domingo, 26 de febrero de 2017

El tema Milani


Por: Carlos Almenara



El sábado 18 de febrero se conoció la detención de César Milani, jefe del Ejército durante el último tramo de la segunda presidencia de Cristina.

El hecho sirvió para solaz de la claqué oligárquica macartista del plan sistemático de saqueo y esclavismo cuyo abanderado es Mauricio Macri. Con su reconocida saña pretendieron  calumniar a la militancia kirchnerista y de Organismos Derechos Humanos. A ellos está destinado este texto.

Lo que se pretende con el encarcelamiento de Milani y con su tratamiento mediático es, además de desprestigiar a Cristina, invalidar la política que en materia de memoria, verdad y justicia se llevó entre 2003 y 2015.

Cuesta mucho combatir el tamaño de la confabulación a que son sometidas las genuinas expresiones populares. Las buenas personas, quienes tienen la mínima empatía necesaria para vivir en sociedad, esperan encontrar en el interlocutor algún código común, una base de buena fe que haga posible la comunicación. No es el caso con los propagandistas de Macri y su proyecto, como Clarín, La Nación, Durán Barba y Marcos Peña. Sin compromiso alguno con la lógica, las reglas de la enunciación y la convivencia casi imposibilitan el debate.

Pero vamos.

  1. Es trampa que los impulsores del revival teórico de la dictadura pugnen por la detención de Milani por delitos durante la dictadura.
Por ejemplo, La Nación, que no hay mes que no editorialice sobre la necesidad de no seguir con los juicios de la verdad, el sábado 18 presentaba una tapa que de verla nomás, uno imaginaba la sonrisa satisfecha de los editores.


¿Podemos decir que La Nación defiende la dictadura? No parece una exorbitancia.

Sin embargo, La Nación no usa la lógica propia de su relato, no se para en su ideología para enunciar, al contrario se para en el punto antagónico a su posición.

La Nación, que todos los días te dice “no fueron tan graves los crímenes de la dictadura”, “era tan necesaria dadas las condiciones”; ahora te dice con Milani, “¡Qué terrible este Milani!, mirá, cometió crímenes con la dictadura”. De su propio relato, de la ideología de La Nación uno esperaría que minimice el tema o que lo plantee en la clave en que han planteado otros casos.

El caso de La Nación es también el de Clarín.


Es decir, sería vano suponer que Magnetto contará en qué consistían sus diálogos con el torturador de Lidia Papaleo antes de cada sesión. O que la Sra. Ernestina contará quiénes son los chicos que “encontró” en el jardín de su casa y cómo llegó a ellos. Nada de eso ocurrirá porque a Clarín no le interesa que se haga justicia con esos crímenes. No están arrepentidos de ser coautores de ese período.

Es evidente que la razón del regodeo es pegar a Milani con Cristina y sostener que la política de Derechos Humanos de Néstor y Cristina fue una impostura sostenida en la mentira. Pero no abordemos esto todavía.

Pensemos en lo que suele llamarse el “contrato de lectura” entre La Nación y sus lectores. Esto es, qué espera encontrar un lector de La Nación, cuál es el pacto implícito construido a lo largo del tiempo. Espera un pedido de cese de los juicios de la verdad. La Nación, en cambio, lo “sorprende” con los Derechos Humanos en clave de memoria, verdad y justicia en positivo. Ello no significa una ruptura del contrato porque, como ya han establecido, con tal de perseguir a Cristina… La Nación y sus lectores son capaces de condenar a la dictadura y pedir memoria, verdad y justicia.

Claro que es una farsa. Una farsa que todos conocen, aceptan y que tiene una lógica que, cuando se devela, muestra su terrorífico rostro.

Éticamente supone una excepcionalidad para la que todo vale. Hay una larga raigambre de funcionamiento de la oligarquía argentina en esta clave.

De algún modo, todos los golpes militares se hicieron bajo la “ética de la excepcionalidad”. La oligarquía argentina que se ve a sí misma como la quintaesencia de la república, no podría, por definición, violar la constitución. Pero cuando los hechos le enrostran que, efectivamente, cometen tropelías tiránicas, entonces recurren a la excepcionalidad. El populismo, el tirano prófugo, la demagogia, los subversivos, son algunos de los enemigos para los que las reglas del derecho no valen. No es que no sean republicanos, es que… es que… es con ellos, con ellos no se puede. Siempre hay un enemigo que justifica que “el exceso”.

Es la misma clave de lectura de La Nación y Clarín. Todos ellos saben, todos sabemos, que las primeras planas vistas no auguran una decidida militancia de esos medios pro memoria, verdad y justicia. Muchos lectores aceptan entusiastas que eso vale para atacar a Cristina, como tantas otras cosas, total, para parar los juicios sus diarios tienen las otras 29 tapas del mes.

Vale acotar que, coherente con los tiempos, el principal instrumento de difusión de proclamas gubernamentales, el vomitivo programa televisivo “Intratables” siguió esta misma línea. Luego de más de más de un mes de instalar la “reconciliación” adoptó con fruición el “escándalo” ante los supuestos crímenes de Milani.

Básicamente, la ética de la dictadura es la misma detrás del tratamiento mediático del “tema Milani”.

