Las declaraciones de Patricia Bullrich el día
27 de abril acerca de que le “podríamos haber entregado Las Malvinas a Pfizer”
es uno de esos hechos por los que uno dice “paremos el mundo”. Es absurdo que
el orden de las cosas siga igual después de eso, aunque en realidad no debería
sorprendernos.
El desprecio, la burla a millones
de argentinos, a valores compartidos, a himnos cantados y actos realizados en
los patios de las escuelas, el flagrante y descalificante agravio a la
Constitución que debería inhabilitarla a la participación política, son parte
de un pensar un sentir de la derecha que tiene tradición y novedad.
Por supuesto, el cipayismo, el ponerse
al servicio del imperio colonial, está en el ADN de los sectores oligárquicos
en Argentina. El desprecio por el pueblo, el desdén por el territorio, el favor
al poder extranjero si es europeo o estadounidense, es tradición pura en la
derecha.
Lo que dice Bullrich tiene todo
ese acervo pero tiene también novedad. Es expresión cabal del macrismo en este
sentido. El macrismo fue (es) la derecha tradicional pero también cosas nuevas,
fue (es) la dictadura pero dicha de otra manera. Bullrich trae la novedad de la
desfachatez y la locura.
En sintonía con el renacer de los
fascismos, el macrismo hace estallar la lógica y los discursos. No hay
deliberación posible porque no hay ninguna posibilidad de establecer la mínima
comunidad idiomática y lógica. Emplearán todas las trapisondas imaginables para
prostituir cada uno de los significados, sacarán de contexto, literalizalirán
la metáfora, metaforizarán lo literal, invertirán los sentidos, pervertirán la
historia.
Nadie duda (o nadie debería
dudar) que el más puro pensamiento de la conducción macrista es entregar
Malvinas. En la imagen vemos un reportaje realizado a Macri en 1997 en que ya
sostenía que Las Malvinas serían un fuerte déficit.
Toda una vida sosteniendo lo
mismo.
Pero no debería sorprendernos. En
eso son pura tradición. Desde nuestra independencia, y antes, tuvimos una buena
porción de clase dirigente, mayoritariamente porteña pero no únicamente, que
estuvo dispuesta a servir al imperio británico. Tuvimos representantes de la
oligarquía terrateniente que operaron para dividir en distintos países débiles
lo que debió haber sido uno único y fuerte. Al menos Bolivia, Paraguay y
Uruguay no debieron, por historia y geografía, ser países distintos de
Argentina. La oligarquía porteña, con su puerto y sus contrabandistas
millonarios y coimeros, no tuvieron ningún interés en construir un país. Ni en
aquellos años ni ahora. En eso, el macrismo es pura tradición.
También hay novedad, dijimos. La
desfachatez y el desquicio.
Bullrich cometió un error y se
dio cuenta de inmediato en la entrevista. Efectivamente, su pensamiento y el de
su fuerza política es radicalmente entreguista, ella cree en lo que dijo, su
error es que el aprendizaje de esta derecha consiste en que jamás se debe
plantear esas cuestiones en público. El macrismo reniega de una condición
esencial de la democracia, la deliberación. Ellos no tienen nada que plantear
ni nada que discutir. Cada palabra que digan en algún escenario público, ya sea
canal de televisión, diario, radio, redes sociales, acto público, será un
engaño, una trampa, una mentira. Sólo se la puede leer en clave de propaganda
proselitista sin esperar encontrar ni una sola verdad. No estará allí ni su
plan de gobierno, ni su cuerpo de ideas, ni sus diagnósticos. Nada de eso,
ellos no tienen nada que discutir.
Durán Barba recomienda: “no expliques nada”
¿Cuál es su plan entonces? En eso
son pura tradición, son la dictadura, pero saben que no deben decirlo. Ese no
decirlo reniega de la discusión y en ese sentido ya no son como “La Nación”, de
Mitre, “tribuna de doctrina” y, por otro lado, extreman los recursos para que
ese debate no pueda producirse. Nos vuelven locos. Su discurso es un discurso
de locos. Sin lógica, con significados invertidos. Allí la novedad del
macrismo.
Esa tradición de desapego a la
soberanía nacional no es solamente territorial. Horadar el imperio estatal
sobre nuestro territorio se corresponde con la idea misma de Estado de este
sector político. Y finalmente va contra el fundamento de legitimidad de toda
soberanía: la soberanía popular.
Por eso las declaraciones de
Bullrich deben asociarse a las de Marcelo Longobardi:
La democracia no es para
Argentina, dice Longobardi. Es el pensamiento de siempre, con el que hicieron más
de cinco golpes de estado, desaparecieron más de 30.000 argentinos, mataron,
torturaron, robaron, secuestraron bebés. Las caras amables que intentan
presentar de ellos las señales de televisión y radio no disimulan que son lo
mismo.
Y hay que combatirlos como lo que
son: fascistas golpistas. Nada que discutir, que por otro lado, como dijimos,
no se puede. Contra ellos, combatir.
El hecho político reciente más nocivo a la
imagen del presidente y del gobierno en general, indudablemente, fue el que se
conoció como “vacunatorio vip”.
Se trató de unas 70 vacunas colocadas fuera
de las prioridades definidas por indicación de autoridades del Ministerio de
Salud.
No pretendo hacer aquí la genealogía del
evento, solo diré, que cuando en Perú se produjo una crisis política por
vacunados de privilegio era muy fácil pronosticar que en Argentina también pasaría.
