Por Carlos Almenara
Prestigiado
como periodista, Manuel Corominola ostenta también mérito y
reconocimiento como literato. Sus novelas sorprenden al lector con
información histórica veraz desconocida o escasamente conocida y
con una trama dinámica que sostiene la tensión. Hablamos, claro,
del género novela histórica, que Corominola inició hace unos años
con “El misterio de las manos”. El misterio… aborda el enigma
de la mutilación de las manos del cadáver de Perón en el marco de
un laberinto de logias masónicas. La recursividad de misterios y
secretos condimentan el descubrimiento de una semiología y símbolos
de pertenencia que pueden encontrarse en la arquitectura que cruzas
en una esquina de tu ciudad.
Ahora
presenta “El extraño caso de la señorita del Pasaje
Sotomayor. Y el primer genocidio argentino”. Aquí, al
igual que en su anterior novela, descubrimos elementos desconocidos
de la geografía urbana mendocina, que son de interés para cualquier
lector. Una de las continuidades de ambas novelas es la fluidez con
que el autor pasa de escenarios globales o nacionales a locales, de
su Mendoza, sin perder generalidad ni interés. Corominola encuentra
la articulación para abordar hechos históricos relevantes para
lectores de prácticamente cualquier lugar con descripciones de su
terruño pero que, de ningún modo, aparecen como provincialismo o
“folclorismo” sino como elementos pertinentes a la trama.
En
diálogo con el programa radial Temprano para Imposibles, contó de
qué se trata la nueva novela.
Temprano
para Imposibles: Bienvenido Manuel Corominola. Manuel es un destacado
periodista. Debió exiliarse por su profesión durante la dictadura.
Más recientemente se ha destacado como literato.
Manuel
Corominola: Es un gusto estar acá. Veo un micrófono de radio y
me dan ganas de decir: -“A micrófono abierto” (nombre del
programa radial que condujo en LV 10).
TpI:
Manuel tiene una importante producción como escritor. Conocemos la
novela “El misterio de las manos”, una obra fantástica. Está
presentando “El extraño caso de la señorita del pasaje Sotomayor.
Y el primer genocidio argentino”. Gran libro, Manuel. ¿Es un libro
de historia, también?
M.C.:
En realidad es una novela histórica. Lo que me llevó a escribirla
es la mentira. La cantidad de mentiras y ocultamientos que tiene
nuestra historia, concretamente la historia de Mendoza. Las cosas que
se nos han ocultado, que se han tergiversado. Un pésimo revisionismo
histórico, fue parcial e intencionado pero no se revisó, en
realidad, la historia oficial, que es la historia publicada.
TpI: Entre las cosas impactantes que contás en la novela está el
dramático terremoto de 1861.
M.C.:
Del terremoto del ‘61 no se conoce nada. Lo único que queda es
el testimonio de las Ruinas de la Iglesia de San Francisco, pero nada
más. Cómo fue, qué significó. Fueron 29 días de movimientos
permanentes. 29 días temblando. Con movimientos sísmicos superiores
al inicial. Fue verdaderamente espantoso. Cambió la historia de
Mendoza. No sólo la ubicación geográfica sino también muchas
otras cosas.
TpI:
Seguimos con las preguntas porque tenemos muchas para hacer. Tengo
una idea de qué calle actual podría ser el Pasaje Sotomayor…
M.C.:
El Pasaje Sotomayor era, como el Pasaje Bulnes, un lugar
exclusivo, para los vecinos acomodados. Le decían pasaje porque no
podían pasar los carros. Allí vivían las familias más encumbradas
de la sociedad mendocina. Estaba, más o menos, por lo que he podido
averiguar entre lo que es hoy Peatonal y Rivadavia.
TpI:
La novela reúne todo este racconto histórico con una historia de
amor. Y decís desde el mismo título del libro “y el primer
genocidio argentino”. ¿Por qué?
M.C.:
200.000 personas. No sé si alcanzamos a dimensionar esa cifra.
200.000 personas pertenecientes a distintas etnias fueron asesinadas
en la Argentina como parte de un plan sistemático para eliminar a
quienes ocupaban las tierras que querían para ellos. Los pueblos
originarios. Eso se ha ocultado. No nos entra en la cabeza que se
pueda haber asesinado a 200.000 personas para quedarse con sus
bienes. Eso es lo que denuncio en esta novela histórica.