  1. Igual, no importa, no es ése el análisis principal.
Otra trampa del complot oligárquico es la calumnia que tapa la estructura. Supongamos que Milani sea culpable de los delitos que se le imputan. Eso no mueve un ápice el balance de las políticas de Derechos Humanos de Néstor y Cristina.

Es sistemático el bombardeo que bastardea el análisis en esta clave. Que Néstor hizo plata con la 1050, que nunca defendieron los derechos humanos, que en Santa Cruz tal, que en Santa Cruz cual. Además que las imputaciones son siempre mentira, no sirven para demostrar nada.

Las políticas de Derechos Humanos de Néstor y Cristina Kirchner plasmaron las demandas de treinta años de los organismos, con creces.

La trampa epistemológica de la confabulación oligárquica siempre es la misma. Recurrir a una anécdota, a un supuesto hecho invalidante de la persona que se pretende demonizar. Generalmente son falsedades pero le permite al complot oligárquico no discutir las políticas. Lo hicieron con Yrigoyen, con Lencinas, con Perón, con Alfonsín, con Néstor y con Cristina. A todos acusaron de ladrones, y con eso aplicaron políticas fuertemente regresivas y concentradoras. Nunca discutieron las políticas de los líderes que surgieron de la política, sólo los calumniaron y con ello evitaron un debate que nunca podrán dar.

  1. La política de Milani como jefe del ejército fue positiva y transformadora.
Nada de lo que se imputa a Milani cambiará que su jefatura en el Ejército mantuvo el apoyo político de esa fuerza o por lo menos su aquiescencia ante los juicios de la verdad. Eso, con Macri ya cambió.

Son numerosos los reportes oficiales o extraoficiales por los que se observa una reconstrucción de un espíritu faccioso que produjo las peores atrocidades de la historia.

Por supuesto, con Macri, un ejército al servicio de la oligarquía vuelve a ser el piso básico, lo más elemental, lo que no puede ser de otro modo para los responsables de todas nuestras desgracias.

Milani permitió, al menos fantasear, con que el Ejército tiene que estar al servicio del pueblo. Y si las consideraciones anteriores ya son suficientes para que se haya ganado la persecución, esto agrega pimienta.

  1. #MacriBasuraVosSosLaDictadura
Los oligarcas, como dijimos, nunca discuten la política, sólo atacan o desprestigian a las personas. Las políticas no las discuten, las imponen.

La política de Macri en Derechos Humanos está basada en el engaño y la regresión.

No haremos un listado exhaustivo. Alcanza con mencionar el negacionismo del mismo Macri respecto a la cifra de detenidos desaparecidos, acompañado en el empeño por Lopérfido, Gómez Centurión y el ministro del área, Claudio Avruj. Gómez Centurión avanzó aún más negando el terrorismo de estado.

Pero esos aspectos corresponden a la dimensión del cambio cultural de Cambiemos.

Macri es la dictadura, no porque la reivindique, que lo hace, sino porque aplica las mismas políticas.

Y no es sólo la política económica de hambre y concentración en que repite hasta los mismos eslóganes propagandísticos como aquél de la dictadura que promocionaba la compra de productos importados. Es la dictadura, también, porque construyó un clima inédito de persecución política, privación de derechos cívicos, espionaje, sofisticadas torturas, complot, armado de causas judiciales fraudulentas, como nunca ocurrió con un gobierno que haya sido votado.

Un referente de los juicios, Carlos Rozanski fue obligado a renunciar carpetazos mediante, por la SIDE, Garavano y el Consejo de la Magistratura.

La prisión política de Milagro Sala es sólo una de las constataciones adicionales. Las requisas de madrugada a militantes de la Tupac Amaru es menos difundida. Allí patotas policiales y parapoliciales de Morales entran a hogares de los militantes y le secuestran elementos como electrodomésticos diciéndoles “me llevo esto que ustedes se robaron”. Ya la ONU, la OEA y organismos de Derechos Humanos de todo el mundo han corroborado que en Jujuy no funciona el estado de derecho.

Vale mencionar un botón que muestra hasta dónde llega el complot. Los primeros tiempos de la detención de Milagro Sala, estando detenida e incomunicada el televisor del lugar estaba fijo en TN. Esto ya es tortura, pero Magnetto incursionó en métodos nuevos. Una noticia falsa: mataron a la hija de Milagro Sala en un ajuste de cuentas. Sin que nadie pudiera comunicarse con Milagro. Viendo esa noticia...

  1. Los únicos que queremos saber la verdad somos nosotros. Un juicio justo y transparente como tuvo hasta Videla.
Nadie (de nosotros) ha negado la necesidad de enjuiciar a Milani. Nosotros queremos saber la verdad. Y como en todos los casos queremos sancionar a los responsables como corresponde en un estado de derecho.

Nosotros queremos la verdad.

Ellos son la encarnación de la mentira. Con una desfachatez que nunca vimos. Un complot del que los medios tienen participación protagónica.

Macri retira las querellas del estado en todos los juicios de lesa humanidad. En el caso Milani pidió ser querellante. No quiere ser querellante en ningún juicio por delitos de lesa humanidad y dicen “es tema judicial” pero pide ser querellante contra Milani, porque es claro que no quieren la verdad quieren perseguir.