Sencillamente porque es virtualmente imposible que no haya algún enojo, algún
motivo de reproche a cualquier método de asignación de recursos escasos. Y está
claro que la oposición argentina no se privará de ningún recurso para debilitar
y, eventualmente, derrocar al gobierno de Alberto Fernández.
La reacción del presidente fue categórica. Le
pidió la renuncia a su ministro de salud en plena pandemia. Ginés González
García es una especie de prócer viviente del sanitarismo. Ello no impidió que
los medios opositores y los políticos opositores, que siguen el guion de esos
medios, se hagan una fiestahablando de un caso inaceptable de corrupción. El
objeto de este texto es el grave daño al gobierno y por qué se produjo.
El hecho objetivo tiene menos relevancia e
impacto sanitario que otros conocidos a posteriori. Veamos algunos:
- Larreta privatiza las vacunas. En lo que
debió ser un escándalo atronador, se supo que Larreta y Quirós desvían decenas
de miles de dosis de vacuna a obras sociales prepagas. Éstas las utilizan, incluso,
como recurso publicitario.
Cualquiera de estos hechos es, mirado con
objetividad, más descalificante que el “vacunatorio vip”, tanto ética como
sanitariamente. Ninguno de estos hechos (y muchos otros que se podrían
considerar) produjo una crisis política en sus respectivos gobiernos. ¿Dónde
está la diferencia?
La asignación del
recurso
Vale la pena, primero, detenernos un minuto
en el problema de cómo se distribuye la vacuna. Una de las escasísimas ocasiones
en que se pudo escuchar al macrismo decir la verdad de lo que piensa fue
cuando Bullrich, y luego otros de su laya, postularon que cada quien compre su
vacuna, y quien no tenga dinero, bueno... veremos.
Así, cruelmente planteada, es la sociedad que
postulan. Si no hay plata, no hay salud. Y si la salud depende de la plata de
cada uno ¿qué tiene que hacer el Estado allí metido? Que cada quien se consiga
la vacuna como pueda. Lo paradójico es que en esa lógica, ellos estarían
diciendo, de ser gobierno, como ya lo hicieron, “¿por qué me miran?”. Hagan un
esfuerzo nos diría un Macri holográfico, es tarea de ustedes conseguir una vacuna.
Pregunten en Mercado Libre. Y, como ya dijo, que se mueran los que se tengan que
morir.
No hace falta imaginar, son Bolsonaro.
En Argentina, hasta hoy, hemos podido
sostener parámetros mínimos de no mercantilización de la vacuna. Frente al
ataque civilizatorio de la derecha neofascista, una distribución basada en
prioridades sanitarias supone la preservación de un umbral de estatalidad. Es
esa estatalidad la acosada, precisamente, con argumentos esquizoides y falaces.
Muy bien, pero
¿cómo se distribuye la vacuna?
Da la impresión que el Ministerio de Ginés,
con un asesoramiento científico y tecnológico adecuado, estableció prioridades.
Todo en esta materia es opinable, en todo caso la razón de legitimidad
argumental fue la expertise científico técnica. Las tesis válidas son las que aconseja la ciencia según criterios sanitaristas. Era claro que no se “venderían
salvaciones”, el criterio que reemplazaría al mercado, es una materia que
necesariamente debería quedar abierta a
advertir situaciones inesperadas.
Cuando jueces o fiscales judicializan el modo
en que el Ministerio de Salud distribuyó la vacuna lo hacen sobre dos matrices:
por un lado, la del lawfare, plenamente vigente, y, por otro, la de naturalizar
la asignación por mecanismos de mercado y poner en la picota toda estatalidad
que incorpore lógicas alternativas. Así, cualquier intervención estatal queda tutelada por un juez que hará una causa judicial o no según su criterio, interés o instrucción. Son jueces del lawfare y del
neoliberalismo. Ninguna novedad.
Así, los criterios de cómo se armaría la fila
fueron autoexigencias del Ministerio que, con pensamiento científico, está
abierto a la rectificación de criterios siempre discutibles.
El traspié
Era inevitable que frente a un mecanismo de
asignación no mercantil, en que el Ministerio establece un orden, una oposición
mediática y política como la argentina encontraría artefactos para armar su
escandalete. Es lo que hacen con cada uno de los elementos del debate público.
La cuarentena más larga del mundo, la
infectadura, las marchas de “protesta”, la promoción televisiva para tomar
lavandina más otras “medicinas milagrosas”, la vacuna que no sirve, los
antivacunas, la “vacuna rusa”, la vacuna no tiene fase tres, la vacuna no tiene
aval científico, el ANMAT es kirchnerista, en fin, el listado es solo ilustrativo
de que el fascismo argentino ha elegido la estrategia del terrorismo. Hoy mismo
predican que “la vacuna china no inmuniza” y, en una apuesta fuerte, que el
gobierno “aumenta los contagios para justificar la suspensión de las PASO”.
Parecería que es imposible responder a esto.
Sin embargo se ha hecho. Y se ha hecho con
éxito.
Cada vez que el presidente puso lo que tenía
que poner sobre la mesa, cuando no les regaló legitimidad a quienes sabotearon
las políticas sanitarias, cuando los enfrentó con enjundia o los despreció como
se merecen, cada vez que eso ocurrió, salió triunfante.
Pero entonces... cuando le dijeron “vacunatorio
vip”... les dio la razón. Y fue demoledor. No puede volver a ocurrir. La
integridad del gobierno depende de ello.
