quién manda, y los sectores del privilegio no se resignan al poder democrático.

domingo, 17 de enero de 2021

El problema hermenéutico de los presos políticos

 

Por: Carlos Almenara

Mendoza, 15 de enero de 2021

 

La historia es bien conocida. En cada país con singularidades, especificidades, el mecanismo llamado “lawfare” ha sido utilizado por Estados Unidos y oligarquías locales para horadar, derrocar o evitar el ascenso de partidos o líderes populares. El sistema consiste en el uso de los grandes medios de comunicación social para instalar discursivamente una defección, normalmente un acto de corrupción de algún dirigente que quieren descalificar, luego jueces o diputados la toman como cierta y avanzan en la demolición. La clave es que, en cada caso, buscan un cambio de régimen; el resultante siempre se alinea incondicionalmente con Estados Unidos. Temer puede haber sido el vicepresidente de Dilma Rousseff pero el golpe implicó un realineamiento geopolítico de Brasil.

En los tiempos más recientes el ciclo comenzó en Honduras con el golpe a Manuel Zelaya, más parecido a los tradicionales pero con intervención de los medios y el Parlamento, luego siguió reiteradamente por Bolivia, Paraguay, Brasil, Ecuador, Argentina. Venezuela, recibió de estos, de los otros y de todo lo que pudieron tirarle.

Esta interpretación tiene un abismo de distancia con los promotores de la persecución política, esos que pusieron todo su esfuerzo en legitimar argumentalmente sus imposiciones y no están dispuestos a regalar así como así semejante tarea.

¿Pasó antes esto?

¿Qué es esto? Esto es la imposición de un relato ilegítimo e ilegal que debe reencausarse en algún régimen de legitimidad y legalidad.

Sí, pasó. Pasó a la salida de las dictaduras setentistas, en los ochenta del siglo pasado.

¿Cómo se resolvió?

Algunos países aplicaron regímenes más o menos ambiguos de amnistías. Argentina tuvo idas y vueltas, finalmente consolidó un inconcluso camino virtuoso en ambos términos, legitimidad y legalidad.

Para poder avanzar lo que se avanzó en Argentina hubo que caracterizar el régimen como ilegítimo y genocida, determinar la imprescriptibilidad de sus crímenes y aun así la totalidad de los empresarios que participaron del mismo quedaron impunes. Ni hablar de que nunca pagaron con el patrimonio que recibieron fruto de los actos de aquellos gobiernos. Patrimonio que condicionó y condiciona la etapa democrática.

Eso mismo está en juego ahora. Quizá con peor pronóstico, depende de nosotros.

Cuando Alberto Fernández dice “no hay presos políticos sino detenidos arbitrarios” da una respuesta política que excede largamente la injusta cárcel de Milagro, Luis D’Elía, Amado Boudou y tantos más. Da una respuesta al abismo de legalidad y legitimidad que fractura a la sociedad argentina.

Podemos tomar miles de casos, quizás decenas de miles. Cualquiera. Nisman, por ejemplo. No hay diferencias de criterio. Quien dé por válida la versión del macrismo y Clarín del comando iraní venezolano entrenado en Cuba que “mató” a Nisman no está dando una interpretación de los hechos. Es otra cosa. Es asumir que frente al enemigo todo vale para enfrentarlo, para encarcelarlo, para torturarlo o matarlo como también hicieron durante el gobierno de Macri. No es necesario respetar el debido proceso ni siquiera es menester cumplir cánones de lógica y falsación.

Pongamos el caso Gils Carbó. ¿Cómo vamos a describir las amenazas que recibió su hija a partir de que Clarín publicó su teléfono? Ese hecho precipitó su renuncia. Los cientos de titulares, miles de notas de radio y televisión hostigando a la procuradora de la Nación...

Pongamos el caso del secuestro del senador Pais por parte de Lorenzetti para poder echar al juez Freiler con una mayoría ocasional (fruto del secuestro) en el Consejo de la Magistratura.

Allí, en todos estos casos, participan medios, periodistas, embajadas, empresarios, jueces, fiscales y políticos. Todos complotados en términos ilegales e ilegítimos.

El problema es la adscripción a uno de los sistemas hermenéuticos. Se puede hacer profesión de fe por Magnetto y eso es validar la idiotización y esclavización del género humano; o se lo puede combatir.

No hay ninguna “ancha avenida del medio”. No la hay por razones paradigmáticas, sistémicas. No depende de la “buena voluntad” de los actores.