Destruyen todas las reparticiones destinadas a conocer la verdad de aquellos años y hoy ya nadie piensa que con Macri presidente se podrá juzgar a Blaquier, Magnetto y otros coautores civiles de la dictadura.

Las Madres, que son el pilar ético de la Nación, nunca lucharon por más (ni menos) que juicios justos contra los genocidas.

A Milani, detenido, le mandan matones a provocarlo a la cárcel.

Otra muestra del complot: aquí se puede ver cómo Magnetto lo presenta como una pelea por la mayonesa y los trolls del macrismo se burlan en sintonía.


Esto también se llama tortura y muestra quién es Macri.

En el macrismo no hay una verdad, no hay una sola cosa que digan que no sea un engaño. Sí tienen su causa, pero no la pueden hacer pública porque tiene un rostro putrefacto.

Los canallas que usan estas cosas del complot oligárquico para enarbolarlas desde otro lugar de enunciación no pueden. Es fruta venenosa. El troskista que se cree vivo por dar por cierta esta ignominia de la entente oligárquica, por lo menos, se equivoca.

Los únicos que en Argentina hemos dado muestras de constancia y coherencia en la búsqueda de memoria, verdad y justicia son los Organismos principales y quienes los hemos apoyado. Nosotros militamos por la verdad. Y lo hacemos también en el caso de Milani.

Imagen: diariofull.com.ar

viernes, 10 de febrero de 2017

Para pensar tomando limonada

Por: Carlos Almenara

Se difundió ampliamente la decisión de Donald Trump de suspender la implementación de los acuerdos para la exportación de limones argentinos a Estados Unidos.

La medida supone un golpe importante a una economía regional. Y es un mazazo aún mayor a uno de los fundamentos principales del gobierno de Macri: la creencia irrestricta en el “libre cambio”.

Parece que el proteccionismo viene para quedarse, así que no será ocioso pensar al respecto.

La fe en el libre comercio entre países no es una exclusividad del macrismo. Tiene una extensa tradición. En economía política, su hito fundador en tanto disciplina moderna, la publicación de “La riqueza de las naciones” de Adam Smith, es, en parte una reflexión sobre ese tema.

Publicada en 1776, el profesor escocés estaba lejos de ser un desinteresado observador de la realidad de su tiempo. Tomó decisivo partido por el incipiente sistema capitalista fabril británico y a él le ofrendó su teoría más brillante.

Para Smith, “la riqueza de las naciones” se construye a partir del trabajo en aquellos bienes en que el país tiene una ventaja absoluta en relación a otros.  Un país que requiere menos horas de trabajo que otro para, por ejemplo, hacer un pulóver, tiene una ventaja. En el pensamiento de Smith, es esperable que el país que tiene ventaja venda, exporte, su producto al que no la tiene.

David Ricardo complejiza el análisis aportando la idea de la ventaja comparativa. Aquí no es relevante sólo la ventaja absoluta sino el mejor uso posible de los recursos en el mismo país. Así, el país producirá aquello en que su diferencia de productividad con otros es mayor. Si produce pulóveres y trenes y en ambos requiere menos horas de trabajo, pero la diferencia produciendo trenes es proporcionalmente mayor, entonces producirá trenes, aun cuando importe pulóveres de países menos productivos.

Una explicación didáctica puede verse en:


Seguir el razonamiento de Ricardo llevaría a una especialización rayana en la monoproducción. Todos los recursos se volcarían a aquello que mejor se hace.

Smith y Ricardo fueron grandes intelectuales de la burguesía británica de su tiempo.

No les hicieron caso en la potencia que se emancipó de Gran Bretaña. La política comercial de Estados Unidos, independiente a partir del mismo año de la publicación de Smith, luego de vaivenes, se basó en las ideas de Alexander Hamilton, un firme proteccionista, defensor de todo lo que sea hecho en su país.

¿Hará falta revisar los resultados?

Parece que sí.

Estados Unidos no siguió la receta del libre cambio que la potencia industrial de su momento pregonaba globalmente. Al contrario, desarrolló una industria para competir y finalmente, vencer, a la británica. Y con ello se convirtió a sí mismo en la nueva potencia hegemónica.

En América del Sur, en las Provincias Unidas, en contraste, luego de emancipados y roto el monopolio virreinal, solía verse que los gauchos vestían ponchos hechos en Manchester. Más impactante aún es que la lana con que se hacían los ponchos fuese Argentina. La producción artesanal o incipientemente masiva en talleres del interior, en Córdoba o Tucumán, rápidamente quedaban fuera de competencia con la producción británica, más barata. Buena parte de la historia argentina puede leerse en esta clave, solapado y superpuesto con otros elementos bajo nombres de unitarios y federales, Buenos Aires y el interior, proyecto agroexportador y proyecto nacional popular.

La discusión sobre el libre cambio es, en definitiva, la discusión sobre qué se hace en el país.

La economía política de los clásicos fue el discurso para legitimar la preeminencia británica en su momento.

La potencia hegemónica siempre propone este tipo de relación en que parte con ventaja. Lo hará Estados Unidos a posteriori como bien conocemos. Es lo que pregonan pero no lo que hicieron.