Por
ejemplo, la historia cuenta, hay documentación, que alrededor de
10.000 indígenas fueron trasladados a Buenos Aires. No se dice que
fueron trasladados a pié, que los llevaron caminando, no se dice que
de los 10.000 sólo llegaron 600, y no cuentan que, como no tenían
logística para trasladar tal cantidad de personas, les obligaron a
practicar el canibalismo. Eso hicimos los argentinos. Y está oculto.
El
primer genocidio argentino es uno de los genocidios más grandes
conocidos en el mundo.
Abundan
las mentiras. Por ejemplo, las dos campañas al desierto del General
Roca, ¿si era un desierto, por qué una campaña militar? Ocurre que
no era un desierto, estaba habitado desde hace 10.000 años. El modo
para apoderarse de esas tierras, que son, precisamente, la Pampa
Húmeda, fue un plan elaborado por el liberalismo imperante en ese
momento. En 24 años, 4 presidentes, se hicieron cómplices de ese
plan macabro. Eso no se enseña.
Otra
cosa que no se enseña es que Mendoza tuvo un gobernador que se llamó
General José Félix Aldao. No hay una plaza, no hay una calle, no
hay una referencia. Lo borraron de la historia. Resulta que Aldao fue
un sacerdote dominico que decidió unirse a las huestes de San
Martín. Para eso pidió permiso para dejar de usar el hábito pero
nunca renunció al sacerdocio. Acompañó a San Martín, pasó de
asistente hasta general. Volvió a Mendoza y fue gobernador. No era
liberal, era un gran crítico del liberalismo internacional. Como
crítico del liberalismo, siendo gobernador, dispuso que los
liberales eran locos, locos por las cosas inconcebibles que promovían
en ese momento. Como todos los locos, podían salir únicamente
acompañados de otra persona, cuerda. Ese hecho le costó el
anonimato, no digo de por vida, de por muerte, incluso hasta el día
de hoy. Recién hace dos años, en el Salón de los Pasos Perdidos de
la Legislatura se incorporó el cuadro de él, que ni siquiera
estaba.
Otra
cosa que tampoco se cuenta. Se dice que los indios eran terribles
asesinos y que raptaban a las mujeres y se las llevaban cautivas, las
violaban y martirizaban. Esa es la versión que nos llega. Ocurre que
los pueblos originarios de esta zona, tal vez por su alimentación,
la mayoría de sus mujeres cuando tenían el bebé no tenían leche.
Gran cantidad de niños, muchísimos niños, morían entre el primero
y el quinto día de nacidos porque no podían comer, porque sus mamás
no tenían leche. Entonces, ¿cuál fue la solución, brutal, que
encontraron para evitar la desaparición? Fue robarse una blanca,
generalmente la embarazaban dejándola atada para que la embarazara
el que quisiera, generalmente adolescentes. Una vez que quedaba
embarazada era tratada como una reina. Tenía su bebé, amamantaba su
bebé e inmediatamente le pasaban otro y otro y otro. Así durante
cuatro años amamantaba. O sea, una cautiva amamantaba, en cuatro
años alrededor de treinta bebés. Es decir, les salvaba la vida. Eso
no se cuenta ni se dice.
Como
no se cuenta ni se dice que Sarmiento, presidente argentino, firmó
un decreto ofreciendo mil patacones fuertes por la cabeza de José
Hernández. Eso no te lo cuenta nadie. Que Sarmiento ofreció
recompensa para que mataran a uno de los máximos exponentes de la
literatura argentina.
TpI:
Volviendo al traslado que contás de 10.000 indígenas desde Neuquén
a Capital Federal, encadenados, pero que llegaron 600 a Buenos Aires.
¿Qué pasó con los que llegaron?
M.C.:
La mayoría de los hombres fueron mandados a la Isla Martín
García, donde el promedio de vida no pasaba el año y medio, máximo
dos años. A picar piedras. Todas las piedras, de los empedrados de
calles, de la ciudad de Rosario fueron llevadas de la isla Martín
García. Y las mujeres eran, ni siquiera vendidas, regaladas, a las
familias que las quisieran para trabajos múltiples.
TpI:
Aquellos liberales, eran liberales esclavistas…
M.C.:
Por supuesto, como en Estados Unidos. Sí, eran esclavistas.