Entonces, la salida elegante de los “detenidos arbitrarios” es decepcionante porque no tiene solución. Pero también es insostenible porque la dinámica de la situación requiere la confrontación hermenéutica. Uno de los dos regímenes de verdad se impondrá. Otra vez, no depende del pacifismo de los enunciadores.

Ni en Argentina, que fue el país que más justicia hizo con su dictadura, pudimos horadar el sistema de la dictadura. Seguramente ahora pasará lo mismo. Pero será imposible cualquier régimen legal y legítimo con hechos aberrantes a la luz pública, hechos como que el periodista Daniel Santoro extorsione, por Clarín, a empresarios para sobornarlos, hechos como que Majul soborne con un ministro nacional a testigos de causas importantes, y decenas más.

Es el mismo combate hermenéutico que explica que más allá de toda propedéutica periodística, de cualquier mínimo rasero de respeto, de todo compromiso con una ética de la comunicación social, una pluma de Clarín entreviste al presidente y escriba una crónica de sus propias impresiones.

Es que Clarín hace años tiene claro que está en guerra contra el pueblo argentino. Como siempre la pregunta refiere a qué hacemos nosotros al respecto.


jueves, 7 de enero de 2021

ESPARTA

 

Esparta. Dirección: Egor Baranov. Guión: Ilya Tilkin. Sreda Producciones. Rusia, 2018.

Por Carlos Almenara. Mendoza, 08/01/2021

San Petersburgo, Rusia. Un colegio secundario, aparentemente privado, con alumnos de distintas clases sociales, también populares. Una mujer cae de una ventana de lo que podría ser un segundo o tercer piso. Muere. Es profesora.

Se abren todas las posibilidades del policial. Igor Kryukov (Artem Tkachenko) deberá resolver el caso. ¿Fue un suicidio? Todo parece señalarlo. El colegio, sus jefes en la policía y otros poderosos locales quieren un rápido cierre. Suicidio.

Kryukov (Artem Tkachenko)

En uno de los saltos temporales, que constituyen uno de los pocos puntos flacos de la trama, nos enteraremos que la búsqueda de Kryukov es también un exorcismo de sus propios fantasmas. Su esposa se suicidó en un incierto pasado próximo tirándose al vacío. Un caso, en apariencia, idéntico al de Anastasia Istomina. Kryukov tuvo un ACV que dejó una leve secuela pero amenaza repetirse.

Las pesquisas del investigador muestran que el curso del “undécimo” del colegio es una especie de cofradía que esconde misterios y un funcionamiento muy especial. A la vez que destacados estudiantes, “los mejores del distrito”, su comportamiento cómplice permite adivinar secretos compartidos.

Esparta, Sparta o S’parta es un juego de “realidad virtual” en etapa de desarrollo. Los especialistas de marketing de la compañía decidieron implementar una metodología de investigación audaz. Para el desarrollo de los atributos más atrapantes del videojuego realizarían un estudio etnográfico participante con adolescentes. Efectivamente, con acuerdo del director, el undécimo será el curso que como “Informática” participará del experimento que se completa con un “infiltrado” en el curso.

¿Dentro o fuera del juego?

Esparta nos asigna un avatar, que somos nosotros mismos. Allí podemos hacer cualquier cosa, dar rienda suelta a cualquiera de nuestros deseos ocultos. Podrá ser moler a palos a un padre molesto, hacer striptease ante miradas deseantes o saltar de un piso alto de un edificio, según los estados de ánimo de los adolescentes. Aunque desconocemos detalles de la lógica del juego sabemos que es inmensamente adictivo y que no es anárquico, se rige por una estructura de reglas y poder que encumbra a un líder. ¿Cuando pegamos con bate estamos dentro o fuera del juego?

Mikhail Barskovskiy (Alexander Petrov)

Sumergirse en la realidad virtual puede producir cambios en la personalidad, como explica Misha, líder de la división, para dar cuenta de cómo Shorina, que antes soportaba abusos sin poder hablar, ahora es capaz de... de...

Los estudiantes son destacados y disciplinados. Su lider, Mikhail, ordena las prioridades, diseña los planes, convoca a las reuniones, socializa las reglas. Un órgano aceitado al que nada puede detener, al que nadie puede oponerse o será devorado. Un comando que tendrá estrategia contra todo enemigo real o potencial.