Se trata de un estatus de legitimidad. Si lo
que ellos dicen, aun en una cuestión nimia, puede acreditar verosimilitud,
entonces todo su relato cobra asidero.
Esto no tiene nada que ver con la verdad. No
se relaciona con la ética o tiene con ella una relación lateral: la derecha
miente siempre.
Es una guerra. Y si el presidente, el general
que eligió el pueblo para enfrentar a las corporaciones, dice que las
corporaciones tienen (o tuvieron en un caso) razón, todo el edificio de la
lucha se desmorona.
Tampoco es un problema de comunicación, es un
problema político. ¿Nuestro general decide dar batalla? No es comunicacional. Y
si da batalla ¿cómo va a darles la razón?
La figura es la
del sádico.
Pretender la aprobación del sádico Magnetto
solo deja espacio para un pueblo masoquista.
Eso pasó, explícita o implícitamente, con el
episodio “vacunatorio vip”. “Tenemos que ser y parecer”, hasta ellos deberán “reconocer” fue la fundamentación subyacente del accionar gubernamental.
El sádico siempre quiere más. Nunca se colma
en su afán de afirmar su posición de daño. El problema es sistémico, se trata
de roles, y si la autoridad política asume el rol complementario del sádico el pronóstico
es nefasto. No hay “Héctor” que cambie las cosas.
Clarín Miente
Aun cuando una aseveración adopte ropajes de
aparente verdad, hay que recordar la verdad ontológica previa: Clarín Miente.
Si nos olvidamos habrá otros “vacunatorios
vip”. También habrá muchos más muertos por la pandemia e indecibles males para
el pueblo.
Por: Carlos Almenara Mendoza, 10 de febrero de 2021
Se vuelve a hablar de retenciones a la
exportación de granos y, dada la estructura económica argentina, salvo por
hecatombes coloniales o regímenes macristas, que es decir cosas parecidas,
necesariamente volvemos a discutir este instrumento difícilmente reemplazable.
Lo que llamamos “retenciones” son derechos
que se pagan por la exportación de determinados productos. Suele ser disímil
entre productos. Así, mientras hay ventas al exterior de productos que cobran
reintegros y subsidios, otras pagan estos derechos.
En nuestra historia, la Aduana ha sido una
institución primordial. Su manejo fue el origen de buena parte del conflicto de
unitarios y federales; y la posibilidad de burlar sus normas, el contrabando,
fue la actividad de mayor impacto económico en la Buenos Aires colonial.
Desde la organización nacional, el cobro de
retenciones ha sido una fuente muy importante de financiamiento fiscal.
Entonces, primera razón para pensar en retenciones: allegan recursos al
Estado, como cualquier impuesto.
Sin embargo, las retenciones a las
exportaciones tienen particularidades muy especiales.
¿Qué exporta Argentina? Principalmente
alimentos. Aquí radica el motivo de la actualización de la discusión. Si, por
ejemplo, el maíz se exporta, ese maíz no está disponible para el consumo
interno. El maíz es también alimento de pollos y cerdos y tiene incidencia en
el costo de la carne.
Que se exporte no afecta solamente las
cantidades sino también los precios. Los productores, acopiadores, cerealeras,
frigoríficos, no tienen ningún inconveniente en vender su producto en Buenos
Aires, Posadas, La Quiaca o Río Gallegos. Pero de ningún modo lo harán a un
precio menor del que cobran si lo exportan.
Los últimos dos meses vemos una aceleración
de la inflación impulsada por alimentos. Se da en paralelo al aumento del precio
internacional de los granos y a la demanda récord de carne para exportación.
Acá aparecen las retenciones a las
exportaciones como instrumento apto para evitar estas subas, para intervenir en
el comercio internacional y en la “mesa de los argentinos”. Establecer
retenciones adicionales a la exportación de maíz o gravar la exportación de
carnes, por caso, inmediatamente produce una baja en los precios internos.
El principio sigue siendo el mismo, al
productor le resulta indiferente vender a un supermercado de San Juan o a una
cerealera que exporta a Lejano Oriente, siempre que el precio sea el mismo. Si
ahora, lo que recibe de la exportadora disminuye, disminuye lo que pretende
cobrar al supermercado sanjuanino.
Segunda razón para cobrar retenciones a las
exportaciones: bajan los precios de la comida en Argentina. No parece necesario
argumentar que esto es muy importante en nuestro país, empobrecido y hambreado.
El argumento vale para cualquier uso
alternativo del suelo de la pampa húmeda. ¿Qué nos afecta a nosotros el
altísimo precio de la soja si (casi) no comemos soja? Nos afecta en que en
lugar de producir trigo, por ejemplo, los campos producirán soja, habrá menos
trigo, tanto menos hasta que su rentabilidad se aproxime a la del campo de
soja. El precio del trigo aumentará, entonces, de modo proporcional al aumento
del precio de la soja. La retención a la soja nos baja el precio del pan.
Lo que conseguimos aquí es separar la
cotización internacional de los granos de los precios internos.
¿De
qué otro modo podríamos conseguir el objetivo de separar el precio
internacional del interno en alimentos?
En los años ’30 del SXX se constituyó una “Junta
Reguladora de Granos” con funciones relativamente limitadas. Durante el primer
y segundo gobiernos de Juan Domingo Perón el IAPI (Instituto Argentino de
Promoción del Intercambio) centralizó todo el comercio exterior. Estableció
precios sustentables para los productores y para los consumidores argentinos.