La adopción desde un país subordinado de ese modelo supone aceptar para el devenir de los tiempos, y cada vez en peores condiciones, una división internacional del trabajo por la cual los bienes industriales y tecnológicos se importan y aquí producimos… soja.

La ventaja comparativa argentina es la soja.

Es una vuelta al modelo agroexportador.

Los resultados a lo largo de la historia fueron pésimos para el país pero muy buenos para las empresas de las que provienen muchos de los funcionarios actuales.

El esquema de apertura importadora, mercados autorregulados, tipo de cambio de mercado, es demoledor para la industria. Y también para las economías regionales.

La producción frutícola, olivícola, hortícola, la industria mendocina, tienen su suerte atada al consumo interno y al desarrollo de un modelo productivo diversificado. Lo peor que le puede pasar a nuestra economía regional es que se imponga el modelo del libre cambio sin restricciones, el modelo sojero autorregulado.

Si esto siempre fue así, persistir en el intento de abordar un barco ajeno cuyo capitán repele con malos modos a los abordantes es aún mucho más nocivo.

En su discurso de asunción, Trump pidió que compren estadounidense. A contramano de quienes ven incompatibilidad entre Macri y Trump, Macri pide lo mismo que Trump, que compren estadounidense. El problema es que Macri vendría a ser el presidente argentino ¿o es Trump?