El discurso que al que nadie tiene derecho

“La humanidad está enferma. Ha acumulado una carga genética. Es como una pila de basura de mutaciones dañinas, anomalías genéticas y enfermedades. Provocó un incremento irreversible del número de discapacitados y miembros inútiles de la sociedad. Muchas veces, las mejores mentes de la humanidad han sugerido métodos curativos para deshacerse de esta carga. Pero cada vez, la gente que se cree humanista arruinó esta selección natural esencial. La carga aumenta. La medicina ayuda a quienes deberían morir y salva a los que por defectos genéticos, no deberían haber nacido. Pero en los inicios de la humanidad las naciones más fuertes emergieron en lugares donde prevalecían leyes naturales duras y a veces crueles, pero justas. Por ejemplo, Esparta. Allí, se tiraba al abismo a los bebés deficientes. Esparta sigue siendo un ejemplo de una sociedad justa, fuerte e invencible.

Platón decía que los bebés deficientes o los que eran hijos de padres deficientes no merecían crecer. Y no se debería tratar médicamente a los deficientes. Lo dijo en La República.

En 1920, el primo de Charles Darwin, llamó a estas creencias “eugenesia”. En resumen, dice que deberíamos ejecutar a los discapacitados.

Creo que la gente que no merece vivir debería ser ejecutada. Por ejemplo, la gente que nace con deficiencias o enfermedades, como parálisis cerebral, son inútiles para la sociedad. Gastamos demasiado dinero salvándolos.”

¿Qué hacemos con esto?

¿Y si una estrategia nazi puede ser llevada a cabo para formatear la cabeza, los juegos, el modelo de sociedad, de millones de adolescentes que se ponen un casco y viven un mundo que no pueden separar claramente del real?

¿Y si, por complicidades del poder real, por errores, por falencias, por cobardías, fuera imposible hacer justicia?

¿Si los crímenes del nazismo quedan impunes?

No es una abstracción. No es un punto en el pasado. El presente nos desafía con un resurgir neonazi a través de estrategias propagandísticas goebbelianas en personajes de la calaña de Trump, Bolsonaro o Macri.

¿Y, entonces, qué hacemos?

¿Tiene Rusia algo para decirnos? Ya lo hizo, cuando era la URSS en la “Gran Guerra Patria”. La tierra de los inviernos crueles y redentores. De los soviets y los obreros revolucionarios. Ya venció a Hitler.

¿Tiene Kryukov una respuesta posible? ¿Puede un agente discapacitado, golpeado por vida y por el poder, decirnos cómo enfrentar el influjo nazi?

El Episodio 8 de Esparta reabre una discusión que ya fue abierta muchas veces.

P.D.: ¿Cómo se dice actriz y cantante famosa, ídola de las adolescentes en ruso? Natalia Oreiro.


viernes, 27 de noviembre de 2020

El auténtico representante

 

Por: Carlos Almenara

Conmovido por la muerte Diego, superando la inicial incredulidad, porque ¿cómo podría morirse Maradona?, me propongo pensar en voz alta sobre este ser tan único y su impacto en nuestras vidas.

Todo lo dicho aquí está hecho con un alto grado de provisoriedad y de respeto. Por respeto y también por cariño intentamos entender estas extrañas cosas que pasan y que nos pasan con el astro.

¿Qué me importa Diego Maradona?

¿Cómo puede un futbolista convertirse en ídolo? ¿Catalizar los afectos, las emociones, los amores? ¿Cómo puede encarnar esperanzas y expectativas de cientos de miles? ¿Cómo es posible que cualquier argentino o argentina sepa de qué se trata la charla cuando aparecen en este orden los nombre “Dalma y Gianinna”?

Evidentemente Diego es la intersección de muchos mundos, algunos de los cuales lo trascienden. Uno de ellos es la espectacularización del deporte, la televisión y el gigantesco negocio global que, en el caso del fútbol, lidera la FIFA.

El juego, no sólo el fútbol, flexibiliza sus reglas adecuándose a la lógica de las pantallas y el negocio. Hoy parece un anacronismo inentendible contar que los campeonatos se jugaban los domingos a la misma hora. Sí, todos los partidos a la misma hora y la TV decidía cuál pasaba. Actualmente los aficionados no entienden cuando le solapan partidos.

El anterior es sólo un caso, de los cientos, que pueden mostrar la adecuación del deporte al espectáculo. Que tiene muchas otras facetas. Una de ellas la individuación, construcción del héroe deportivo.

El espectáculo no quiere equipos, quiere estrellas. Y las construye.

Esta lógica hizo que Maradona, que igualmente hubiera sido Maradona, se convirtiera también en una estrella. Y la estrella en un símbolo para millones, decenas de millones, cientos de millones, miles de millones de consumidores del espectáculo global del fútbol.