Otro mecanismo podría ser establecer
distintos tipos de cambio, por ejemplo, uno comercial, otro financiero, otro
turismo. Claro que aquí no sería posible discriminar entre productos con muy
diferentes estructuras de costos y competitividad internacional.
Ferrer pasó parte importante de su tiempo los
últimos años de su vida intentando hacernos comprender que las retenciones a
las exportaciones de granos no eran, principalmente, un problema “de apropiación
de renta”. Lo que allí se definía no era fundamentalmente cuánto recaudaría el
Estado, antes y más importante que eso, cuando se discutían las retenciones se decidía
QUÉ PRODUCIRÁ Argentina.
Soñaba un país con “densidad nacional” basado
en una estructura productiva diversificada. Y para que hubiera diversidad
debían ser rentables las distintas actividades que se realizaban. Y para ello, los
sectores que tienen ventajas comparativas deben tener un tratamiento distinto
de aquellos en los que esa ventaja hay que crearla. Las retenciones son una
herramienta ideal para esto.
Veamos.
¿Se puede producir soja? Por supuesto. Con un
dólar de $20 seguiría siendo rentable porque la feracidad de la pampa húmeda es
única en el mundo. Entonces se puede producir muy rentablemente soja con un
dólar a $ 87,25 y pagar una retención del 50, del 60% y aun así ganar plata.
Buena plata.
¿Se puede fabricar acoplados y semirremolques
con un dólar a $87,25 o serán más baratos los acoplados y semirremolques
importados de Brasil u otros orígenes? Y, allí hay que ver. Si no hay
regulación del comercio exterior, Argentina no podrá fabricar acoplados porque
será más barato importarlos. Si llegaramos a conseguir exportar remolques, que
es vender trabajo argentino al exterior, de ningún modo tendríamos que ponerle
retenciones.
Ferrer quería que produzcamos soja
(industrializada lo máximo posible) pero también que nuestra industria
metalúrgica haga remolques (uso este caso como ejemplo aleatorio de la
diversidad productiva). Es más, una de las propuestas de Ferrer AAM (Antes del
Apocalipsis Macri) era desarrollar una fábrica estatal de autos, como punta de
lanza de desarrollos tecnológicos en áreas diversas, un auto íntegramente
argentino (eventualmente, íntegramente Mercosur).
Aquí hay una tercera razón para poner retenciones: construir una Argentina con
una industria posible, con diversidad productiva, en que todas las actividades
sean razonablemente rentables.
¿Queremos una Argentina pastoril y colonial,
con una producción primarizada extractivista o queremos, además de lo que nos
ofrecen nuestras ventajas comparativas, una industria pujante, con tecnología
vernácula?
Por supuesto, toda esta discusión se da en un
marco político en que lo que se juega es también quién manda, y los sectores
del privilegio no se resignan al poder democrático.
La historia es bien conocida. En cada país
con singularidades, especificidades, el mecanismo llamado “lawfare” ha sido
utilizado por Estados Unidos y oligarquías locales para horadar, derrocar o
evitar el ascenso de partidos o líderes populares. El sistema consiste en el
uso de los grandes medios de comunicación social para instalar discursivamente
una defección, normalmente un acto de corrupción de algún dirigente que quieren
descalificar, luego jueces o diputados la toman como cierta y avanzan en la
demolición. La clave es que, en cada caso, buscan un cambio de régimen; el
resultante siempre se alinea incondicionalmente con Estados Unidos. Temer puede
haber sido el vicepresidente de Dilma Rousseff pero el golpe implicó un
realineamiento geopolítico de Brasil.
En los tiempos más recientes el ciclo comenzó
en Honduras con el golpe a Manuel Zelaya, más parecido a los tradicionales pero
con intervención de los medios y el Parlamento, luego siguió reiteradamente por
Bolivia, Paraguay, Brasil, Ecuador, Argentina. Venezuela, recibió de estos, de
los otros y de todo lo que pudieron tirarle.
Esta interpretación tiene un abismo de
distancia con los promotores de la persecución política, esos que pusieron todo
su esfuerzo en legitimar argumentalmente sus imposiciones y no están dispuestos
a regalar así como así semejante tarea.
¿Pasó antes esto?
¿Qué es esto? Esto es la imposición de un
relato ilegítimo e ilegal que debe reencausarse en algún régimen de legitimidad
y legalidad.
Sí, pasó. Pasó a la salida de las dictaduras
setentistas, en los ochenta del siglo pasado.
¿Cómo se resolvió?
Algunos países aplicaron regímenes más o
menos ambiguos de amnistías. Argentina tuvo idas y vueltas, finalmente
consolidó un inconcluso camino virtuoso en ambos términos, legitimidad y
legalidad.
Para poder avanzar lo que se avanzó en
Argentina hubo que caracterizar el régimen como ilegítimo y genocida, determinar
la imprescriptibilidad de sus crímenes y aun así la totalidad de los
empresarios que participaron del mismo quedaron impunes. Ni hablar de que nunca
pagaron con el patrimonio que recibieron fruto de los actos de aquellos
gobiernos. Patrimonio que condicionó y condiciona la etapa democrática.
Eso mismo está en juego ahora. Quizá con peor
pronóstico, depende de nosotros.
Cuando Alberto Fernández dice “no hay presos
políticos sino detenidos arbitrarios” da una respuesta política que excede
largamente la injusta cárcel de Milagro, Luis D’Elía, Amado Boudou y tantos
más. Da una respuesta al abismo de legalidad y legitimidad que fractura a la
sociedad argentina.