miércoles, 4 de enero de 2017

Argentinos sin derechos

Por: Carlos Almenara
@carlosalmenarav


Es dramática la situación que atraviesa Argentina.
Resulta imposible hacer en estas líneas un racconto exhaustivo de las calamidades vividas durante el primer año de gobierno de Macri. A un modelo neoliberal ortodoxo clásico y rancio suma una escalada en la persecución a opositores en el marco del funcionamiento de grupos estatales, paraestatales y privados que actúan en consonancia con la conducción del Poder Ejecutivo.
En un país, en una Patria Grande, que conoce una extensa variedad de los modos de someter a los pueblos, el gobierno de Macri encarna “un viejo conocido” y al mismo tiempo una radical novedad.
Qué es lo verdaderamente nuevo en el régimen actual es lo que intentan esbozar estas líneas.
La cuestión es pertinente no sólo para los argentinos sino para todos los latinoamericanos que, en general, no padecemos o vivimos proyectos demasiado diferentes unos de otros. El primero en tener claro esto es Macri cuyo activismo contra los gobiernos populares del continente tiene pocos antecedentes pero era totalmente previsible si se conocían sus alineamientos previos con los internacionalistas Aznar, Vargas Llosa y Uribe.
En los albores de este gobierno, el historiador argentino Osvaldo Bayer sorprendió haciendo una analogía con el de la década de 1930. Ver aquí: http://www.diarioregistrado.com/politica/osvaldo-bayer---macri-no-es-la-vuelta-de-los-noventa--es-el-regreso-de-la-decada-del-treinta-_a56c32cbbf73352813b49d00a
El 6 de setiembre de 1930 el primer golpe de estado terminó con el gobierno de Hipólito Yrigoyen, caudillo popular que desde el gobierno propició la ampliación de los derechos políticos y la integración de inmigrantes y parte de las clases subalternas a la vida cívica.
El golpe del '30 congregó fuerzas oligárquicas que combinaban aquellas de inspiración nazi-fascista con otras de raigambre más liberal.
Fueron estas últimas las que se impusieron al poco andar en un pacto “de concordancia” con una parte del sistema político tradicional. El fraude electoral a lo largo de toda la década garantizó el triunfo de esa entente impidiendo el regreso de las fuerzas yrigoyenistas.
Sagaz, Bayer identifica en aquella época elementos que resurgen hoy. Un clima de persecución política arropada como “funcionamiento de las instituciones”, el fraude original que pretende repetirse estos días cambiando sistemas y jueces electorales, cierta composición de clase en los estratos gobernantes, entre muchos otros parecidos, avalan el diagnóstico de Osvaldo. Mi impresión es que, siendo feliz la analogía de Bayer, resulta incompleta. Hay cuestiones específicas que no se pueden pensar haciendo una correlación mecánica con aquella etapa histórica.
Más difundida es la comparación con la llamada “revolución libertadora” o “fusiladora” por las ejecuciones que sucedieron al derrocamiento del gobierno popular de Juan Domingo Perón.
Esta comparación también tiene muchos elementos de corroboración, sobre todo en lo discursivo. El odio antiperonista entonces, antikirchnerista y antiperonista hoy, construido desde las cúpulas, recorre caminos muy similares. Seguramente los medios de comunicación que lo inoculan tienen hoy mucho mayor poder.
El parecido a la época de 1955 tiene más que ver con lo simbólico que con los acontecimientos reales. En aquel entonces un actor clave de la política eran las fuerzas armadas, cosa que no sucede hoy en día. Ello no obsta para que, efectivamente, haya sucesos y afanes que se repitan, como el deseo de proscribir, en aquel entonces a Perón, hoy a Cristina Fernández de Kirchner, o la existencia de listas negras.
Las otras analogías más difundidas del macrismo son con la dictadura que gobernó la Argentina entre 1976 y 1983 y con la década neoliberal de los noventa incluyendo los presidentes Menem y De La Rúa.
Suele quedar de lado un período del que, a mi criterio, es también tributario el gobierno actual: la dictadura de Onganía. Caracterizada como un intento de gobierno autoritario y corporativo, también encuentra en el presente parangones relevantes. Dirigentes sindicales cooptados por el gobierno de Macri, cúpulas empresarias con participación activa en el gobierno del Estado, ataques a la Universidad y la educación en general, pueden señalarse como parte de los hechos de aquel período que se repiten.
La dictadura del ’76 al ’83 es el progenitor directo del régimen actual. Hay resistencia en muchos intelectuales, dirigentes sociales y referentes de opinión en hacer un paralelo entre la dictadura y el gobierno de Macri. Cualquier prurito al respecto se derrumba con un mínimo análisis sociológico. Toda la estructura de poder y gobierno actual hizo sus abriles en el período ‘76 a ‘83.
El grupo Clarín, factótum mediático y real de la alianza de poder gobernante, sentó esos años la base de su despegue: apropiarse de la única fábrica de papel para diarios de la Argentina en una mesa de torturas. Papel Prensa S.A. fue la base para quedarse con buena parte de todos los diarios del país y luego con la televisión y el cable.
Una parábola que describe por sí misma la hecatombe actual puede encontrarse en las investigaciones del diario alternativo Tiempo Argentino y el devenir de las causas judiciales vinculadas. En 2010 periodistas de ese diario encontraron pruebas de las reuniones de Héctor Magnetto (pope de Clarín) con Oscar Gallino (torturador, en la dictadura, de los propietarios de Papel Prensa). La causa por delitos de lesa humanidad tuvo fallo de primera instancia este diciembre sobreseyendo a Magnetto y otros imputados sin siquiera citarlos a declarar.
Ver: http://www.tiempoar.com.ar/articulo/view/59606/
No es un caso aislado, es un tipo emblemático de la estructura de gobierno y una síntesis que anticipa mis conclusiones. La misma familia del presidente Macri, multimillonaria, con decenas (¿centenas?) de empresas off shore para lavar dinero en guaridas fiscales, también comenzó su periplo de máxima acumulación en asocio con los militares responsables del genocidio. No hablamos en el caso de Franco Macri de un almacenero, sino de un contratista de obra pública, que hizo su fortuna sobornando aquellos genocidas.
Es decir, la matriz estructural con que Argentina emergió de la dictadura luego del 83, esa matriz que condicionó la democracia, que desde 2003 alcanzó picos de autonomía inéditos, que permitió los juicios a los genocidas e innumerable cantidad de novedades como conocer que Magnetto se reunía con torturadores para confeccionar los interrogatorios, tiene una reversión total.