Un símbolo es un significante al que los públicos asignan evocaciones, significados, atributos. Eso es Maradona, uno de los mayores símbolos ¿de los argentinos? ¿de la argentinidad? ¿del sur? ¿del fútbol?

¿Cómo Maradona pudo ser Maradona?

No soy biógrafo de Diego, armo deducciones con datos sueltos. O no tan sueltos, cualquier argentino sabe más de la vida de Maradona que del vecino de a la vuelta.

El día previo a escribir estas líneas escuché a Adrián Paenza contar que preguntó a Maradona “¿en qué momento te diste cuenta que eras distinto, que te destacabas del resto de tus compañeros?”. No obtuvo respuesta.  Recordé a Diego en una entrevista presumiendo de las habilidades futbolísticas de su nieto Benjamín. El periodista, le pregunta, -¿vos hacías lo mismo a edad? Él, apesadumbrado, como en una confesión, dice –sí, yo también las hacía. No cuesta nada creerle.

Seguramente por eso no respondió a Paenza, porque le sería imposible responder sin parecer un presumido. Siempre supo que era distinto. Nació con una pelota en los pies. Cualquier registro de su infancia o adolescencia, lo muestra ¡desde entonces! totalmente seguro y convencido de su destino. – Mi sueño es jugar un Mundial. Y después ganar un Mundial. Dicho por un niño del que uno no dudaría ni un segundo que habla absolutamente en serio.



Maradona se supo desde niño un predestinado. Se supo el dueño de la pelota. Él siempre supo que con la pelota haría lo que quisiera. Podía verlo, sentirlo. Nunca tuvo ninguna duda, ni él ni nadie que lo viera jugar, sobre esa diferencia por la que preguntaba Paenza.

Solo alguien predestinado, que se sabe predestinado, no por misterios místicos sino porque ve que jugando, divirtiéndose, con la pelota puede hacer lo que nadie más, solo alguien así puede ser tan auténtico como Diego.

Y seguramente su familia y seguramente su barrio le devolvieron la mirada que lo confirmó. El héroe de Fiorito supo desde niño lo que sería también porque su gente, la gente de Fiorito, le confirmaba en su mirada lo que él ya sabía que sería.

¿Cómo no llevar Fiorito como estandarte?

La representación

La teoría política reconoce dos grandes paradigmas de representación. Representación, re – presentar. Traer al aquí y ahora lo que no está aquí y ahora.

La representación por delegación, tan extendida en las democracias. La voluntad popular se “hace presente” a través del diputado, por ejemplo, votado. No vamos a entrar en otras cuestiones sobre la naturaleza de esa delegación.

Pero también hay otra representación, la representación como espejo. Representa quién es “uno de nosotros”. Típico de minorías y sectores que sufren algún tipo de discriminación, representa alguien que ES de los nuestros. No se plantea ningún mandato.

Diego fue, desde siempre, el auténtico representante. De Fiorito, pero no solamente.

Así en el fútbol como en la vida

Preguntamos más arriba cómo era posible que cualquier argentino sepa a quiénes nos referimos con Dalma y Gianinna. O Don Diego y Doña Tota.

Por supuesto, uno se ve tentado a analogar la situación a cualquier fenómeno de la farándula. Se podrá argüir que conocemos otras familias de famosos.

Decididamente creo que son casos cualitativamente disímiles. Diego mostró siempre a su familia, con orgullo, son los míos y yo soy el héroe, soy quien tengo la magia de la pelota y en quien ellos depositaron su mirada. Sí, yo soy de ellos. Soy eso. Eso me hizo. Eso soy. No puedo ser otra cosa que su representante. No puedo ser otra cosa que yo mismo. No puedo no ser auténtico. Y no puedo ser cobarde, el destino me espera, soy el campeón de Fiorito.

Y Fiorito será luego el Sindicato de Futbolistas, serán causas nobles, grandes o chicas. Será denunciar la corrupción en la FIFA o abrazarse con Fidel. Fiorito será el NO al ALCA o los inolvidables programas en TeleSUR.

Ese es Diego. Único. Radicalmente único. Así jugó al fútbol. Jugó al fútbol como representó a los futbolistas. Por eso fue un líder en la cancha y por eso es tan difícil remplazarlo en la Selección.