Podemos tomar miles de casos, quizás decenas
de miles. Cualquiera. Nisman, por ejemplo. No hay diferencias de criterio. Quien
dé por válida la versión del macrismo y Clarín del comando iraní venezolano
entrenado en Cuba que “mató” a Nisman no está dando una interpretación de los
hechos. Es otra cosa. Es asumir que frente al enemigo todo vale para
enfrentarlo, para encarcelarlo, para torturarlo o matarlo como también hicieron
durante el gobierno de Macri. No es necesario respetar el debido proceso ni
siquiera es menester cumplir cánones de lógica y falsación.
Pongamos el caso Gils Carbó. ¿Cómo vamos a
describir las amenazas que recibió su hija a partir de que Clarín publicó su
teléfono? Ese hecho precipitó su renuncia. Los cientos de titulares, miles de
notas de radio y televisión hostigando a la procuradora de la Nación...
Pongamos el caso del secuestro del senador
Pais por parte de Lorenzetti para poder echar al juez Freiler con una mayoría
ocasional (fruto del secuestro) en el Consejo de la Magistratura.
Allí, en todos estos casos, participan
medios, periodistas, embajadas, empresarios, jueces, fiscales y políticos.
Todos complotados en términos ilegales e ilegítimos.
El problema es la adscripción a uno de los
sistemas hermenéuticos. Se puede hacer profesión de fe por Magnetto y eso es
validar la idiotización y esclavización del género humano; o se lo puede
combatir.
No hay ninguna “ancha avenida del medio”. No
la hay por razones paradigmáticas, sistémicas. No depende de la “buena
voluntad” de los actores.
Entonces, la salida elegante de los
“detenidos arbitrarios” es decepcionante porque no tiene solución. Pero también
es insostenible porque la dinámica de la situación requiere la confrontación
hermenéutica. Uno de los dos regímenes de verdad se impondrá. Otra vez, no
depende del pacifismo de los enunciadores.
Ni en Argentina, que fue el país que más
justicia hizo con su dictadura, pudimos horadar el sistema de la dictadura.
Seguramente ahora pasará lo mismo. Pero será imposible cualquier régimen legal
y legítimo con hechos aberrantes a la luz pública, hechos como que el
periodista Daniel Santoro extorsione, por Clarín, a empresarios para
sobornarlos, hechos como que Majul soborne con un ministro nacional a testigos
de causas importantes, y decenas más.
Es el mismo combate hermenéutico que explica
que más allá de toda propedéutica periodística, de cualquier mínimo rasero de
respeto, de todo compromiso con una ética de la comunicación social, una pluma
de Clarín entreviste al presidente y escriba una crónica de sus propias
impresiones.
Es que Clarín hace años tiene claro que está
en guerra contra el pueblo argentino. Como siempre la pregunta refiere a qué
hacemos nosotros al respecto.
San
Petersburgo, Rusia. Un colegio secundario, aparentemente privado, con alumnos
de distintas clases sociales, también populares. Una mujer cae de una ventana
de lo que podría ser un segundo o tercer piso. Muere. Es profesora.
Se
abren todas las posibilidades del policial. Igor Kryukov (Artem Tkachenko)deberá resolver el caso. ¿Fue un
suicidio? Todo parece señalarlo. El colegio, sus jefes en la policía y otros
poderosos locales quieren un rápido cierre. Suicidio.
Kryukov (Artem Tkachenko)
En uno
de los saltos temporales, que constituyen uno de los pocos puntos flacos de la
trama, nos enteraremos que la búsqueda de Kryukov es también un exorcismo de
sus propios fantasmas. Su esposa se suicidó en un incierto pasado próximo
tirándose al vacío. Un caso, en apariencia, idéntico al de Anastasia Istomina. Kryukov
tuvo un ACV que dejó una leve secuela pero amenaza repetirse.
Las
pesquisas del investigador muestran que el curso del “undécimo” del colegio es
una especie de cofradía que esconde misterios y un funcionamiento muy especial.
A la vez que destacados estudiantes, “los mejores del distrito”, su
comportamiento cómplice permite adivinar secretos compartidos.
Esparta,
Sparta o S’parta es un juego de “realidad virtual” en etapa de desarrollo. Los
especialistas de marketing de la compañía decidieron implementar una
metodología de investigación audaz. Para el desarrollo de los atributos más
atrapantes del videojuego realizarían un estudio etnográfico participante con
adolescentes. Efectivamente, con acuerdo del director, el undécimo será el
curso que como “Informática” participará del experimento que se completa con un
“infiltrado” en el curso.
¿Dentro o fuera del juego?
Esparta
nos asigna un avatar, que somos nosotros mismos. Allí podemos hacer cualquier
cosa, dar rienda suelta a cualquiera de nuestros deseos ocultos. Podrá ser
moler a palos a un padre molesto, hacer striptease ante miradas deseantes o
saltar de un piso alto de un edificio, según los estados de ánimo de los
adolescentes. Aunque desconocemos detalles de la lógica del juego sabemos que
es inmensamente adictivo y que no es anárquico, se rige por una estructura de
reglas y poder que encumbra a un líder. ¿Cuando pegamos con bate estamos dentro
o fuera del juego?
Mikhail Barskovskiy (Alexander Petrov)
Sumergirse
en la realidad virtual puede producir cambios en la personalidad, como explica
Misha, líder de la división, para dar cuenta de cómo Shorina, que antes
soportaba abusos sin poder hablar, ahora es capaz de... de...