Fijate, el primer genocidio argentino comienza con Bartolomé Mitre,
que gobernó desde 1862 hasta 1868, luego le siguió el masón
Domingo Faustino Sarmiento de 1868 a 1874, después Nicolás
Avellaneda de 1874 a 1880 y Julio Argentino Roca de 1880 a 1886. En
esos 24 años se asesinaron en Argentina más de 200.000 personas
pertenecientes a distintas comunidades y pueblos indígenas.
Mapuches, pampas, tehuelches, ranqueles y otras veinte etnias.
Esta
matanza contradice totalmente, por ejemplo, el hecho de que el acta
de declaración de la independencia fue redactada en castellano,
aymará y quechua, precisamente en reconocimiento de los pueblos
originarios. La filosofía liberal borró la voluntad de los primeros
próceres de la independencia.
TpI:
En la novela describís que detrás del genocidio hubo un negocio, el
negocio de la tierra. ¿Cómo fue?
M.C.:
En la novela hasta doy los nombres. Los nombres y los centenares
de hectáreas que recibieron. Eso fue un mega operativo
inmobiliario, donde incluso se ofrecían las tierras argentinas en
los mercados de París. En general las principales familias
“patricias” se quedaron con esas tierras. Asesinaron, eliminaron,
directamente a quienes las habitaban. Que no eran propietarios,
porque esto no ha sido aclarado. En realidad, hubo un problema
cultural. Los indígenas, no sólo aquí, sino en todo Latinoamérica,
pensaban que la tierra no podía tener dueños. No
tiene dueño el aire, no tiene dueño el sol ni el viento, la tierra
tampoco puede tener dueño. Cuando les decían “yo soy dueño de
esta parcela” se mataban de risa, decían “no puede ser”. Es
como se me dijeras “yo soy dueño de este bloque de aire”. No, la
tierra es de todos y todos tenían la obligación de protegerla.
Quiero
aclarar una cosa, sur de Buenos Aires, sur de Córdoba, sur de Santa
Fe, sur de San Luis, sur de Mendoza, hacia el sur, jamás fue
conquistado por nadie. Es decir, los españoles nunca conquistaron
esas tierras. Nunca fueron españolas. No pasaron a la futura
Argentina con la independencia porque eran de quienes la habitaban.
Muchos pueblos eran itinerantes, nómades.
TpI:
Manuel, contaste el negociado con las tierras en relación a los
pueblos originarios pero en la novela también hacés mención a los
gauchos. En muchos casos aquerenciados en un territorio, de bastante
tiempo, en términos de los instrumentos jurídicos actuales, habrían
adquirido la usucapión, a quienes el ejército también destrozaba.
Mandaba a los hombres “a la frontera”, a la mujer a la ciudad a
emplearse en alguna familia y se quedaban con la tierra.
M.C.:
En general no había demasiada diferencia entre gauchos y pueblos
originarios. Sarmiento odiaba a los gauchos, del mismo modo que
odiaba a los pueblos originarios. Curiosamente los liberales
eliminaron al gauchaje y después, con mucho cinismo político y
moral, reivindican tradiciones gauchescas, se disfrazan de gauchos.
José Hernández hizo la denuncia pública de lo que se estaba
haciendo con los gauchos en el Martín Fierro, por eso se la tenían
jurada.
TpI:
Hemos abordado solo un puñado de las cosas con que se encontrará el
lector en tu novela. Estoy pensando en varios amigos que no pueden
dejar de leerla. Por ejemplo hablás del gobernador Rufino Ortega.
M.C.:
Rufino Ortega fue un esclavista. Hizo su fortuna vendiendo
indígenas. Vendió para la zafra y otras tareas gran cantidad de
huarpes. Con el agravante que lo hacían separando la familia. Los
hombres por un lado, las mujeres por otro y los niños por otro.
Sobre todo para que no se reprodujeran. Hay un fenómeno muy evidente
que manifiesta el genocidio. Si vamos a Bolivia y más al norte se ve
una presencia masiva de pueblos originarios. ¿Por qué nosotros
parecemos europeos? Por aquel genocidio, porque los eliminamos.
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Entrevista
completa:
https://archive.org/details/entrevista-a-manuel-corominola-080722