Se equivoca Macron cuando afirma que “sus visitas a Fidel Castro y Hugo Chávez tendrán el sabor amargo de la derrota; es en la cancha donde Maradona hizo la revolución”. Es cierto que Maradona hizo una revolución en la cancha, esa revolución en la cancha es la revolución de Fiorito, de Fidel y de Chávez.

Ese fue también un recorrido que hizo Diego. Llegar de Fiorito a Chávez, una gradual toma de conciencia emancipadora. Los pobres, los de abajo, los de Fiorito, necesitamos nuestro camino político, el camino del sur, de la irreverencia, del orgullo, de la igualdad radical. Esa igualdad que en un potrero, al final de cuentas, nos pone cara a cara, del country o de la villa.

El símbolo que ahora nos falta

Él no le preguntó a nadie. Nadie necesitó pedirle que “hablara por ellos”. Una creciente claridad de cómo se traducía esa identidad en proyectos políticos. Metido en el corazón del show business, allí donde se fabrican sueños estandarizados, disciplina y conformismo.

¿Cómo, dónde, podemos encontrar fragmentos para reconstruir luchas sociales y políticas que pongan coto al anarco capitalismo feudal que amenaza destruir el planeta y buena parte de su población? Esa es la pregunta que se actualiza con la partida de Diego.

Todo el tiempo pasan cosas. Este año las luchas sociales estadounidenses, el movimiento de “La Vida de los Negros Importa” y el alineamiento cuasi unánime de la NBA, el activismo del campeón de Fórmula 1 Lewis Hamilton en el mismo sentido, fueron refrescantes acontecimientos. Claro que son muy de otras latitudes.

No podemos contar con otro chico que nazca con la pelota pegada al pie, como Diego, Aunque si viene, tanto mejor.

Además de nuestro/nuestros héroes, en clave de espectáculo, podemos apostar a lo colectivo, grupal. Por caso, la historia de la mayor parte los clubes sociales contiene maravillosas memorias de trabajadores, socialistas, anarquistas, peronistas, sindicalistas, que se unieron con un proyecto, un horizonte, una cierta utopía.

Vale regocijarnos de haber evitado que Macri impusiera su proyecto de Sociedades Anónimas Deportivas pero mejor aún es reconstruir el mejor pasado y el espíritu con que se forjó.

No hay futuro, no hay destino, sin proyecto, sin ese impulso vital que nos estimula a zambullirnos en lo real para hacer algo mejor. Y nada será mejor si no es mejor para todos.

Siempre estuve convencido que para ser un gran artista hay que tener algo que decir y ese algo debe estar a la altura. Es cierto, el artista puede hablar de sí mismo y es una característica muy propia de estos tiempos, el narcisismo. Para mí es mucho mejor cuando la obra nos interpela sobre la realidad que compartimos.

La mirada

Diego siguió una senda crecientemente emancipadora. Las lecturas no son autoevidentes. El camino de Fiorito a Chávez, además de Diego, tuvo que ver con miradas que dieron sentido al derrotero, que sacaron la acción del héroe del anecdotario de la farándula para inscribirlo en los rumbos de la liberación nacional y social.

Tuvimos suerte. Quienes nos contaron a Diego también construyeron a Diego.

Así, necesitamos, entonces, más poesía, más arte, más perspicacia, más música para contar bellamente las infinitas cosas simples de las que estamos rodeados, cada una de las cuales demuestra palmariamente que la igualdad no solo es deseable sino que su ausencia es, sencillamente, insoportable.

Mendoza, 27 de noviembre de 2020.

 


domingo, 1 de noviembre de 2020

Más allá del HERMANO

 


Por: Carlos Almenara

El libro de Santiago O’Donnell en base a los relatos de Mariano Macri ha causado un bien merecido impacto en la opinión pública.

Ya habrá descubierto el/la lector/a, o las irá descubriendo a medida que se difundan más, las escandalosas revelaciones delictivas, éticas y políticas que contiene. En la propia clave del hermano ratifica todo lo que el periodismo ha informado y agrega información que amerita la apertura de múltiples causas judiciales.

En propias palabras de Mariano, un psicópata, el mentiroso más grande, el mayor hijo de puta que jamás haya conocido. Estoy seguro que Mauricio Macri es aún mucho peor de lo que lo describe su hermano, pero la pregunta relevante no es ¿cómo es Macri?, cosa que es bastante evidente; la pregunta relevante es la que hace Víctor Hugo: ¿cómo nos pasó Macri?