Los
estudiantes son destacados y disciplinados. Su lider, Mikhail, ordena las
prioridades, diseña los planes, convoca a las reuniones, socializa las reglas.
Un órgano aceitado al que nada puede detener, al que nadie puede oponerse o
será devorado. Un comando que tendrá estrategia contra todo enemigo real o
potencial.
El discurso que al que nadie tiene derecho
“La humanidad está enferma. Ha acumulado una
carga genética. Es como una pila de basura de mutaciones dañinas, anomalías
genéticas y enfermedades. Provocó un incremento irreversible del número de
discapacitados y miembros inútiles de la sociedad. Muchas veces, las mejores
mentes de la humanidad han sugerido métodos curativos para deshacerse de esta
carga. Pero cada vez, la gente que se cree humanista arruinó esta selección
natural esencial. La carga aumenta. La medicina ayuda a quienes deberían morir
y salva a los que por defectos genéticos, no deberían haber nacido. Pero en los
inicios de la humanidad las naciones más fuertes emergieron en lugares donde
prevalecían leyes naturales duras y a veces crueles, pero justas. Por ejemplo,
Esparta. Allí, se tiraba al abismo a los bebés deficientes. Esparta sigue
siendo un ejemplo de una sociedad justa, fuerte e invencible.
Platón decía que los bebés deficientes o los
que eran hijos de padres deficientes no merecían crecer. Y no se debería tratar
médicamente a los deficientes. Lo dijo en La República.
En 1920, el primo de Charles Darwin, llamó a
estas creencias “eugenesia”. En resumen, dice que deberíamos ejecutar a los
discapacitados.
Creo que la gente que no merece vivir debería
ser ejecutada. Por ejemplo, la gente que nace con deficiencias o enfermedades,
como parálisis cerebral, son inútiles para la sociedad. Gastamos demasiado
dinero salvándolos.”
¿Qué hacemos con esto?
¿Y si
una estrategia nazi puede ser llevada a cabo para formatear la cabeza, los
juegos, el modelo de sociedad, de millones de adolescentes que se ponen un
casco y viven un mundo que no pueden separar claramente del real?
¿Y si,
por complicidades del poder real, por errores, por falencias, por cobardías,
fuera imposible hacer justicia?
¿Si los
crímenes del nazismo quedan impunes?
No es
una abstracción. No es un punto en el pasado. El presente nos desafía con un
resurgir neonazi a través de estrategias propagandísticas goebbelianas en
personajes de la calaña de Trump, Bolsonaro o Macri.
¿Y,
entonces, qué hacemos?
¿Tiene
Rusia algo para decirnos? Ya lo hizo, cuando era la URSS en la “Gran Guerra
Patria”. La tierra de los inviernos crueles y redentores. De los soviets y los
obreros revolucionarios. Ya venció a Hitler.
¿Tiene
Kryukov una respuesta posible? ¿Puede un agente discapacitado, golpeado por
vida y por el poder, decirnos cómo enfrentar el influjo nazi?
El
Episodio 8 de Esparta reabre una discusión que ya fue abierta muchas veces.
P.D.:
¿Cómo se dice actriz y cantante famosa, ídola de las adolescentes en ruso?
Natalia Oreiro.
Conmovido por la muerte Diego, superando la
inicial incredulidad, porque ¿cómo podría morirse Maradona?, me propongo pensar
en voz alta sobre este ser tan único y su impacto en nuestras vidas.
Todo lo dicho aquí está hecho con un alto
grado de provisoriedad y de respeto. Por respeto y también por cariño intentamos
entender estas extrañas cosas que pasan y que nos pasan con el astro.
¿Qué me importa
Diego Maradona?
¿Cómo puede un futbolista convertirse en
ídolo? ¿Catalizar los afectos, las emociones, los amores? ¿Cómo puede encarnar
esperanzas y expectativas de cientos de miles? ¿Cómo es posible que cualquier
argentino o argentina sepa de qué se trata la charla cuando aparecen en este
orden los nombre “Dalma y Gianinna”?
Evidentemente Diego es la intersección de
muchos mundos, algunos de los cuales lo trascienden. Uno de ellos es la
espectacularización del deporte, la televisión y el gigantesco negocio global
que, en el caso del fútbol, lidera la FIFA.
El juego, no sólo el fútbol, flexibiliza sus
reglas adecuándose a la lógica de las pantallas y el negocio. Hoy parece un
anacronismo inentendible contar que los campeonatos se jugaban los domingos a
la misma hora. Sí, todos los partidos a la misma hora y la TV decidía cuál
pasaba. Actualmente los aficionados no entienden cuando le solapan partidos.
El anterior es sólo un caso, de los cientos,
que pueden mostrar la adecuación del deporte al espectáculo. Que tiene muchas
otras facetas. Una de ellas la individuación, construcción del héroe deportivo.
El espectáculo no quiere equipos, quiere
estrellas. Y las construye.
Esta lógica hizo que Maradona, que igualmente
hubiera sido Maradona, se convirtiera también en una estrella. Y la estrella en
un símbolo para millones, decenas de millones, cientos de millones, miles de
millones de consumidores del espectáculo global del fútbol.
Un símbolo es un significante al que los
públicos asignan evocaciones, significados, atributos. Eso es Maradona, uno de
los mayores símbolos ¿de los argentinos? ¿de la argentinidad? ¿del sur? ¿del
fútbol?
¿Cómo Maradona
pudo ser Maradona?