Indudablemente la década de los noventa del siglo pasado tiene enormes parecidos con el gobierno macrista. Las políticas económicas son similares, más aún que las políticas en sí mismas, la ideología económica. La discriminación no es ociosa. Macri aún no aplicó todo el arsenal neoliberal del que está convencido cual fundamentalista. Como no come vidrio, no aplica un shock de ajuste sino que endeuda fenomenalmente el país y ajusta todo lo que puede pero si debe dar marcha atrás lo hace, pragmáticamente.
Por caso, la flexibilidad laboral, que manda al trasto de los recuerdos la tradición de vanguardia que Argentina tiene en materia de protección al trabajador, no ha sido aplicada todavía. Están insinuando permanentemente su impulso. No cabe duda que lo harán si tienen tiempo y pueden.
El macrismo es tributario de todos estos períodos históricos. De la década infame de los años ’30, del golpe a Perón, de Onganía, de la dictadura del ‘76 al ’83 y de los noventa del siglo pasado. A la vez es radicalmente novedoso.
Hay caracterizaciones más evidentes que definen lo que ocurre: neoliberalismo, autoritarismo, complot, alineamiento al imperio, medios de comunicación militantes y fabuladores, redistribución regresiva del ingreso, gobierno de la oligarquía, represión de la protesta, marketing, entre otros elementos.
Pero hay una clave que me parece decisiva: el engaño. No hay una palabra que diga el presidente que no sea un ardid, una trampa. A veces hasta dice verdades, cuando lo hace es al servicio de un engaño.
El caso de censura a TeleSUR fue paradigmático. Acallaron la voz del medio más importante del continente alegando “pluralismo y democracia”. El silenciamiento se produjo no sólo de parte del Estado sino también y al mismo tiempo de los proveedores de televisión por cable. Lo que mencionaba al comienzo, el funcionamiento articulado del Poder Ejecutivo del gobierno con privados o para estatales.
El engaño de Macri no es el engaño sólo de Macri. No sería posible si así fuera. Es la construcción de una cápsula semiótica de realidad, sólo posible a partir de inéditos niveles de concentración mediática, complot, fabulación y alienación de las audiencias.
Probablemente el caso que sintetiza la novedad sea la prisión política de Milagro Sala.
Los más prestigiosos organismos de Derechos Humanos, el grupo especial de la ONU para detención arbitraria, entre muchos otros, han reclamado la inmediata liberación de la dirigente social y política Milagro Sala, presa en una cárcel de la provincia de Jujuy. Ver aquí: https://www.pagina12.com.ar/diario/ultimas/20-312918-2016-10-28.html
Obviamente, no está aquí la novedad. Argentina cuenta con miles de detenidos políticos, con un amplio historial de persecución a dirigentes sociales y políticos, conoce bien el macartismo, conoce bien el neoliberalismo, conoce bien a la oligarquía. Todo esto se repite, lamentablemente.
¿En qué hay novedad?
Hay novedad en que Macri llegó por elecciones y claramente vinculado con eso en dos elementos que mencionaré:
- “A la mayoría de los argentinos nos ha parecido que había una cantidad de delitos cometidos por Milagro Sala” dijo Macri para justificar la prisión de la dirigente social. Y agregó en una nueva versión de la respuesta que daba la dictadura a los reclamos internacionales, “es importante que este entendimiento y esa información sea compartida con el mundo”. Link: http://www.politicargentina.com/notas/201612/18127-macri-sobre-milagro-sala-a-la-mayoria-de-los-argentinos-nos-ha-parecido-que-habia-una-cantidad-de-delitos-esto-tiene-que-ser-compartido-con-el-mundo.html
- Un ignoto diputado del oficialismo, Marcelo Nasif, propuso, en la misma línea de Macri, un referéndum para decidir por medio de la votación popular si Milagro Sala debe continuar o no bajo prisión preventiva. Ver acá: https://www.pagina12.com.ar/8557-diputados-del-oficialismo-jujeno-proponen-someter-a-referend
- Todo lo anterior es sostenido por dirigentes políticos que muy sueltos de cuerpo dicen “defender la república” y se declaran ofendidos ante quien les insinúe que interfieren con la justicia. La mayoría de los periodistas siguen la comparsa.
- Simultáneamente a la persecución política y judicial, la organización social presidida por Milagro Sala y ella misma sufren una campaña de desprestigio, calumnias y estigmatización en el multimedios que controla más del 60% de las audiencias de TV, radio, gráfica. Sí, el multimedios de Héctor Magnetto, Clarín, el que constituyó su base como vimos arriba. Se recomienda no creer lo que le muestran aquí: http://www.eltrecetv.com.ar/periodismo-para-todos/tupac-amaru-plus-un-programa-de-fidelidad-militante-asi-funciona-este_090779
Es esta confabulación lo que constituye la novedad. Aquella vieja derecha represiva, oligárquica, plutócrata y ladrona sigue igualita a como fue siempre. Pero a la vez opera de modo radicalmente distinto. Con ingeniería de marketing, con todo el poder de fuego mediático, ahora apuestan a turbas alienadas como fundamento último de su legitimidad de calle.
Hay mucho para pensar sobre las novedades de este tipo de régimen. Estas líneas son incompletas, debe agregarse un gran número de elementos. Uno que resulta imprescindible mencionar es la obscena persecución política utilizando recursos judiciales, de inteligencia interna y mediáticos contra Cristina Fernández de Kirchner, principal dirigente opositora.
Cómo construir una respuesta popular a regímenes de este tipo es la gran pregunta política en buena parte del continente. Lo que describimos para Argentina no es demasiado distinto de Brasil, de Paraguay, de México, entre varios.
Está casi todo por decirse al respecto pero de algo estoy seguro: no hay disputa posible contra este tipo de regímenes sin lucha a nivel de lo simbólico, sin disputa a nivel del discurso, sin impugnar abiertamente, discutiéndole la calle, con medios alternativos, con sus medios, con redes sociales, con pintadas, con los vecinos en los negocios, sabiendo que la cancha está inclinada, pero impugnando el sentido común de la injusticia, del macartismo, de la concentración que construye esta derecha imperial y salvaje.
No esperen los pueblos en que esta derecha acecha respeto a reglas de ningún tipo.