Porque si entendemos cómo nos pasó, entenderemos por qué un criminal semejante pudo llegar a la presidencia. Porque aunque Macri es todo eso, antes nos pasó Videla, nos pasaron otras dictaduras, nos pasó el empobrecimiento planificado del pueblo, la destrucción del estado nacional.

La reflexión política suele orientarse a la personalización, mucho más cuando está mediada por la pantalla, pero los individuos son sólo una parte de la causalidad de los acontecimientos.

Es decir, no podría haber habido un Macri si no hubiera un Clarín.

Es imposible sostener las condiciones de posibilidad de un discurso, avalado con los hechos, de daño popular, de deterioro del salario, de desempleo, de pobreza y miseria masivas, sin la campaña de alienación y manipulación de masas liderada por Héctor Magnetto.

Por supuesto, el general Magnetto no estuvo solo. Cuenta con su ejército, tropa que hoy le sigue reportando, conformado por jueces, fiscales, cámaras empresarias, sindicatos, potencias extranjeras y mucho más.

En ese sentido, Mauricio Macri no es un perverso, no es un psicópata, es su mejor jugador. A pesar de lo encandilados que están con el negociante inmobiliario de Capital Federal no será fácil empardar a Macri.

Como dice Mariano, hay que ser el mayor hijo de puta que uno haya conocido para viabilizar el proyecto del horror, el proyecto de la dictadura con nombre de república, el mayor saqueo conocido con nombre de transparencia, y todo dicho con palabras estudiadas sin elevar el tono, ademanes tranquilos y tomando clases de foniatría.

Es que el horror que muestra HERMANO solo tiene en Mauricio Macri una cara que lo personaliza pero lo verdaderamente terrorífico es el proyecto que lo excede.

El pacto democrático implícito con que salimos de la dictadura genocida permitió, con idas y vueltas, finalmente gracias al coraje de Néstor Kirchner, juzgar ejemplarmente a los responsables operativos. Juicios con todas las garantías del estado de derecho. Sin embargo nunca pudimos enjuiciar a los grandes beneficiados e instigadores, nombres como Magnetto o Blaquier.

Ese fue el poder al que la democracia no pudo entrarle. Es el mismo que la condicionó y la condiciona. Es el poder que quiere derribar el gobierno actual.

A Macri lo van a tirar como tiraron a Videla. Y levantarán algunos muñecos de ocasión. Seguirán utilizando todo lo que robaron con ese gobierno ilegítimo para hostigar y condicionar la democracia.

 ¿Volverán a quedar impunes por sus crímenes?

¿Seguirá intacta la verdadera cara del horror?

 

Mendoza, 1 de noviembre de 2020.

miércoles, 23 de septiembre de 2020

Algunas cuestiones sobre el dólar

 


Por: Carlos Almenara

23 de setiembre

 

Vuelve a ocupar gran espacio en las noticias la cotización del dólar.

Veamos algunas cuestiones acerca de la discusión económica del tipo de cambio.

¿Es el precio del dólar importante?

Sí, lo es. Es un precio clave. Determina la relación entre la competitividad interna con la del resto del mundo. En primera instancia el precio del dólar afecta la balanza comercial, es decir, las exportaciones e importaciones.

En general, se observa que los países más desarrollados intentan promover las exportaciones, pues elaborar esos bienes genera riqueza y trabajo en su territorio, y desalentar las importaciones, pues el trabajo que se genera en su territorio lo trasladan a otros países.

Esto no es siempre así. Hay una ideología, la del libre cambio, que argumenta que es mejor importar de quienes poseen ventaja para enfocar nuestra producción en lo que nuestro país tendría ventaja.

No casualmente, sino causalmente, la ideología del libre cambio es más aplicada en los países subdesarrollados. Es harto conocido y evidente que Estados Unidos, Unión Europea, China, o casi cualquiera de las economías pujantes no se despreocupan de sus exportaciones ni de sus importaciones. Hay roles muy activos de los Estados en las regulaciones comerciales.

El libre cambio se difunde como ideología una vez que Reino Unido desarrolla la “revolución industrial”. Consigue una ventaja con respecto al resto del mundo en la industria textil y naval, y necesita mercados. Entonces, economistas británicos como Adam Smith y David Ricardo teorizan las bondades del intercambio sin barreras.

El libre cambio ha sido siempre eso, una ideología útil, eventualmente, en alguna circunstancia, para los países centrales.

Lo vemos hoy de nuevo. La Organización Mundial del Comercio, en gran medida creación estadounidense, hoy es desconocida por Trump. Si no es conveniente al imperio, se acabó el libre cambio, los acuerdos internacionales y lo que sea necesario.