No soy biógrafo de Diego, armo deducciones
con datos sueltos. O no tan sueltos, cualquier argentino sabe más de la vida de
Maradona que del vecino de a la vuelta.
El día previo a escribir estas líneas escuché
a Adrián Paenza contar que preguntó a Maradona “¿en qué momento te diste cuenta
que eras distinto, que te destacabas del resto de tus compañeros?”. No obtuvo
respuesta. Recordé a Diego en una
entrevista presumiendo de las habilidades futbolísticas de su nieto Benjamín. El
periodista, le pregunta, -¿vos hacías lo mismo a edad? Él, apesadumbrado, como
en una confesión, dice –sí, yo también las hacía. No cuesta nada creerle.
Seguramente por eso no respondió a Paenza,
porque le sería imposible responder sin parecer un presumido. Siempre supo que
era distinto. Nació con una pelota en los pies. Cualquier registro de su
infancia o adolescencia, lo muestra ¡desde entonces! totalmente seguro y
convencido de su destino. – Mi sueño es jugar un Mundial. Y después ganar un
Mundial.
Dicho por un niño del que uno no dudaría ni un segundo que habla absolutamente
en serio.
Maradona se supo desde niño un predestinado.
Se supo el dueño de la pelota. Él siempre supo que con la pelota haría lo que
quisiera. Podía verlo, sentirlo. Nunca tuvo ninguna duda, ni él ni nadie que lo
viera jugar, sobre esa diferencia por la que preguntaba Paenza.
Solo alguien predestinado, que se sabe
predestinado, no por misterios místicos sino porque ve que jugando,
divirtiéndose, con la pelota puede hacer lo que nadie más, solo alguien así
puede ser tan auténtico como Diego.
Y seguramente su familia y seguramente su
barrio le devolvieron la mirada que lo confirmó. El héroe de Fiorito supo desde
niño lo que sería también porque su gente, la gente de Fiorito, le confirmaba
en su mirada lo que él ya sabía que sería.
¿Cómo no llevar Fiorito como estandarte?
La representación
La teoría política reconoce dos grandes
paradigmas de representación. Representación, re – presentar. Traer al aquí y
ahora lo que no está aquí y ahora.
La representación por delegación, tan
extendida en las democracias. La voluntad popular se “hace presente” a través
del diputado, por ejemplo, votado. No vamos a entrar en otras cuestiones sobre
la naturaleza de esa delegación.
Pero también hay otra representación, la
representación como espejo. Representa quién es “uno de nosotros”. Típico de
minorías y sectores que sufren algún tipo de discriminación, representa alguien
que ES de los nuestros. No se plantea ningún mandato.
Diego fue, desde siempre, el auténtico
representante. De Fiorito, pero no solamente.
Así en el fútbol
como en la vida
Preguntamos más arriba cómo era posible que
cualquier argentino sepa a quiénes nos referimos con Dalma y Gianinna. O Don
Diego y Doña Tota.
Por supuesto, uno se ve tentado a analogar la
situación a cualquier fenómeno de la farándula. Se podrá argüir que conocemos
otras familias de famosos.
Decididamente creo que son casos cualitativamente
disímiles. Diego mostró siempre a su familia, con orgullo, son los míos y yo
soy el héroe, soy quien tengo la magia de la pelota y en quien ellos
depositaron su mirada. Sí, yo soy de ellos. Soy eso. Eso me hizo. Eso soy. No
puedo ser otra cosa que su representante. No puedo ser otra cosa que yo mismo.
No puedo no ser auténtico. Y no puedo ser cobarde, el destino me espera, soy el
campeón de Fiorito.
Y Fiorito será luego el Sindicato de
Futbolistas, serán causas nobles, grandes o chicas. Será denunciar la
corrupción en la FIFA o abrazarse con Fidel. Fiorito será el NO al ALCA o los
inolvidables programas en TeleSUR.
Ese es Diego. Único. Radicalmente único. Así
jugó al fútbol. Jugó al fútbol como representó a los futbolistas. Por eso fue
un líder en la cancha y por eso es tan difícil remplazarlo en la Selección.
Se equivoca Macron cuando afirma que “sus visitas a Fidel Castro y Hugo Chávez
tendrán el sabor amargo de la derrota; es en la cancha donde Maradona hizo la
revolución”. Es cierto que Maradona hizo una revolución en la cancha, esa
revolución en la cancha es la revolución de Fiorito, de Fidel y de Chávez.
Ese fue también un recorrido que hizo Diego.
Llegar de Fiorito a Chávez, una gradual toma de conciencia emancipadora. Los
pobres, los de abajo, los de Fiorito, necesitamos nuestro camino político, el
camino del sur, de la irreverencia, del orgullo, de la igualdad radical. Esa
igualdad que en un potrero, al final de cuentas, nos pone cara a cara, del
country o de la villa.
El símbolo que
ahora nos falta
Él no le preguntó a nadie. Nadie necesitó
pedirle que “hablara por ellos”. Una creciente claridad de cómo se traducía esa
identidad en proyectos políticos. Metido en el corazón del show business, allí
donde se fabrican sueños estandarizados, disciplina y conformismo.
¿Cómo, dónde, podemos encontrar fragmentos
para reconstruir luchas sociales y políticas que pongan coto al anarco
capitalismo feudal que amenaza destruir el planeta y buena parte de su población?
Esa es la pregunta que se actualiza con la partida de Diego.