domingo, 13 de noviembre de 2016

Para Leer Al Pato Donald Trump

Por Carlos Almenara
@carlosalmenarav



A comienzos de la década de los '70, en el Chile de Allende, Mattelart y Dorfman publicaron “Para leer al Pato Donald”. La invitación, la tesis central del libro, fue totalmente pertinente entonces y lo es en cualquier época. Los cambios sociales profundos precisan, para serlo, decodificar los mensajes en los consumos culturales masivos. Los valores, la lógica imperial de dominación viene encriptada en ellos.
No se puede leer el fenómeno que llevó a Donald Trump a la Casa Blanca sin una interpretación de procesos sociales, culturales y económicos de Estados Unidos (y del mundo todo) actual.
Se ha interpretado de muy distintas maneras este proceso político, se ha caracterizado profusamente a Trump, pero, faltan lecturas culturales, epocales y por qué no, cuestionamientos a las categorías mismas que utilizamos. Así como en los '70 era necesario ver con otros ojos el Pato Donald, hoy deberíamos hacernos algunos replanteos semejantes.
Lo primero a decir es que el autor de estas líneas deplora el racismo, la xenofobia y su utopía (o su punto de partida según lo plantea Rancière) es la igualdad del género humano. Y Trump tuvo, sin lugar a dudas, comportamientos racistas y xenófobos, entre otras discriminaciones execrables.
Dicho esto, pido, requiero, profundizar el análisis.
De algún modo, Trump es el corolario necesario del gobierno hipócrita de Obama. Si un gobierno que concentra la riqueza, que expande la guerra, que se asocia a organizaciones terroristas, que espía más de lo que nadie nunca espió sobre la Tierra, que financiariza la economía, deja miles sin vivienda, que hace del Mediterráneo la fosa común más grande del mundo fruto de sus guerras, si ese gobierno pretende presentarse como un virtuoso catálogo de humanismo y civilidad … si eso pretende, bueno, Trump. Hay una razón para ello: para implementar políticas salvajes más vale tener valores vinculados al desprecio y el atropello. No puede Obama (menos Clinton) presentarse como un gran humanista y aplicar políticas salvajes que pierden su disfraz a los cien metros sin que ello suponga una pérdida de credibilidad.
Pero hay algo aún más decisivo: la construcción de legitimidad. Años llevamos viendo cómo se concentran los medios, cómo se homogeneizan discursos uniformemente discriminadores y violentos. Obama, amagó enfrentarse con la Fox. Obama puede ser el Burrito Ortega de la política estadounidense, el rey del amague. Amagó salir de Afganistán, amagó cerrar Guantánamo, amagó una reforma migratoria, amagó y amagó y siempre hizo otra cosa.
No es anecdótico, no se puede confrontar el discurso xenófobo de un candidato en los medios que bajan un discurso xenófobo día tras día, sin confrontar también esos medios. No se puede confrontar un discurso xenófobo si se es responsable de la muerte diaria de miles de inmigrantes, producto de guerras intencionalmente impulsadas y con pleno conocimiento que ésas serían las consecuencias.
Lo individual tiene su peso pero no es la única manera manera de analizar un proceso. El mundo requiere que hagamos de este cuestionamiento epistémico un bandera para no caer en el anecdotario con que nos entretiene la televisión. Hay grupos, élites, corporaciones, intereses, naciones, clases sociales.
Por ejemplo, lo que en la teoría política suele verse como “paradigma dirigencial”, las élites, grupos, corporaciones en disputa, aportan un material importante al análisis del fenómeno Trump. El modelo de globalización financiarizada, con preeminencia de guaridas fiscales, los tratados de libre comercio, el gobierno mundial de las empresas, sufrió una derrota. No es “un pasado injusto pero conocido”, no, lo que estamos viendo los últimos años es una aceleración que lleva a un mundo de (otrora) ciencia ficción con manipulación global de la información, destrucción de los Estados y saqueo imperial de los recursos naturales. El modelo es Libia, donde hasta simularon en un set de TV el triunfo rebelde. Libia, la guerra personal de Hillary Clinton.
Por supuesto, otro imprescindible a recuperar epistemológicamente es el punto desde donde mira el analista. Tienen buenas razones para preocuparse los estadounidenses. Pueden aprovechar para hacerse algunas preguntas. Sugiero una ¿si llevan años filmando “Rambos” en el cine por qué asombrarse que los presidentes le salgan con forma de Rambos?
Pero el punto de mira de los ciudadanos estadounidenses es distinto del de un sudamericano. Que además no pretende emigrar a Estados Unidos. Para los de acá, para los que queremos hacer de Suramérica nuestro lugar y hacerlo mejor y más autónomo día a día, es difícil lamentarse, en función de nuestro interés, del resultado electoral. No sabemos qué será Trump. Hillary hubiera sido un desastre difícil de superar.
Para las élites locales que necesitan la ayuda imperial para gobernar los países del Sur, es un grave problema. Tenían todo jugado a gallareta Hillary. Y salió Pato Donald Trump.