¿Y en Argentina?

En Argentina esta discusión es la cuestión central desde el comienzo del país. Desde la colonia y desde el advenimiento nacional, desde las guerras entre unitarios y federales, hasta la inmigración, los sindicatos o el peronismo. Todos los procesos densos de nuestra historia estuvieron cruzados por este dilema. ¿Qué dilema? El asunto de si hay una industria argentina. Que en un punto es idéntico al dilema del libre cambio. Sólo hay industria en Argentina si no hay libre cambio, o no lo hay plenamente.

Es representativo el gaucho del Siglo XIX ataviado con un vistoso poncho… made in Manchester. Con lana argentina. No es invento, ni especulación, es lo que pasó en la segunda mitad de ese siglo como regla.

Por supuesto las hilanderías británicas eran sustancialmente más eficientes y productivas que los talleres artesanales tucumanos o cordobeses.

Argentina padeció el triunfo de Buenos Aires, la ciudad del contrabando, que fue su rol durante la colonia. A esa burguesía comercial contrabandista no le interesaban los talleres para abastecer el mercado propio, sino, al contrario, representar, convertirse en distribuidor, del fabricante extranjero, mayormente inglés.

¿Y esto qué tiene que ver?

Esto mismo es lo que pasa hoy.

Macri, además de dejar el país en default, de fugar U$S 86.000 Millones, de haber endeudado en más de U$S 130.000 Millones, batiendo récords de montos y tiempos, de destruir la economía, dejó el Banco Central sin reservas. Destruyó las regulaciones y mecanismos de control que fiscalizaban que los exportadores liquidaran las divisas (trajeran los dólares).

No había dólares. No hay dólares.

¿Y para qué hacen falta dólares?

Aquí las respuestas son alternativas. A Macri le hacen falta dólares para fugarlos. A Alberto le hacen falta dólares para iniciar un proceso de industrialización.

¿Qué es esto de la fuga?

Ciertamente, hay una dimensión cultural en la clase media que ha incorporado el dólar como “reserva de valor”, moneda en la que ahorra. Más que ello incide la voracidad de una burguesía y una oligarquía que ganan inmensas fortunas en el país. Pero hay un problema: las ganan en pesos. Y si ellos no las pasan a verdes y se la llevan no les luce.

Ese fue el rol cipayo, colonialista, vendepatria, de Macri. Vaciar de dólares Argentina fue atentar contra las chances presentes y futuras de un desarrollo nacional.

Así, el hiperendeudamiento de Macri sirvió para dolarizar carteras que se iban del país. Adicionalmente, el mecanismo de fuga propiciaba fuertes devaluaciones. Las devaluaciones depreciaban el valor de los salarios en dólares, que siempre fue un objetivo confesado de Macri: hambrear a los argentinos.

Tan fracasado y ruin es el vendepatria que terminó poniendo él mismo el cepo que dijo venir a eliminar.

Alberto necesita dólares para pagar las importaciones necesarias para el despegue industrial. Como no hay, no se puede destinar los pocos que entran a la fuga o al ahorro, por ello se desdoblan los tipos de cambio.

Siempre estuvo claro en la teoría, y también en la realidad, e igualmente se corroboró ante las estafas del macrismo, que el dólar que vale para el consumo es el oficial. Prat Gay, el albacea de Fortabat y primer devaluador de Macri, sostuvo que los precios internos estaban calculados a un dólar de $ 14 cuando el oficial estaba a $ 9,60. Y devaluó. Y esa devaluación al poco tiempo estaba trasladada a precios.

Eso es lo que evita el ministro Guzmán. Que los trabajadores argentinos paguen los alimentos y el resto de sus consumos más caros. Para ello necesita que no se le escapen los dólares que entran.

¿Qué pasa si se devalúa?

Claramente se traslada a precios y los salarios pierden. ¿Aumentan las exportaciones? En general habría que esperar que sí pero en Argentina esa relación se ha mostrado relativamente inelástica. Tiene que ver con que los sectores más dinámicos del país ya están exportando a pleno y una mejora en las cotizaciones no se traduce en un aumento de la producción. La agricultura no puede expandirse más.

Una devaluación, entonces, ajustaría a la población, no mejoraría sustancialmente en el corto plazo las exportaciones y sí haría caer las importaciones.

La reprimarización profunda que se operó bajo el macrismo es un daño brutal al patrimonio económico y cultural. Llevará años reconstruir las industrias.

¿Por qué hicieron tanto daño?