Todo el tiempo pasan cosas. Este año las
luchas sociales estadounidenses, el movimiento de “La Vida de los Negros
Importa” y el alineamiento cuasi unánime de la NBA, el activismo del campeón de
Fórmula 1 Lewis Hamilton en el mismo sentido, fueron refrescantes
acontecimientos. Claro que son muy de otras latitudes.
No podemos contar con otro chico que nazca con
la pelota pegada al pie, como Diego, Aunque si viene, tanto mejor.
Además de nuestro/nuestros héroes, en clave
de espectáculo, podemos apostar a lo colectivo, grupal. Por caso, la historia
de la mayor parte los clubes sociales contiene maravillosas memorias de
trabajadores, socialistas, anarquistas, peronistas, sindicalistas, que se
unieron con un proyecto, un horizonte, una cierta utopía.
Vale regocijarnos de haber evitado que Macri
impusiera su proyecto de Sociedades Anónimas Deportivas pero mejor aún es
reconstruir el mejor pasado y el espíritu con que se forjó.
No hay futuro, no hay destino, sin proyecto,
sin ese impulso vital que nos estimula a zambullirnos en lo real para hacer
algo mejor. Y nada será mejor si no es mejor para todos.
Siempre estuve convencido que para ser un
gran artista hay que tener algo que decir y ese algo debe estar a la altura. Es
cierto, el artista puede hablar de sí mismo y es una característica muy propia
de estos tiempos, el narcisismo. Para mí es mucho mejor cuando la obra nos
interpela sobre la realidad que compartimos.
La mirada
Diego siguió una senda crecientemente
emancipadora. Las lecturas no son autoevidentes. El camino de Fiorito a Chávez,
además de Diego, tuvo que ver con miradas que dieron sentido al derrotero, que
sacaron la acción del héroe del anecdotario de la farándula para inscribirlo en
los rumbos de la liberación nacional y social.
Tuvimos suerte. Quienes nos contaron a Diego
también construyeron a Diego.
Así, necesitamos, entonces, más poesía, más
arte, más perspicacia, más música para contar bellamente las infinitas cosas
simples de las que estamos rodeados, cada una de las cuales demuestra
palmariamente que la igualdad no solo es deseable sino que su ausencia es,
sencillamente, insoportable.
El libro de Santiago O’Donnell en base a los
relatos de Mariano Macri ha causado un bien merecido impacto en la opinión
pública.
Ya habrá descubierto el/la lector/a, o las
irá descubriendo a medida que se difundan más, las escandalosas revelaciones delictivas,
éticas y políticas que contiene. En la propia clave del hermano ratifica todo
lo que el periodismo ha informado y agrega información que amerita la apertura
de múltiples causas judiciales.
En propias palabras de Mariano, un psicópata,
el mentiroso más grande, el mayor hijo de puta que jamás haya conocido. Estoy
seguro que Mauricio Macri es aún mucho peor de lo que lo describe su hermano,
pero la pregunta relevante no es ¿cómo es Macri?, cosa que es bastante
evidente; la pregunta relevante es la que hace Víctor Hugo: ¿cómo nos pasó
Macri?
Porque si entendemos cómo nos pasó,
entenderemos por qué un criminal semejante pudo llegar a la presidencia. Porque
aunque Macri es todo eso, antes nos pasó Videla, nos pasaron otras dictaduras,
nos pasó el empobrecimiento planificado del pueblo, la destrucción del estado
nacional.
La reflexión política suele orientarse a la
personalización, mucho más cuando está mediada por la pantalla, pero los individuos
son sólo una parte de la causalidad de los acontecimientos.
Es decir, no podría haber habido un Macri si
no hubiera un Clarín.
Es imposible sostener las condiciones de
posibilidad de un discurso, avalado con los hechos, de daño popular, de
deterioro del salario, de desempleo, de pobreza y miseria masivas, sin la
campaña de alienación y manipulación de masas liderada por Héctor Magnetto.
Por supuesto, el general Magnetto no estuvo
solo. Cuenta con su ejército, tropa que hoy le sigue reportando, conformado por
jueces, fiscales, cámaras empresarias, sindicatos, potencias extranjeras y
mucho más.
En ese sentido, Mauricio Macri no es un
perverso, no es un psicópata, es su mejor jugador. A pesar de lo encandilados
que están con el negociante inmobiliario de Capital Federal no será fácil
empardar a Macri.
Como dice Mariano, hay que ser el mayor hijo
de puta que uno haya conocido para viabilizar el proyecto del horror, el
proyecto de la dictadura con nombre de república, el mayor saqueo conocido con
nombre de transparencia, y todo dicho con palabras estudiadas sin elevar el
tono, ademanes tranquilos y tomando clases de foniatría.
Es que el horror que muestra HERMANO solo
tiene en Mauricio Macri una cara que lo personaliza pero lo verdaderamente
terrorífico es el proyecto que lo excede.
El pacto democrático implícito con que
salimos de la dictadura genocida permitió, con idas y vueltas, finalmente
gracias al coraje de Néstor Kirchner, juzgar ejemplarmente a los responsables
operativos. Juicios con todas las garantías del estado de derecho. Sin embargo
nunca pudimos enjuiciar a los grandes beneficiados e instigadores, nombres como
Magnetto o Blaquier.
Ese fue el poder al que la democracia no pudo
entrarle. Es el mismo que la condicionó y la condiciona. Es el poder que quiere
derribar el gobierno actual.
A Macri lo van a tirar como tiraron a Videla.
Y levantarán algunos muñecos de ocasión. Seguirán utilizando todo lo que robaron
con ese gobierno ilegítimo para hostigar y condicionar la democracia.