domingo, 21 de agosto de 2016

Sí a la grieta y respuesta


El martes 16 de agosto Infobae publica una nota titulada “Sí a la grieta” firmada por Dardo Gasparre (Link).
No la voy a discutir punto por punto porque sería imposible tan siquiera encontrar una secuencia lógica. Sí pretendo rechazar, desnaturalizar, el carácter infamante y antijurídico de la misma.
No hay una sola verdad en el largo y enrevesado texto. Sí está repleto de odio y descalificación.
Efectivamente, como sostiene Gasparre, hay una grieta irreconciliable. La hay entre quienes, como él, defienden el genocidio y quienes creemos en la democracia.
Cada uno de los argumentos falaces, mezclados, contradictorios en sus términos, puede ser refutado pero hay una cosa previa a cualquier discusión. Gasparre no quiere discutir, quiere exterminar el kirchnerismo y quiere que se lo aplauda por ello como si fuera un vecino con buenas intenciones.
El desprecio insalvable de una buena parte de la población hacia los jefes de la banda kirchnerista dice el escriba (debería) acentuar (la grieta) con rejas de por medio.
Otras veces en la historia argentina se aplicaron recetas alla Gasparre. Con el golpe del '55, con el del '66, con la Triple A, con el golpe del '76. El pacto democrático desde el '83 se basó en la inaceptabilidad del terrorismo de estado.
Vemos que hay quienes quieren volver a las catacumbas.
El alienado autor continúa:
¿Qué grieta quiere cerrar Macri? No hay cicatriz posible entre Julio de Vido y Juan José Aranguren, y los actos y las conductas que representan. Tampoco es posible encontrar puntos de acercamiento entre cualquier persona decente y Hebe de Bonafini, no sólo por su accionar delictivo y depredador, sino por su actitud sociópata, irreconciliable con el modo de ser de alguien normal. Nadie quiere soldar el tajo con Estela de Carlotto, ni con Susana Trimarco, ni con Milagro Sala, cada una en su especialidad. Más bien esa brecha debería profundizarse y convertirse en un foso con cocodrilos.
No voy a discutir que Macri lejos está de pretender cerrar grieta alguna, que efectivamente es inconciliable De Vido con un ministro que compra combustible a su propia compañía, pero sí voy a reclamar respeto a luchadoras insignes que no merecen descalificación e insulto. Sólo un cobarde que no puede sostener su posición sin ayuda actúa de ese modo. Por cierto, Milagro Sala lleva más de siete meses presa sin causa, o con causas que cambian o con cualquier excusa porque es una presa política.
Gasparre y quienes hoy gobiernan no sufrieron persecución de jueces que les armaran causas ni restricciones a sus libertades por motivos políticos durante los gobiernos kirchneristas, pero él como vocero de un proyecto oligárquico, pretende subsanar lo miserable de su propuesta política encarcelando a quienes pudieran contradecirla. Lamento informarle, Gasparre, que esa idea ya la tuvieron otros. Cuando Argentina tuvo instituciones fuertes quienes la impulsaron fueron juzgados y algunos terminaron presos.
No hay una grieta. Hay una secesión virtual. Que no se efectivice es una cuestión técnica termina su nota en una definición que pudiera ser una incitación... ¿a qué?
Gasparre no sólo no tiene razón, no sólo es un violento que bordea o más la incitación al delito sino que su discurso es radicalmente ilegítimo y nocivo para una sociedad mínimamente civilizada.
Con escasas esperanzas que esta respuesta sea publicada en el medio original la escribo en la convicción de la función social de la comunicación y la necesidad de negar, palmo a palmo, legitimidad a discursos delirantes y genocidas. Gasparre y los que piensan como él no tienen derecho al agravio ni a arrogarse representación de nada.
Toda esa actuación de ciudadano indignado diciendo groserías no tiene otro objeto que encontrar algún modo de “justificar” la más regresiva distribución de la renta de los últimos 40 años. No hay reja, juez, policía ni monopolio que impidan la propagación de esa verdad.

Carlos Almenara

domingo, 20 de marzo de 2016

Erdogan, matón de barrio

por: Carlos Almenara
20 de marzo de 2016

Turquía tiene elecciones. Nadie pontificaría sobre el irrestricto respeto a lo que dicen las urnas pero, en lo formal, tiene un presidente, un primer ministro un parlamento, jueces...
Nada de ese sistema institucional “a la occidental” impide la masacre que sufre el pueblo kurdo.
El asedio a la minoría kurda incluye terrorismo de estado, crímenes de lesa humanidad y paramilitarismo.
Hace unos pocos días Erdogan, el presidente turco, ante un auditorio repleto, explicaba cómo tan terrorista es quien pone una bomba como quien difunde ideas en un texto o dicta clases en una universidad. Esas monsergas fueron frecuentes en la Argentina del terrorismo estatal.
Link.
El palmarés de responsabilidades criminales de Erdogan no podría ser más impresionante.
Su financiamiento, si no paternidad, sobre el Estado Islámico es inocultable. Todos los días cruzan la frontera con Siria militantes yihadistas que utilizan suelo turco para reorganizarse, recibir armas y provisiones para volver al ataque.
Está probada la entrega de combustible del Estado Islámico a Turquía desde pozos provenientes del norte de Irak y Siria a través de caravanas de camiones.
El Estado Islámico es ese mismo que degüella periodistas en cámara, quema vivos “espías”, se infiltra en las escuelas de los suburbios parisinos, todo convenientemente filmado para que produzca terror a escala global. Hasta el negro de sus banderas es temible. Y ahora resulta que, exagerando pero en el sentido de la realidad, el ajenísimo a nuestros modos de vida Estado Islámico era el muy trajeado, formal y occidentalísimo Erdogan.
Es altamente probable que el E.I. haya utilizado armas químicas y hay acusaciones de que Turquía no sería ajena a su provisión. Recordemos que en su momento Siria estuvo acusada de ello y sin embargo desmanteló de modo indubitable su arsenal.
El manejo utilitarista de la crisis de los migrantes coronó con el acuerdo firmado con Merkel por el que recibirán 3.000 millones de Euros en lo inmediato.
El terrorismo de estado con que ataca al pueblo kurdo tuvo estos días terribles revelaciones con la masacre de Cizre.
Informe sobre Cizre. Link.
La pesada cortina de censura con que el gobierno turco bloquea las informaciones impide que estas matanzas se conozcan más.
Turquía no es un país perdido en algún confín y aislado. Es una potencia regional y parte de la OTAN. Presiona por ser miembro pleno de la Unión Europea. Firma acuerdos super especiales con Merkel y hace deberes a Obama (como derribar un avión ruso. Macri está debutando con barcos chinos en el mismo sentido).
El terror que usa Erdogan es responsabilidad también de la OTAN, de Alemania, de Estados Unidos y otras potencias occidentales, potencias líderes en un sistema internacional que no resiste más tanto cinismo.
Un mínimo granito de arena para frenar las matanzas al sufrido pueblo kurdo: Tipea #JusticeForKurds en alguna de las redes sociales.