Están las explicaciones evidentes y válidas: ganaron fortunas.

Me interesa agregar que hace tiempo, existen una serie de “justificaciones” que ofrecen una pátina de buena conciencia a los ganadores del modelo. La idea de que el beneficio propio es beneficioso para el conjunto se refuerza con el mito de la autorregulación de los mercados (llamada ley de Say). Lava las culpas de la destrucción depositando la fe en que la riqueza y el trabajo perdido serán suplantados en el corto o en el largo plazo por trabajos más eficientes.

Este es el mayor mito de la economía ortodoxa. El que hay que buscar detrás de los crímenes del macrismo en particular y de la derecha en general. La cantinela de que el mercado premiará a quienes trabajan bien y que serán los que se impongan. Por supuesto, no pudieron ni podrían verificarlo en la realidad.

La cuestión no es el cepo. Es el modelo de país. Una colonia pastoril con una casta oligárquica al mando; o un país pujante, con industria, trabajadores y Estado luchando soberanamente por un lugar de dignidad y un piso de derechos.

jueves, 27 de agosto de 2020

Pasó ayer nomás

Por Carlos Almenara

Ayer nomás veíamos que no había plata suficiente que comprara los insumos sanitarios necesarios para enfrentar el COVID. Los hechos más impensados, ocurrieron. Estados nacionales confiscaron, incautaron, todo tipo de insumos útiles. Incumplieron los tratados internacionales. Llegaron a apostar agentes de inteligencia en aeropuertos para sobornar a los exportadores y transportistas de barbijos para que los cargamentos cambiaran de destino.

Los países más ricos vieron hospitales desbordados, tenían plata pero no respiradores ni médicos. Camiones militares transportando cadáveres en la noche para que no los vieran. Fosas comunes.

La teoría económica ortodoxa sostiene que los mercados autorregulados, mediante el sistema de precios, son los que mejor asignan recursos. Es evidente, el postulado fracasó. A la hora de la verdad fue más efectivo un grupo de policías de un Estado determinado, un soborno, o “una oferta que no se puede rechazar” que los mercados competitivos. El fracaso de este precepto podemos constatarlo este mismo año. Si la economía aspirara a ser una ciencia, siendo que las ciencias fácticas se fundan en la validación con la realidad, el dogma de los mercados autorregulados como el summum para asignar recursos debería descartarse definitivamente.

Pero como sucede una y otra y otra y otra vez, vuelven a la carga.

Y los vemos ahora diciéndonos, con el mismo sonsonete que de costumbre, sin dar cuenta de ninguno de sus fracasos, independientes de la realidad, que la regulación de internet resentirá la inversión, que empeorará el servicio y toda otra falacia que les venga a la mente.

Una vez más, no es así. No hace falta ser un economista de academia para verificar que los servicios son malos, caros, que la competencia es, en el mejor de los casos, reducida, y que las empresas tienen ganancias exorbitantes.

Y también se refuta teóricamente. Tanto como se refuta la economía ortodoxa.

Que las empresas ganen plata, ¿qué tiene que ver con la inversión? Si les bajan impuestos y ganan más plata ¿van a invertir más?

La economía ortodoxa tiene una respuesta categórica: sí, por supuesto. ¿A quién podría ocurrírsele otra cosa?

La verdad es que NO. Que bajen los costos y los impuestos a las empresas sólo quiere decir una cosa: el empresario ganará más, pero eso no tiene ninguna relación necesaria con que invierta más.

En condiciones monopólicas o cuasimonopólicas, es el caso, la misma teoría ortodoxa reconoce que hay precios caros (superiores a los de mercado competitivo) y consumidores no servidos. ¡La misma ortodoxia admite la conveniencia de regulación y precios máximos para alcanzar mayores niveles de bienestar social expresado en más producto a menor precio!

No cabe ninguna duda que el acceso a las comunicaciones mejorará con la aplicación del Decreto 690/20. Lo hará porque la fiscalización, siempre que no sea cooptada por las mismas empresas prestadoras, permitirá prestaciones más universales a precios más accesibles. Las empresas invertirán más si se les exige que lo hagan, no de otro modo.

Párrafo aparte, mezcla de añoranza, reconocimiento a su resiliencia a pesar de la pesadilla neoliberal y esperanza de futuro, merecen las Cooperativas que fueron pioneras en los servicios de TV por Cable y comunicaciones. Una política que promueve más servicios bien vale la promoción de nuevas Cooperativas que los presten.

AYER NOMÁS